La democracia hoy en día está de moda y todo aquel que la critique parece políticamente incorrecto, no hay que sorprendernos de este hecho pues un ciudadano del siglo XVI se escandalizaría de qué existieran las democracias en nuestros días ya que la forma de gobierno más común entonces, por no decir la única, era el reinado. La democracia es un buen invento griego que hemos desenterrado recientemente.
Aristóteles en su política habla de las tres formas de gobierno: la regia, la aristocracia y la democracia y nos advierte de los peligros de las tres a saber: el absolutismo, la oligarquía y la demagogia respectivamente. Nos dirá que de las formas de corromperse de las tres la menos mala es la de la democracia que se corrompe en demagogia. No puede uno estar más de acuerdo, el problema se da hoy cuando las democracias muestran síntomas de descomposición como los que en las sociedades actuales empezamos a padecer. Lo que nos preocupa es que la demagogia adquiere muchas formas y quiero aquí enfocarme en una de ellas y es que la democracia tiene límites, esto es, no puede juzgar y debatir de todo, efectivamente cuando una democracia quiere sujetar todo de a su imperio estamos ante una demagogia sutil y perversa que se vuelve en contra de sus gobernados sin que éstos puedan ver lo que les está sucediendo y quizás es este su más grave mal pues cuándo somos conscientes de un mal lo evitamos; en cambio cuando es sutil simplemente nos lastima y no sabemos dónde ni cómo nos hace daño.
Ya hace algunas décadas en mi país se empezó a debatir sobre temas que están dados en la naturaleza misma del hombre; se debatió sobre el derecho a la salud, pareciera una anatema lo que estoy diciendo ahora, pero no lo es, déjame explicarme: no necesitas que nadie te diga que tiene derecho a la vida o a la salud, lo tienes por naturaleza, por ser hombre. Distinto es decir que hay que procurar recursos para que todos los hombres tengan acceso a la salud, uso la palabra recursos por ser más amplia que presupuesto o dinero, la palabra recursos es amplia y permite pensar que la otorguen privados, el estado o una mezcla, volviéndose el tema el derecho a la salud no me lo tiene que otorgar ninguna ley, lo tengo por naturaleza lo que sí necesito, es el recurso para curarme o prevenir, sí la sanidad me la otorga el estado directamente atreves de instituciones públicas o se atiende una persona con un particular y la paga el estado, es un tema que vale la pena que se discuta de forma democrática.
La democracia no puede discutir si está bien o no la ley de la gravedad o sobre la física cuántica, eso le toca los científicos, en esto todavía no se legisla en mi país, pero se legisla sobre aspectos más finos como el expuesto de la salud, asuntos en donde puede fácilmente un sofista político actual pararse en una palestra y con una buena retórica convencer a los legisladores a votar el derecho a la salud, que debería ser: el estado reconoce el derecho natural de los hombres a la salud, lo cual visto desde este punto de vista pudiera resultar un poco ridículo la discusión de el derecho a la salud, que una ley inferior que es la humana valide la ley natural que es la superior, pero bueno con ánimo de conceder dejemos el reconocimiento para que algunos políticos ignorantes no tengan duda de que el hombre nace con el derecho a la vida y por ende a la salud. No hay que alarmarse de qué pase esto, no es privativo de nuestros días hasta hace poco la esclavitud era reconocida por las leyes del hombre como válida, cuando la libertad es un derecho natural del ser humano, aberración que vivió la humanidad legalmente por muchos siglos y que la ley natural repudia, pero las humanas aceptaron y validaron en virtud de una inmoral conveniencia.
Con esto queda asentado que hay muchas cosas que no están sujetas a debate público, el problema es saber cuáles son unas y otras. Es fácil decir que la ley de la gravedad no lo está pues si un parlamento la vetara esta seguiría tan tranquila sujetando las cosas materiales a la tierra, el problema se complica cuando nos acercamos a las cosas intangibles o que nos llegamos a ver. Hay muchos fenómenos biológicos que los hombres de a pie desconocemos y que un biólogo especializado nos podría aclarar, pero a veces a nosotros los pedestres nos da por hacernos sabedores de ellos sin serlos. Para saber dónde inicia la vida tendríamos que recurrir a un biólogo especializado, quizás en citología que nos diga: cuándo empieza la vida. Cuando queremos saber de cosas inmateriales debemos recurrir a un filósofo el cual estudia la metafísica, el alma, la dignidad del ser humano y cosas que escapan a las sensaciones. Para hablar del inicio de la vida humana deberemos recurrir probablemente un biólogo, a un filósofo y quizás alguien más. Son temas complejos sujetos a análisis y no a debate.
El tema nunca ha sido fácil para la humanidad como dijimos antes, durante siglos muchas veces se vio al género humano clasificando a los hombres entre libres y esclavos, y los mismos filósofos que hablaron de la inmortalidad del alma aceptaron la esclavitud. El que me caiga mal mi vecino, no lo hace humanamente inferior, de hecho así sucedió muchas veces en la humanidad, los pueblos consideraron inferiores a los pueblos vecinos, el caso mas típico es el de los romanos que consideraron barbaros a sus vecinos y de dignidad inferior y por ende sujetos a esclavitud.
El problema de las democracias actuales es que quieren debatir de todo aún sin estar enteradas de lo que discurren y lo que es peor no quieren saber quizás porque si se enteran se darán cuenta de la inconveniencia de debatir temas que no les competen. Ésa es una democracia soberbia que ve por arriba del hombro a todos los demás saberes y va por la calle despreciando a su hermana ciencia, a la prima física, a la tía metafísica, a la vecina biología y en fin a todos los saberes humanos, tanto así que les da un manotazo en la mesa y le dice que es la vida, el alma, la gravedad, la tolerancia, la paz, la virtud, etc. a despecho de la especialidad y contenido de sus parientes, qué difícil para todas convivir con una parienta así. A veces al que se le opone lo humilla si no es que lo desaparece, que pésima convivencia donde nadie sabe dónde inicia y termina su campo de acción. En esta anárquica convivencia la democracia habla de temas que están fuera de sus límites y acaba siendo invasiva y chocante. La soberbia se vuelve sorda y el primer síntoma del soberbio es la sordera, no escucha otros por que cree tener la razón siempre. Una vez en mi país, o más bien varias, hemos tenido presidentes soberbios y se escucha por ahí el chiste que se les hacen los bares y grupos de amigos: le pregunta un presidente a su secretario ¿qué hora es? y el secretario le responde: la que usted quiera señor presidente. Esto le sucede a la democracia actual en no pocos pueblos.
LA NUEVA TIRANA
Aristóteles cuando define las formas de gobierno en La política menciona tres y sus deformaciones, cuando habla de la decadencia de la democracia se refiere a la demagogia. Cuando una demagogia se vuelve soberbia se hace una especie de tiranía tan o más perversa que cualquier otra, el problema es que las oligarquías burocráticas se perpetúan en los parlamentos y para justificar sus largas estancias legislan lo fácil o lo que le llama la atención a la plebe.

La plebe ese conjunto de ciudadanos poco instruidos que actúan como una masa informe que satisfacen sus apetitos intelectuales con conocimientos de muy poca profundidad. Esa plebe suele satisfacerse intelectualmente con visiones impactantes y sabiduría chabacana. Animal monstruoso que puede cometer tremendas barbaridades, pero siempre acaba mordiéndose la cola cuando no se engulle a si mismo. Esta es la bestia que sostiene a las demagogias oligárquica en el poder y por eso los gobernantes corruptos buscan alimentarla de discursos vacíos para llenarla de ignorancia. Las plebes se alimentan de noticias estridentes y de politiquería barata. A este animal de composición humanoide las burocracias oligárquicas le dan opinión sobre el derecho a la vida y a la libertad, que ya tienen, pero al no darse cuenta de sus más básicos derechos, están de acuerdo en que se le otorgue una democracia soberbia. Si a esta masa se le ofreciese opinión sobre la ley de la gravedad quizás lo daría. Cuánto más si le preguntamos del aborto o de la eutanasia, si el grupo en el poder le da el derecho a la vida por que no ha de quitárselo ofreciéndole salidas fáciles a problemas complejos, si desde luego un niño no deseado es un problema y un anciano es molesto y gravoso para la plebe, problemas difíciles de resolver, la salida fácil es eliminarlos y así cree la plebe desinformada que se acaba el problema, pero solo lo agrava.
Si preguntamos a 30,000 pies de altura como resolver el crimen en un país dirá la plebe: matando a los criminales, no pocas veces se ha recurrido a esta solución simplista en la sociedad históricamente, siempre con resultados adversos, lo mismo sucederá si tratamos problemas complejos como la eutanasia y el aborto, no son problemas simples ninguno de los tres. Viéndolos a detalle problemas como estos tienen muchas aristas para los cuales requerimos que los especialistas de la ciencia, filosofía, política, historia, que nos asistan para plantearnos dichos problemas en toda su extensión y complejidad. Requerimos un estudio por expertos para atender adecuadamente estos problemas, porque de otro modo acabamos volteándonos contra la propia sociedad. Matar a los viejos nos dará una sociedad sin memoria histórica, matar a los criminales más violencia, y matar a los neonatos criminales con bata blanca cuando no sociedades psicópatas. La eliminación del problema de raíz suele ser poco práctico en una sociedad, pues surgen en estas otras plagas más difíciles de controlar.
No tengo una respuesta a estos problemas pues no soy geriatra para saber de la vida de un anciano o oncólogo para saber las posibilidades de un enfermo de cáncer, pero hay médicos especialistas y sociólogos estudiosos que nos darán guías de actuación técnicamente correctas por no mencionar la ética, ciencia muy vapuleada por la democracia últimamente. Sobre el crimen hay estudiosos que dedican sus vidas a entender el fenómeno, por qué no preguntarles a estos que tienen teorías de cómo arreglar el problema, pero seguro no sé logra nada llenando las cárceles o matando a los asesinos, debe ser más compleja la respuesta. En cuánto al aborto por qué no pedir el concurso de filósofos, de biólogos que estudian la vida, de médicos en ginecobstetricia, sociólogos, psicólogos, y con ellos abrir investigaciones profundas a un problema no nuevo. No creo que sea del campo de la democracia, porque al debatir sobre esto se vuelve soberbia y deja de cumplir su objetivo fundamental.
CONCLUSIÓN
Concluyo diciendo lo ya dicho: no podemos dejar a la democracia opinar sobre todo porque se vuelve soberbia y una democracia soberbia es una de las forma más sutiles y graves de la demagogia. Dejemos a cada ciencia hacer su trabajo y que aquellos que estudian y dedican a sus vidas a atender los temas más complejos pedirles que nos iluminen en este oscuro camino que a veces es la vida. Respetando a cada saber la democracia será viva y fresca respondiendo a su fin que es buscar la vida armónica de los ciudadanos.
