INTRODUCCIÓN
La pasión deportiva es un fenómeno universal que afecta a gran parte de la población mundial, es un fenómeno del cual, hace a algunas personas víctima consistentes y consientes, me atrevo decir que las esclaviza porque es muy difícil para el aficionado zafarse del destino de su equipo. Afecta a muchas personas podríamos decir que casi a todo el mundo. Probablemente a usted mismo lector le suceda. Me refiero efectivamente a la pasión deportiva, asunto muy común y que trasciende el propio campo de lo deportivo. Y lo vemos así reflejado en otros ámbitos como el de la música o la moda, para efectos de este ensayo nos concretamos al ámbito deportivo quizás el más común y demostrativo. Es impresionante ir un partido de algún deporte y ver el comportamiento desbordante de los aficionados. Hace poco fui a ver un partido de fútbol con unos amigos, desafortunadamente le iban al equipo visitante, el equipo de mis amigos anotó el primer tanto y les dio gusto y arengar a su equipo con cierta discreción, pues como ya dije estaban en cancha visitante, la reacción de los que nos rodeaban, del equipo local, fue silenciosa pero se podía sentir un profundo sentimiento de repudio sino es que hasta de violencia, dio miedo y optaron por callar. Termino ganando el equipo de mis amigos, motivo por el que fuimos agredidos verbalmente no obstante desde la primera anotación habían permanecido marmóreos: sin pestañear y blancos del miedo. Aun cuando internamente les invadía una profunda alegría. Ya en el primer bar que encontramos camino a casa desahogaron esta euforia por el triunfo logrado por su equipo.
Este fenómeno no es nuevo los juegos han existido en todas las culturas, en algunas como la griega llegaron a tomar un carácter divino. Con la organización de las olimpiadas que posteriormente adopto Román, en donde las carreras de aurigas fueron altamente populares y sus campeones héroes de las multitudes, luego decaería en el circo romano, digo decaería porque el que se matara gente es bastante primitivo o bestial por decir lo menos. No obstante dice el viejo adagio al pueblo “pan y circo” porque desde tiempos antiguos se conoce la euforia que generaban los juegos y el desahogo del pueblo.
EL FENÓMENO
Los efectos de la pasión deportiva en la gente pueden tomar tonos muy elevados; en algunos individuos los lleva a cometer tropelías que en otros casos no se darían. La pasión deportiva llega a genera estados de agresión o depresión dependiendo de si gana o pierde su equipo, en algunas ocasiones bastante elevados. Así vemos que cuando pierde su equipo algunos individuos adoptan una depresión, que tomar la forma de tristeza o frustración o peor aún puede convertirse también en ira, esta ira no siempre desemboca por un buen camino y el individuo se comporta de manera agresiva y más aún si es en grupo puede derivar en actos vandálicos. Si su equipo gana será un estado de euforia el que se detone, en donde la razón, es muchas veces rebasada y se decae en actitudes primitivas.
Hay personas que se afectan poco cuando pierde o gana su equipo y mantienen una estabilidad personal a pesar del gusto o tristeza que esto les haya causado, en cambio en otras personas vemos reacciones muy efusivas de alegría o tristeza en otro extremo vemos individuos en desenfreno que como hemos apuntado pueden llevar a la barbarie. Este fenómeno lo podemos observar en forma individual o tribal. Efectivamente en muchos casos cuánto dos personas de un mismo equipo se reúnen a ver un juego hay un cierto efecto de contagio emocional que amplifica en Las expresiones emotivas de ahí que en un estadio la pasión se exprese de una manera mucho más efusiva, lo mismo sucede en un bar en donde los de una misma barra están reunidos para ver a su equipo ganar. Sin embargo, esto no se circunscribe al ámbito grupal. Muchas personas que a través del televisor ven a su equipo jugar en lo individual y el individuo así mismo se ve seriamente afectadas, si el partido fue las doce de la mañana, a las dos de la tarde dependiendo del resultado tendrán ganas de comer o no. Si fue la noche el juego tendrán una euforia o una depresión que les puede afectar hasta el sueño. No obstante, lo dicho es mucho más patente la euforia cuando esto se da en forma grupal, hay una suerte te ondas sensibles que general comportamientos tribales desproporcionados a lo que sucede con un individuo en solitario. Es como si se diera una fisión atómica de las emociones que se van contagiando entre los individuos, unos a otros a modo qué se da una suerte de amplificación emocional, esta misma con las consabidas extensiones externas, pues al encontrarse grupos la gente se envalentona y dará más fácilmente rienda suelta a sus expresiones emotivas que como hemos visto no siempre terminan pacíficamente.
Pero aun en lo individual la sensación de conectividad parece estar presente. El individuo viendo un partido en la televisión o escuchando por la radio en la intimidad vas a sentir una suerte de sentimiento de pertenencia y solidaridad a su equipo y a los que participan de su misma inclinación deportiva. Se da el caso de que una persona va en su auto escuchando un partido en la intimidad del tráfico citadino y cuando anota su equipo lo vemos hacer alguna expresión de gusto e incluso si encuentra algun otro auto con una insignia de su equipo toque la bocina para que su copartidario se solidarice con él. Otros salen a la calle en busca de partidarios con quienes hacer resonar sus sentimientos de alegría. En una ocasión tuve la oportunidad de asistir a un partido de fútbol americano en Oakland estados unidos en donde la fanaticada de este equipo es famosa por sus desmesuradas expresiones de apoyo a su equipo. Durante el partido quise tomar una foto del juego con mi celular para llevarme un recuerdo de aquel momento y cuál fue mi sorpresa cuando un fanático vestido de pirata se me enfrento y me dijo: que con qué derecho tomaba yo esa foto, inmediatamente en un acto instintivo de supervivencia le explique en mi mal inglés que esté siempre había sido mi equipo favorito de toda la vida que era extranjero y que nunca había tenido la oportunidad de verlo en vivo, sólo por televisión, que era la primera vez que iba al estadio y que quería llevarme un recuerdo de aquel momento para mi inolvidable. Acto seguido se volvió violentamente e hizo que pararan todos los que estaban en la fila de delante de mí y podrían estorbar mi foto, al tiempo que les decía que yo era un fanático que había ido desde el extranjero a ver al equipo. Hice muchas instantáneas incluso algunas con el vestido de pirata y otras con algunos de sus amigos con trajes bastante estrafalarios para el final del partido ya compartíamos cervezas “yo pertenecía a la tribu” era un hermano perdido que llega a la meca por primera vez, el clan me acogió con grandes demostraciones de júbilo ¿Cómo Puede darse esa química tan espontánea y efusiva ante una pasión similar?, puede que no sea exclusiva de la pasión deportiva pero es aquí donde tiene una de sus manifestaciones más claras.
Me gustaría echar un vistazo a la cuestión de género en donde creo que no hay en el fondo gran diferencia en lo que respecta a la pasión deportiva. Yo no creo en la igualdad de género, considero que son tan dignos el hombre la mujer y a la vez muy diferentes. Sin embargo en el tema de la cuestión deportiva las he visto también algunas llevar a cabo los mismos comportamientos que los hombres, es verdad que este fenómeno se manifiesta más en los hombres, pero la razón habría que atribuírsela, más al hecho de que la práctica del deporte ha sido del hombre en casi todas las culturas hasta ahora, si en los siglos siguientes esto cambia, veremos que habrá más mujeres que hombres expresando sus pasiones deportivas, parece estar asociado al porcentaje de hombres y mujeres que practican deporte, en los cantantes pop son más las mujeres fanáticas. Tampoco debemos esperar las mismas manifestaciones en la mujer que en el hombre las manifestaciones femeninas son normalmente diferentes a las de los hombres, las hacemos cada uno en la forma propia de nuestro género, las mujeres expresan sus emociones en general de una forma más fina o delicada mientras que el hombre lo hace de manera más tosca o burda. La expresión externa del emoción no disminuye el tono de esta no porque un hombre tenga la voz más ronca y se escuche más lejos es mayor su emoción. Pareciera que la tonalidad emocional va más en el sentido de la persona misma. Podríamos decir que la diferencia de sexo de cromosomas va a ser la razón de diferencia de reacciones: el hombre tendrá gustos y apetitos propios de su sexo y la mujer lo hará a su propia forma y manera biológica natural acorde a su feminidad. La pasión es una reacción de gran resonancia orgánica y por naturaleza la mujer es diferente al hombre, lo que deriva en gustos y reacciones diferentes.
No podemos pasar por alto el tema de la clase social, la emoción deportiva es una de las más democráticas manifestaciones de la humanidad pues tanto los ricos cómo los pobres se manifiestan, así vemos en un estadio escuchar gritos y euforia en un palco privado como en una butaca de sol, sólo hay que asistir a un juego un domingo cualquiera en donde se enfrenten dos equipos con una fuerte rivalidad observe por favor al público y verán que salen iguales gritos de un boleto caro que el boleto barato, quizás la porra lo exprese más fuerte pero ellos representan el espíritu de esa emoción en particular y van preparados para llevar la batuta de las expresiones emotivas del equipo. No hay una diferencia de fondo de las emociones deportivas entre diferentes clases sociales, incluso veremos en ese mismo partido que hemos descrito, cómo pueden compartir asiento dos personas de muy diversas clases sociales y orígenes y si le van al mismo equipo no será de extrañarse que acaben compartiendo saludos y expresiones de gusto si su equipo logra el triunfo. Les habrá tocado verse abrazarse al pobre y al rico ante el gol de su equipo, poco hay que nos iguale tanto como la pasión deportiva.
Esto tampoco es patrimonio de los ignorantes tanto los muy cultos o intelectuales como los ignorantes se emocionan ante la presencia de un acto heroico de su equipo es propio del ser humano el emocionarse deportivamente, la pasión deportiva como su nombre lo indica es una pasión Y no suele tener un gran contenido intelectual de ahí que afecte poco la intelectualidad para que se den o no las emociones. Consideremos que la pasión deportiva, como ya se mencionó antes, es de una gran resonancia orgánica. Partiendo de una teoría hilemórfica, la forma humana está dada por su acto primero, que en palabras de Aristóteles es el alma. Siguiendo esta teoría el hombre está compuesto de cuerpo y alma así todos los actos del hombre son actos humanos, esto quiere decir que en ningún momento podemos excluir algún acto del hombre del concurso del alma. Pero el hombre recordemos tiene potencias intelectivas y corpóreas, por no ahondar ahora en las diferentes potencias que plantea Santo Tomás quedémonos con esta burda pero suficiente división, más adelante abundaremos en esa división. Los actos intelectivos tienen menos manifestación corpórea en el ser humano que los corpóreos, pero como el hombre es un ser indivisible al concentrar una pasión grandes energías del individuo va a desplazar las potencias intelectivas fenómeno inverso veremos en un individuo efectuando grandes esfuerzos intelectuales. Digamos que ocupan espacio el mismo espacio en el ser humano, así alguien efervesciendo de pasión deportiva tenderá a ser poco racional y fácilmente tienda a actos más instintivos y menos racionales.
Encuentra las personas de mayor edad tampoco es que haya una gran diferencia ciertamente no darán de brincos un viejo como un joven de 15 años, pero eso no implica que gocen o sufran de igual manera cuánto gana o pierde su equipo siempre cuando conserven sus facultades físicas. Se verán más atemperadas exteriormente pero interiormente mantendrán la misma fuerza. Siguiendo el discurso del apartado anterior vemos que lo somático tiene una gran relevancia en la pasión deportiva en un adulto mayor estará en función de su capacidad física su nivel de expresión.
Más pareciera que la pasión deportiva dependerá para darse y expresarse en función de otros factores: la personalidad del individuo y el nivel de adhesión al equipo. Por un lado, la personalidad de cada gente va indicar su grado de expresión anímica no sólo en el ámbito deportivo sino en cualquier terreno donde se exprese, una persona introvertida probablemente sea menos expresiva se reserve más y se guarde internamente como lo hará en muchas otras cosas de su quehacer diario. En cambio, el que es extrovertido probablemente se manifieste de manera mucho más patente en un estadio o ante el televisor. Por otro lado, hay fanáticos que los son más y otros que lo son menos y esto va en función de lo aficionado que sea al deporte en cuestión o no. Así vemos individuos que puede ser muy afectos al fútbol soccer y ante un partido de este deporte demuestran una tremenda efusividad mientras que si aprecian un juego de tenis en la tele no muestren la misma efusividad debido aquel tenis es para ellos un juego más ajeno no está tanto dentro de sus intereses deportivos. Hay gentes muy afectas a un deporte particular o a los toros, mientras que se desinteresan por otros deportes. Esto hace que algunas personas no parezcan que padecen el fenómeno de la pasión deportiva, sólo es cuestión de ponerlos en el caldo de cultivo adecuado y veremos cómo se expresión es en función de su tonalidad humana y no de que tenga o no tenga emociones, la pasión deportiva es una forma de expresión de las pasiones humanas muy natural, lo antinatural es no tenerlas, que bueno que las gente tengan pasiones deportivas y las vivan intensamente porque eso de alguna forma nos humaniza.
CÓMO SE GENERA
Hemos hecho una descripción del fenómeno de la pasión deportiva pero aún queda por definir cómo surge este fenómeno antes de ir más a fondo. Soy fanático de un equipo de fútbol pero que de que tenga yo la más mínima idea de cómo surgió en mí esta afición hay un gran paso, me molesta no poder entender cuándo y porqué nació esa fuerza interna desmedida por esos equipos en la disciplina deportiva que admiro.
Pregunte usted por ahí a algún amigo porque es aficionado a ese equipo en particular… Me he dado durante años a la tarea de preguntarle a cuanta persona que habla de deportes porque le va a ese equipo en particular y siempre recibo la más absurda de las respuestas: “una vez cuando era chico ni un anuncio que tenía un león por eso le voy al equipo León”, “todos en mi familia le van a las chivas por eso yo le voy al América”, “cuando era chico mi papá me llevaba al estadio universitario por eso le voy al América” estas respuestas no me las invente las he oído y todas las que ustedes hagan tendrán respuestas tan absurdas como las están leyendo ustedes en este momento. Háganse ustedes esa pregunta y van a oír en su interior un vacío total o una respuesta sin sentido, luego repitan el experimento con otras personas, llegarán a una conclusión muy similar. Las explicaciones de cómo se generó la pasión deportiva en nosotros dará respuestas absurdas inconsistentes e ilógicas. ¿Cómo surge entonces la pasión deportiva por tal o cual equipo, en qué momento me volví o se volvió fan de ese equipo? Es totalmente ilógica la respuesta que encontraremos en el campo de la investigación directa con los individuos a los que le preguntamos. En el único caso en el que aparece algo de lógica es cuando le va al equipo de su comunidad o país, quizás sea esta una fuente para llegar a la razón de otros afectos deportivos.
Probablemente en este momento no estemos en posibilidades de responder este misterio humano tan íntimo y personal. Primero habrá que descender al fenómeno interno a su mecanismo de acción para después regresar a buscar cómo nace este fenómeno en la vida de cada persona.
LAS FUERZAS QUE MUEVEN
¿Qué es la pasión deportiva? Es acaso una suerte de fuerza de gravedad por la que el individuo se ve atraído irremisiblemente ante la fuerza de un cuerpo mayor que lo atrae a sí, es como el canto de las sirenas que atraían a si a los marineros y solo Ulises atado al mástil logró resistir a su encanto, es de nosotros de donde brota una fuerza interior que nos lanza hacia el deseo de ver a nuestro equipo triunfar.
Los hombres al igual que cualquier ser corpóreo estamos atraídos por la fuerza de la gravedad como la piedra caemos en el vacío hacia la tierra. En tal caso estamos ante un agente externo que nos impide sustraernos a sus leyes. Pareciese que es algo más complejo no tan natural e irremisible, pues ante la pasión deportiva somos capaces de lograr ¡cierto control! Parece más al canto de las sirenas hay un llamado externo que si tapo mis oídos con cera y no lo oigo puedo pasar de largo como los marineros de Ulises. A la vez parece que ese canto se combinara con algo interior por la que si sentimos cierta atracción por las sirenas. Como si estuviésemos abiertos nosotros y luego al presentarse el canto se disparara ese deseo.
Revisemos los conceptos básicos de la antropología clásica y quizás ahí encontremos algunos elementos que no sean de utilidad para nuestro análisis. El hombre en la escala de los seres se encuentra entre los animados corporeos y dentro de estos a su vez de los que tienen un alma racional. Esto es hay seres puramente corpóreos no animados como la piedra a la que hemos hecho alusión previamente, la tabla, un tabique, el agua, etc. seres de la naturaleza sujetos exclusivamente a las fuerzas externas que los mueve. Luego tenemos a los seres que tienen alma; a los vivientes y vamos desde los que tienen una vida muy primitiva como las células carentes de núcleo diferenciado que se denominan procariotas en donde se encuentran las bacterias, seguiríamos con los organismos vivos unicelulares denominados eucariotas, posteriormente seguiríamos con los seres multicelulares entre los que son más complejos como las plantas las cuales las diferenciamos de los animales más primitivos porque no tienen un movimiento autónomo, mientras que a los animales los consideramos tales en cuanto buscan lo más conveniente para su subsistencia a través de un movimiento autónomo y podríamos ir de los animales más simples con movimientos primitivos hasta los animales domésticos los cuales están dotados de movimientos muy complejos. Estos últimos buscar los medios de subsistencia a través de apetito, altamente desarrollados, pero aún se consideran sin alma racional. Aparece entonces el hombre el cual cuenta con un alma racional con un alma capaz de elaborar conceptos y transmitirlos a otros seres de su género precisamente como conceptos, más aún es capaz de verse así mismo. El hombre es capaz de introspección fenómeno, muy complejo por el cual sale de sí mismos y se ve en su entorno desde fuera de su yo. Es un alma que supera a su cuerpo que puede sustraerse de él y contemplarse.
En esta larga cadena de seres vemos que siempre el de arriba cuenta con las capacidades del ser inferior, o sujeto a las leyes del de abajo, el perro está sujeto a la ley de la gravedad igual que la piedra y a su vez lo está el hombre igual que el perro. La corporeidad por sí misma, mientras la tenga un ser, estará sujeto a las leyes de la gravedad. Tomemos algo más complejo por ejemplo el miedo: el perro siente miedo, también los hombres sentimos miedo. Así como la fuerza de gravedad los animales domésticos la controlan con cuatro patas, mientras que el hombre lo hace con dos pies, las funciones es la misma pero el modo es más sofisticado, el equilibrio en el hombre es de mayor calidad que en los animales domésticos. Este es un fenómeno que se repite continuamente en la cadena de la capacidad de los seres que hemos venido enumerando la importancia de esto radica en que lo que en el animal será de una forma animal el hombre será de una forma diferente, en el perro el miedo será perrunamente, en el hombre será el miedo también, pero asociado en alguna forma a su racionalidad y lo llamamos miedo humano pues es un miedo que se da humanamente. Cada ser superior al anterior, aunque contenga sus mismas capacidades las tendrá de manera de acuerdo con su mayor potencia. En el hombre la racionalidad eso la mayor potencia.
Los seres animados no encontramos por ejemplo la nutrición, pero ya en las plantas se encuentra presente y la planta se procura sus nutrientes del medio que la sustenta mientras que los animales van en busca de su alimento lo mismo que buscan su reproducción, así como la protección de sí mismos y la de los de su especie, esa percepción que siguen los animales es una percepción que tienen a través de sus sentidos. El perro olfatea su alimento y va tras el, padece hambre, apetece comer. De aquí que le llamemos apetito y es un apetito que es provocado por un requerimiento de alimentos. A este requerimiento llamemos pasión, padece hambre y busca satisfacerla de la mejor manera posible. Así como está la necesidad de nutrirse en el animal hay otras muchas necesidades que busca satisfacer de forma análoga. El animal se mueve siguiendo una percepción sensible hace lo que le es conveniente en los diferentes aspectos de su vivir, y cuando lo alcanza pareciera que descansen en ello.
Ya mencionamos anteriormente que en el hombre se encuentra una potencia un superior a la de los animales que es la racionalidad y la cual a su vez podríamos decir que tiene dos partes una por la que aprehende, por la que conoce, por la que raciocina y otra más por la que quiere aquello que la razón le presenta como bueno a este último le llamamos apetito racional o voluntad. El hombre cuenta con voluntad propia por la que quiere aquello que le es más conveniente según la razón, pero como ya mencionamos antes cuenta igualmente con los apetitos animales por llamarnos en este momento de alguna forma.
De esta manera podemos apreciar en el hombre muchas potencias las cuales “se distinguen por sus objetos.”[1] Así el hombre cuenta con apetencias: percibe aquello que le conviene con los sentidos y luego tiende a ello, lo desea, padece por que no lo tiene. El objeto de esta potencia es lo sensible que puede apreciar con los sentidos que le son propios a su vez. Decimos que el objeto de la vista es la luz, la cual ilumina a los cuerpos y refleja en el ojo por este fenómeno es posible que el ser pueda apreciar visiblemente un objeto. Si esto que vemos es conveniente lo apetecemos, así el objeto de esta potencia es lo apetecible. Vamos en una tarde de verano de regreso a casa y vemos un estanco donde venden agua fresca e inmediatamente la apetecemos.
Distinguimos aquí dos potencias, la sensible por la que podemos captar el mundo que nos rodea y la apetecible por la que deseamos los que se nos presenta por la potencia sensible. Deseamos lo que no tenemos, padecemos por ello. Gracias a que padece el hombre realiza muchas de sus funciones básicas, como saciar su sed, comer. Pero también huir de lo que nos amenaza.
Todo esto aunado a la potencia motriz por la que nos movemos hacia lo aprehendido como conveniente o nos alejamos de lo aprehendido como negativo.
EL APETITO NATURAL
Para analizar la pasión deportiva viendo algunas ideas sobre el apetito natural y nos dice Sto. Tomas de Aquino “El apetito natural es la inclinación natural de todo ser hacia algo. Por eso toda potencia desea con apetito natural lo que le es propio”.[2] Todas las cosas naturalmente tienen una tendencia, la piedra tiende a caer por la fuerza de gravedad, gracias a esta gravedad la usamos para construir; sirve así de base de cimientos de una casa o barda. Los gases calientes en general tienden a subir, por esa naturaleza es que el hombre puede volar en globos aerostáticos.
Las plantas también tienen tendencias y el hombre en cuanto animal cuenta con las potencias de los seres inferiores, como ya se dijo, veamos entonces la potencia vegetativa: “Las potencias de la parte vegetativa son tres pues como se dijo (a.1.), lo vegetativo tiene el cuerpo que vive por el alma con respecto a esto, es necesario tres operaciones del alma. 1) Por la que adquiere el ser; y a esto se orienta la potencia generativa. 2) Otra, por lo que el cuerpo vivo adquiere su debido desarrollo, y a esto se orienta la facultad aumentativa. 3) Otra, por la que el cuerpo viviente se conserva en su ser y proporción; y a esto se orienta la facultad nutritiva. “[3] Se plantean aquí tres elementos básicos para sustentar al hombre y nótese que el primero apetito natural tiende a algo que no está propiamente en el cuerpo. “Pero la potencia generativa produce su efecto no en su propio cuerpo, sino en el de otro ya que nadie se engendra a sí mismo”.[4] Pareciera que las potencias naturales van en dos órdenes uno a mantener al individuo en la vida y otro a la especie; a perpetrar la especie. Extrapolando estos apetitos habrá que decir que el hombre busca conservarse en funciones a si mismo y a su especie. Así también podría pensarse que al igual que los animales buscan su alimento, seguridad y confort también buscan alimentan a sus crías, y protegerlas. Hay un apetito en el hombre a procurar el alimento de sus vástagos y a cuidarse de las condiciones que se requieren para que se dé su desarrollo. Estos apetitos naturales en los que más fuerza van a tener pues no responden a condicionamiento racional alguno. Por eso para mantener dietas lo mejor es no acercarse a los alimentos pues ante el olor que estos producen un individuo hambriento tenderá en forma natural. Pues como apunto en la respuesta tres del articulo 78 ya citado “Pero el apetito animal sigue a la aprehensión de la forma”[5] Aquí mismo nos advierte Sto. Tomas sobre cómo las potencias apetitivas van a intervenir, pero no para aisladamente unas y otras, pues el hombre posee un alma con muchas potencias y esta alma ante un objeto tenderá unánimemente con varias potencias. Como los dos ojos, se mueven a un mismo objeto igualmente lo podrá hacer el apetito natural y el aprehensivo. Pero sigamos analizando el natural para no complicar el estudio y luego busquemos su contraparte en el apetito natural y veamos cómo actuar en conjunto con otras potencias.
El apetito natural tiene entonces a individuo y a la especie y me atrevo a agregar a lo dicho por Tomás de Aquino que también tiende el hombre naturalmente a evitar aquello que lo dañe, así al sentir frío su sangre circula más rápido como cuando tomamos con la mano algo caliente, que quema los soltamos sin pensar. La facultad motriz responde al apetito natural individualmente. Y esto en orden a la especie: una madre ante un peligro inminente para su hijo lo abraza instintivamente sin que medie apetito racional alguno y amamanta a su crío cuando este es pequeño, su cuerpo responde mediante ciertos mecanismos biológicos a la producción de la leche que la cría demanda. No es una elección apetitiva o racional es un proceso biológico natural.
El hombre naturalmente esta herramentado para tender a permanecer como individuo y como especie en el ser y este cúmulo de herramientas lo agrupamos en los apetitos naturales. Estos apetitos producen una tendencia muy poderosa en el individuo por eso tan difícil no entregarse en presencia del objeto conveniente ante ellos.
Así el apetito sexual ejerce una gran fuerza de atracción entre dos individuos en circunstancias propicias, quien quiera mantenerse célibe que se aleje del sexo opuesto de otro modo el apetito sexual los arrastrara. No podemos poner a un hambriento ante una manzana y pedirle que no se la coma. Estos apetitos siguen a una aprehensión como ya se dijo y a la situación de una apetencia natural, de así su fuerza casi incontrolable.
El hombre en cuanto ser que pertenece a una especie tiende a agruparse a vivir y a moverse en colectividad pues está naturalmente inclinado a su especie y a que esta siga y se desarrolle, luego esta le es connatural les es propio, es su especie y la defiende y procura. Los individuos de su especie le son propios, similares y a ojos externos más similares.
Hoy en día podemos ver por la TV individuos de otras razas y quizás no distingamos a uno de otro pero los de mi propia raza me son fácilmente diferenciarlos, cuanto más vamos achicando el circulo de la especie más fácil distinguirnos a los individuos del entorno propio, el grupo primario en la familia y ahí hasta los gemelos pueden ser diferenciados por alguna seña particular, en el siguiente nivel que es la comunidad de amigos cercanos las diferencias son muy claras todavía.
Así en una tribu sus miembros se distinguen en unos de otros y ejercen funciones que se dan del hombre primitivo la capacidad de cumplir mejor con las necesidades básicas y esa tribu le da protección a sus miembros, dentro de ella hay seguridad sus miembros se corresponden supliendo entre si diversas funciones, unos procuran el alimento, otros la seguridad, etc. Cubren al modo grupal las necesidades básicas de los individuos de la tribu. Como lo hace naturalmente el individuo en una dimensión particular y propia.
El mundo moderno, pareciera, que tiende cambiar profundamente la forma tribal original. El individuo después de cierta edad podría ser autárquico, no requiere vivir en grupo. Cuanto más está desarrollada una sociedad más patente es esto. Hoy en un país desarrollado un hombre de clase media puede vivir solo sin convivir con otros por largos periodos. Puede ordenar el alimento a su domicilio, trabajar en casa: el “home office”, su seguridad está dada por su departamento y la policía local o su auto. Sus necesidades básicas como individuo las puede suplir sin convivir en un grupo. Pero el que lo pueda hacer no significa que sea lo natural de hecho hay una enfermedad mental conocida como “Trastorno Antisocial de la Personalidad”. El hombre está hecho para vivir en sociedad en convivencia con otros individuos similares a él. En el ejemplo descrito del hombre solitario moderno hay una multitud de interacciones, sutiles o no, con sus semejantes. Aun cuando ordene por un e-mail su comida, no deja de ser una interacción, o el “home-office” implica hacer para otros y este hacer para otros tiene consecuencias grupales, como muchas otras de las actividades descritas y no descritas e imaginadas por el lector. La tribu se ha expandido tanto que perdemos la amplitud de campo focal para entenderla. La tribu puede tener miembros en otro lugar del mundo a través de Facebook, twitter y todas las redes sociales son una forma de recuperar a la tribu, más compleja pero aun hecha de semejantes, subsidiarios de algo me aportan y algo les aporto y me uno a ellos porque hay un interés fuerte en común que nos une y nos asemeja.
¿No subyace en nosotros siempre la necesidad del grupo de la asociación? ¿No es el deporte un interés que nos agrupa? Hoy puedo irle al Barcelona o al Real Madrid, Manchester United o al Liverpool al Bayer o al Milan, etc. Las preferencias deportivas van mostrando una suerte de similitudes sentimentales. Quizás ahí el hombre moderno reencuentra a su tribu y su sentimiento grupal de pertenencia a la especie se expresa como un eco, que gracias a la tecnología me hace encontrar a miembros de un mismo clan en otro lado del mundo. Mi sentido de pertenencia va encontrando nuevas formas. Así asisto a un partido en un partido en un país distinto, Oakland una ciudad distinta y soy miembro de la tribu; el hijo lejano que es acogido. Alguien podrá decir que hay individuos total mente solitarios, pero estos seres aislados son las excepciones de la naturaleza son patologías sociales que si rascamos hondo en su personalidad seguramente encontraremos una patología. Hay quien habla del ermitaño que se aísla a orar, pero esos místicos están muy cerca de la Divinidad y con Ella se asocian de una forma sobrenatural.
la pasión deportiva nos asocia en nuevas tribus que comparten un sentimiento común. Nos da una sensación de protección de especie. Si se mantiene la especie de mi equipo mis co-fans mantendrán su esencia, sus valores.
EL APETITO SENSIBLE, LA PASIÓN
El hombre vive de emociones la requiere para sobrevivir son como el oxígeno a las branquias de los peces. Parece que no respiran, pero requiere del oxígeno le roban al agua para poder sobrevivir. Un hombre sin pasiones es un enfermo mental que se acabará matando o matando a otros por falta de ellas. Las pasiones nos permiten acercarnos a aquello que nos conviene y nos apartan de aquello que no os daña son un instrumento vital para el hombre. Además, es accionar generar una serie de movimientos sensibles que nos hacen sentir placer, siempre cuando esté no sea tanto que ponga en peligro alguna actividad vital y cuando se usa el término vital no me refiero necesariamente a la vida o la muerte sino a todo aquello que puede inhabilitar nuestro diario quehacer. Las pasiones no las da: el teatro, el cine la música la poesía la novela y muchas otras actividades que nos permiten gozarlas sin que implique un daño en nuestro estatus vital, por eso lloramos ante una película dramática o nos asustamos ante una película de miedo. Volvamos al ejemplo concreto del cine al que no le guste alguno de estos géneros nos dirá vas a sufrir, si efectivamente vamos a sufrir, pero en un ambiente controlado donde, ese sufrimiento causa movimiento interior de las pasiones más profundas del hombre sin que por ello tenga que poner en peligro su ser, su bienestar. Algo similar ocurre con la pasión deportiva, no da alegrías y tristezas sin dañarnos.
Anteriormente hablamos del apetito en general y vimos que hay de acuerdo con Tomás de Aquino tres tipos de apetito el racional el sensible y el natural y hemos hecho del apetito natural un esbozo de cómo se mueve el sujeto tomando como telón de fondo la pasión deportiva, vimos que este apetito va por dos vías: la individual y la colectiva. Toca ahora ahondar en el apetito sensible que como ya expusimos arranca de 14 pasiones básicas. En escritos anteriores planteó que no son once pasiones: digo que en el placer no termina el movimiento apetitivo que puede seguir la delectación el goce en el bien alcanzado o no seguir gozándolo esto es la abstención. La primera se da cuando aún no se siente saciado y no sigue otro apetito inmediato. La segunda cuando sigue otro apetito o ya se ha saciado. Nos dirá Aristóteles “Y cambiar también es causa de placer, pues el cambio es conforme con el sentido e la naturaleza, ya que <la repetición > siempre <de> lo mismo provoca un exceso del modo de ser establecido. De donde se ha dicho: Dulce es el cambio de todas las cosas.”[6]. en siglos anteriores era mal visto el disfrute se consideraba algo poco sano para el alma, mas deseable era la mortificación, quizás esto inclina a Tomás de Aquino a despreocuparse de la delectación. En cuanto a la tercera pasión asigna dos objetos a un mismo acto cosa que se opone a su tesis, ya expuesta a cada potencia corresponde una potencia y esta está ordenada a su acto. La ira no tiene dos objetos sólo uno deshacerse el mal presente ya sea quitándoselo de encima y otra restituyéndose el mal causado, cuando es captado como posible. Otra es si no se ve posible deshacerse de él es resignarse, ahí tenemos el ejemplo del holocausto, los soldados trataban de escapar, mientras los polacos y judíos se resignaban. Baste este breve resumen y no ahondemos más en esta tesis pues no es el objeto del presente trabajo.
CÓMO INCIDEN LAS PASIONES EN LA PASIÓN DEPORTIVA
Como se dan las pasiones en el hombre que se siente atraído a un equipo. Le solemos llamar: Pasión Deportiva. Se considera que sufre por falta de algo; “Ahora bien, la pasión pertenece al orden de lo defectuoso, porque corresponde a un ser en cuanto está en potencia.”[7] Si pareciera que un hombre sin pasiones es un ser poco humano, todos siempre deseamos algo que acorde a nuestra cognición necesitamos. Muchas veces esa necesitada es falsa es una pura apariencia, necesito un auto deportivo, pero no se manejar deportivamente si me hago de él probablemente tenga un accidente fatal. No digo que todos los deseos sean malos al contrario la mayoría de aquello que deseamos es bueno y más porque suele estar guiado por la razón que me dice: es buenísimo ese auto pero vas a chocar con el si no eres un piloto experimentado. “se llama malo un acto según su especie, no porque no tenga un objeto, sino porque tiene un objeto no conveniente con la razón”[8] Es decir no es malo tener un auto deportivo lo malo es no tener la habilidad necesaria para correrlo o el lugar correcto y seguro para hacerlo. Es bueno y propio tener pasiones y la pasión deportiva es muy apropiada.
Pasamos por la calle y vemos uno de estos autos deportivos último modelo y los admiramos muchas veces instintivamente nos preguntamos ¿por qué no tengo yo uno así? Pero ver la bandea de un equipo y sentir una atracción o rechazo por ella, caray esta más complicado. Por que amamos tanto a un equipo es un deseo de algo intangible “que triunfe mi equipo”. El auto es producto físico, el equipo es muy intangible. Voy en autobús incómodo acalorado a las tres de la tarde en verano apretado y paramos en un semáforo en rojo, junto al autobús va un auto con una persona con aire acondicionado. Diría con razón, deseo un auto para no ir apretado y acalorado. Pero continuó en el autobús y en la cuadra siguiente se sube a él un pasajero desconocido portando la camiseta de mi equipo favorito, siento gusto, me alegro internamente. En ambos casos se da la pasión del amor,“todas las pasiones son causadas por el amor”[9] No quiero el auto por si mismo quiero, la comodidad que este me puede dar y evitar si la incomodidad del calor y los apretones del autobús, a fin de cuentas me quiero a mi mismo. “Como afirma el Filósofo en II Rhetor., amar es querer el bien para alguien. Así pues, el movimiento del amor tiende hacia dos cosas, a saber: hacia el bien que uno quiere para alguien, sea para sí, o sea para otro, y hacia aquel para el cual quiere el bien. A aquel bien, pues, que uno quiere para otro, se le tiene amor de concupiscencia, y al sujeto para quien alguien quiere el bien, se le tiene amor de amistad.”[10] Efectivamente si queremos el auto por sí mismo lo queremos con un amor de concupiscencia o digamos con amor de cosa, a las cosas se les ama por el servicio que nos hacen por la satisfacción que nos causan no por sí mismas. Si quiero el auto porque es deportivo y ya le estoy dando un estatuto de amor de amistad a una cosa que no es digna de tal amistad, es una especie de idolatría, es algo enfermizo, ahí la razón no nos está ayudando. Si lo quiero porque me es útil o placentero a mí, persona, estoy en lo correcto, me estoy amando a mí mismo que soy persona con amor de amistad y ese amor a mí mismo mientras no sea desordenado, no rebase los límites de la prudencia es muy bueno. Si amo a mi novia, esposa o hijos con amor de amistad es lo natural. Si amo el placer que me puede dar una mujer sin amar a la mujer igual se equivoca la razón, pues quien tiene dignidad propia de ser amada por sí misma, no se le debe amar con amor de cosa, por el placer obtenido.
Pero cómo amo un equipo de fútbol, ¿qué bien me produce?
EL AMOR COMO PASIÓN
Dice Sto. Tomás, parafraseando a San Agustín: “todas las pasiones son causadas por el amor”[11] Empecemos entonces por aquí. Tenemos amor por un determinado equipo como surge aun no lo sabemos, pero si padecemos deportivamente y todas las pasiones tienen su origen en el amor, debe amor a un equipo. Efectivamente odiamos a algo por que amenaza nuestro bien amado, tenemos un equipo que “odiamos” que consideramos el enemigo natural de nuestro equipo y cuando se enfrentan se le llama un clásico. Hay otros equipos que nos son indiferentes, que es importante ganarles, pero por los cuales no sentimos mayor afecto pues no representan amenaza mayor al nuestro. Si les vamos cuando van contra el enemigo natural de nuestro equipo, equipo que odiamos. Pero lo odiamos por que representa una amenaza natural a nuestro equipo y a nuestro equipo lo amamos. Así: si no hay amor no hay pasiones. Como dijimos amor de cosa o amor de amistad, pero hay un amor previo siempre a cualquier pasión. Tristeza si gana el equipo, alegría si gana, resignación si pierde el campeonato y efusión amorosa si gana.
Tomás de Aquino nos plantea que el amor tiene diversas formas que ya esbozamos arriba retomemos la cita: S. TH II, q. 26, a. 4, Sol., BAC, pero ahora con más amplitud. “Como afirma el Filósofo en II Rhetor., amar es querer el bien para alguien. Así pues, el movimiento del amor tiende hacia dos cosas, a saber: hacia el bien que uno quiere para alguien, sea para sí, o sea para otro, y hacia aquel para el cual quiere el bien. A aquel bien, pues, que uno quiere para otro, se le tiene amor de concupiscencia, y al sujeto para quien alguien quiere el bien, se le tiene amor de amistad.
Ahora bien, esta división es según un orden de prioridad y posterioridad, pues lo que se ama con amor de amistad se ama en absoluto y por ello mismo, mientras lo que se ama con amor de concupiscencia no se ama absolutamente y por ello mismo, sino que se ama para otro. Pues, así como es ente absolutamente el que tiene existencia y ente relativamente el que existe en otro, así el bien, que es convertible con el ente, es el que absolutamente tiene la bondad, más lo que es bien de otro es un bien relativo. Y, por consiguiente, el amor por el que se ama algo para que tenga un bien, es amor en absoluto, y el amor por el que se ama algo para que sea el bien de otro es amor relativo.”[12] El problema es complejo pues un equipo de futbol es ¿una cosa o una persona? ¿Lo amamos con amor de Amistad pues lo amamos por sí mismo y no por el bien que nos satisface cuando gana? ¿y cuando pierde que satisfacción obtengo? Más bien sufro y aun así lo sigo queriendo y por el odio al equipo que le gano, más si es el equipo rival por naturaleza. “Y según esto, un ser es odioso a otro, y malo, aunque no en sí, sino por su relación con otro.”[13]
Queremos las cosas de dos maneras una en cuanto nos unimos a la cosa misma. Así compramos un auto y nos vamos a él al trabajo y no sufrimos el calor y los apretones, gozamos la comodidad del asiento individual y quizás el aire acondicionado en una tarde soleada. Pero también nos sentimos unidos a una cosa por la que nos sentimos atraídos afectivamente, porque nos es semejante en alguna forma. “La unión de lo amado con el amante es de dos clases. Una real, que consiste en estar unido a la cosa misma. Y tal unión corresponde al gozo o delectación, que sigue al deseo. Otra es la unión afectiva, que consiste en una aptitud o proporción, es decir, en cuanto que por el hecho mismo de que una cosa tiene aptitud e inclinación hacia otra, ya participa en algo de ella. Y en este sentido el amor importa unión. Esta unión precede, ciertamente, al movimiento del deseo.”[14]
Amamos lo semejante, amamos a los de nuestro país cuando juegan contra otro país en un mundial de futbol, son mis coterráneos los que nacieron en mi tierra, hablan mi idioma comemos la misma comida, estamos unidos por muchas cosas en común. Amamos lo que es semejante y la semejanza se da en dos formas en potencia y en acto que es como amamos a nuestros connaturales y amamos a aquellos que nos complementan en alguna forma o actividad, así los esposos muchas veces suelen ser muy complementarios, aquí hay cierto amor de conveniencia pero suele ser secundario en los matrimonios sanos. Ahora si lo que se espera es la felicidad del otro y yo tengo la aptitud de dársela y el a mí por la propia diferencia, o si nos amamos por los hijos que tenemos juntos y nos completamos para hacerlos hombres y mujeres de bien, el amor es trascendente va más allá de uno mismo y eso nos engrandece a los amantes, los hace más por amorosos por toda la inmanencia que da el amor. Otras veces siento aprecio por mis compañeros de trabajo por que juntos logramos cosa que solos no podríamos. “Hasta en el hecho de que alguien ame en otro lo que no ama en sí mismo se halla una razón de semejanza según cierta proporcionalidad; pues como otro se ha a lo que es amado en él, así se ha uno mismo a lo que ama en sí mismo. Por ejemplo, si un buen cantor ama a un buen escritor, en este caso se considera la semejanza de proporción, en cuanto que uno y otro tienen lo que conviene a cada cual según su arte.”[15]
Pero no amamos a un equipo porque me complemente en nada, lo amamos porque nos es connatural. Tomas de Aquino arriba nos ha hablado de dos formas básicas de amar y son: el amor de amistad y de cosa. Vemos que amamos a nuestro equipo porque nos es semejante pero semejante a qué. El equipo América de México juega en el estadio Azteca, pero resulta que a ese estadio que está en la CDMX van muchísimos fanáticos que le van al Guadalajara acérrimo rival del América y no tienen ninguna relación parental con personas de Guadalajara. Tengo un amigo que le va al León vive en CDMX y no conoce la ciudad de León, como estos ejemplos puedo poner muchos, pero ya en este momento ustedes tienen uno en su mente.
La pasión deportiva es un amor de amistad de especie unida de al apetito natural por la especie. Recordemos que el hombre no son partes, dividimos al hombre en partes para entenderlo y comunicarnos, pero no existe dolor en la mano que no cause dolor a todo el sujeto y cuando padezco hambre la padezco yo en general. Para comprender mejor la pasión deportiva la debemos ubicar principalmente como una pasión de la parte sensible pues actúa como tal en el aficionado, como hemos explicado. Tampoco parece un amor racional pues como explicamos al describir el fenómeno de la pasión deportiva no hay razones que nos permitan explicarlo. “La pasión es un movimiento de la potencia apetitiva sensible en la imaginación del bien o del mal. Y de otro modo: La pasión es un movimiento irracional por la conjetura de un bien o un mal.[16] Efectivamente tampoco es un amor racional, no se encuentra en la razón, aun cuando si bajo el control de la razón. Aun cuando se trata de una pasión sensible no podemos dejar fuera al apetito natural que de alguna forma se contagia por esta pasión y tratándose de una especie a la tendemos naturalmente a proteger, es mi especie a la que pertenezco y la cual garantiza la subsistencia en el tiempo del grupo al que pertenezco. La razón no queda fuera es también inmutada por estas sensaciones, que si son muy fuertes quizás la nublen y enturbiada no pueda ayudarme al control del individuo y acabe desbocándose en acciones vandálicas, si a esto le agregamos algún fluido, como la cerveza u otro que atarante, se vera perdida la razón en un torbellino de pasiones y no podrá ejercer mayor control sobre las pasiones del individuo. El ser humano es unitario no olvidemos: dispara la aprehensión, sigue la pasión, se le une el apetito natural e interviene la razón para mediar y situar nuevamente al individuo en la realidad. Es como una maquinaria perfecta donde cada pieza engrana perfectamente.
AMOR AL EQUIPO
Cando Tomás de Aquino habló del amor de amistad o amor de persona hablo en singular, tiene muchas cosas que decir y quizás da por hecho el plural. Amamos a nuestras familias con amor de amistad y son un grupo de personas que forman un ente, ese ente es real invisible, no podemos ver la serie de correlaciones que nos unen, pero las hay, nos peleamos entre hermanos, discutimos con los padres, regañamos a los hijos, pero el lazo está ahí es innegable. Las familias se fracturan, las parejas se separan, pero la relación continua entre los miembros aun cuando estén separados o muertos. Es un lazo una liga fortísima que nos mantiene unidos y muchas veces no hay complementariedad ni se benefician entre ellos. Es un vínculo que nos trasciende y aun cuando a veces pretendemos que no existe esta ahí presente.
Amamos naturalmente dos cosas nuestro bien y el de la especie, nuestro bien es el objeto de un apetito natural y el del grupo o especie a que pertenecemos otro. Uno es nuestra presencia en el tiempo y espacio en que vivimos y otro es el tiempo y el espacio futuro es como la continuación de nosotros en el tiempo. Estos dos géneros de objetos se dividen en apetitos naturales concretos por los cuales el hombre busca mantenerse en la vida y trascender en el tiempo de manera natural al igual que cualquiera otra especie animal superior y cuanto más básicas estas necesidades para cumplir con estos objetos más fuerza de atracción tienen en el sujeto paciente. Así el comer, el reproducirse tienen una fuerza de atracción extraordinaria en los individuos. Ciertamente en el hombre cobran dimensiones humanas. Una tercera atracción natural es la seguridad del individuo y de la especie.
De alguna forma hacemos de nuestro equipo nuestra especie. Dije hacemos porque lo elegimos por razones aún no aclaradas pero el equipo y yo nos hacemos uno mismo por cierta connaturalidad asimilada por nuestro ser. Cuando pierde el equipo algo de mi va en ello y cuando gana me hincho, me expando por eso quizás se llama hinchas a los fanáticos de un equipo. “Como se ha indicado anteriormente[17], el amor significa una cierta coadaptación de la potencia apetitiva a un bien. Mas nada que se adapta a una cosa que le es conveniente, sufre lesión por ello, sino más bien, si es posible, sale ganancioso y mejorado. En cambio, lo que se adapta a una cosa que no le es conveniente sufre por ello daño y deterioro. Luego el amor del bien conveniente perfecciona y mejora al amante, y el amor del bien que no conviene al amante le daña y deteriora.”[18] El amor al equipo no daña si se da bajo el dominio político que ejerce la razón. Si se da en la razón no cometeremos tropelías ni actos vandálicos, gozaremos cuando gane nuestro equipo y sufriremos cuando pierda.
Podemos concluir diciendo: Tomás de Aquino habla de las pasiones en singular, es decir en lo que se refiere al objeto que las causa más sin embargo nada impide que se refiera a un objeto plural, así dice: la oveja le teme al lobo[19], se da por senado o nada impide decir la oveja le teme a la manada de lobos. Hemos llevado el amor en el Aquinate al plural, a la especie. Antes hemos citado “amar es querer el bien para alguien”[20] podríamos decir también: amar es querer el bien para otros, o el bien de nosotros, como expresamos cuando hablamos de la familia, esto es válido siempre que hablemos de objetos de una misma especie, no puede alguien decir amo a mi novia y a su auto como si fuese lo mismo por que amamos a la novia con amor de cosa o al auto con amor de persona eso es una sin razón o una esquizofrenia entitativa.
Como puedo sentir semejanza por un equipo de fútbol. Hay cierta semejanza cuando juega la selección de mi país contra la de otro en un mundial y parece que el espíritu nacional se expande en la sociedad hasta explotar “las cosas del mismo género se corresponden mutuamente conforme a la naturaleza, <resulta que> todos los congéneres y semejantes son la mayoría de las veces placenteros”[21]. Pero que amor puedo yo tener por el Bayer Múnich, el Manchester United, el Real Madrid o su acérrimo rival el Barcelona. Vivo en la CDMX, nací aquí, quizás nunca he viajado fuera de mi país y he vivido siempre en mi barrio como puedo tener pasión por un equipo tan culturalmente ajeno no hay lazos tribales de unión mínimos. Pero estoy pendiente de los partidos de la liga española, me visto con su camiseta por la calle y me siento muy orgulloso de ser fanático de ellos, chóquele a quien le choque. ¿no será que estos equipos encarnan algún valor íntimo actual o potencial?
Algunos equipos encarnan ciertos “valores” quizás yo me asocio a ellos porque hay una connaturalidad de valores o que tengo o desearía tener libre de las ataduras que me impone la sociedad en los comportamientos habituales de la vida moderna: voy al trabajo y debo guardar cierta etiqueta, desde luego ciertas formas de trato y de disciplina, subo al metro y debo seguir un orden, manejo y debería respetar el límite de velocidad, etc. Pero quizás desearía ser muy vertical en el trato y mi equipo de es muy mucha verticalidad. Otros quisieran hacer hazañas extraordinarias y el equipo de mi preferencia es muy osado. Otros aprecian la técnica y mi equipo juega muy ordenado y con gran técnica colectiva. Otras veces vemos que hay equipos que encarnan valores más específicos como jugar siempre al límite de las reglas, otros muy formalmente respetando toda la norma, otros muy agresivos, algunos muy equilibrados, etc. Alguna vez en una parte borrosa de mis recuerdos me asocie a un equipo que en aquel momento encarnaba las virtudes que me eran propias y hoy no puedo dar una respuesta a mi originaria asociación afectiva. La cual para el aficionado es irrelevante lo importante es para el ser fiel en cualquier situación al equipo.
Cuando admiramos un equipo nos gusta que gane y nos asociamos a ese triunfo y más genuinamente si somos sus seguidores en las buenas y en las malas cuando triunfa nos asociamos íntimamente a ese triunfo hasta el grado de hacerlo propio y si “Igualmente es placentero el vencer –y no solo para los afanosos de victorias, sino para todos-, puesto que produce la imagen de una superioridad que, con más o menos empeño, todos desean.”[22] Luego ese triunfo causa placer si estoy en alguna forma íntimamente asociado a ese equipo. Así mismo sufriremos cuando pierde mi equipo. ¿No me habré asociado a ese equipo que tuvo una temporada ganadora o un triunfo atronador, en mi difuso pasado?
Muchos equipos recurren a figuras animales en sus símbolos o nombres y estos símbolos representan ciertos valores: el águila vuela alto, el carnero topea fuerte, el león es bravo y majestuoso. No será que eso me hace asociarme al equipo, los símbolos que encarnan las bestias en la naturaleza como la fuerza del león la altura del águila o la tozudez del carnero.
También oímos frases como: a cualquier equipo que juegue contra tal que no soporto, nace el amor a un equipo por el odio a otro o a los que apreciamos que tiene nuestros antivalores.
Parece que nos asociamos a un equipo por connaturalidad ya sea de género: mismo país, misma ciudad, o por connaturalidad axiológica: los valores que encarna, o por una circunstancia placentera repetida o sumamente intensa: el triunfo de mi equipo una temporada. Cuando y en qué momento paso a segundo plano para el fanático al igual que: el cómo. Lo relevante es que nos asociamos a una causa deportiva por una experiencia placentera persistente o instantánea de alto impacto que me creo la sensación de sería para siempre. Con el tiempo se fueron generando muchas alegrías o tristezas que nos fueron reafirmando nuestra pertenencia al equipo, hay una apuesta sentimental muy alta que se acumula en nosotros y nos hace pertenecer más a ese equipo. He sufrido con él, gozado con él, discutido por el cuándo no hasta peleado.
Podríamos seguir indagando sobre esto, pero baste lo indicado. Esta connaturalidad afectiva, es el amor sensible o apetito sensible. Amamos al equipo de nuestro gusto “con todo” con una tendencia natural y con amor de amistad, es una parte de nosotros y nosotros una parte de él es mi equipo y yo su fan. Quizás no con todo porque es un amor irracional, la razón no media al contrario queda nublada por la intensidad de la pasión impacta todo mi corporeidad y las facultades racionales se ven impedidas a actuar. En muchos casos se parece más a un apetito natural por el cual es sumamente difícil contenerse ante su afección: percibo a mi equipo lo asimilo como propio y veo por su permanencia en triunfo presente, que gane este partido y sume puntos y por su bien futuro, que gane el campeonato y muchos años siga campeón: si él gana, yo gano si él pierde, yo pierdo.
CONCLUSIÓN
La pasión deportiva es sumamente compleja como vemos se van los apetitos desde el natural hasta el sensible y termina por incidir la identidad en un sentido de pertenencia quizás una identidad a la entidad del individuo de modo que se vuelve algo inseparable a el. Como dirían los modernos a su “yo” mas intimo. Pero todo esto causa placer como hemos visto, pues que como se dijo antes el ejercicio de las pasiones causa placer cuando se hace sin daño. Así se van retroalimentando: apetitos, sensaciones, entidad y acaba todo el ser involucrado en esa intención. Recordemos que la mente es una y el hombre unitario, si usa sus potencialidades apetitivas sus potencialidades racionales quedan impedidas no tienen cuerpo sobre el cual actuar, está ocupado en las irracionales.
Este fenómeno se repite de manera idéntica en lo político, ¿cuándo un partidario de un candidato o un partido se asocia irracionalmente a él por…su carisma?, sus ideas? No importa cuán equivocado este en sus fundamentaciones sobre el quehacer del gobierno vamos con él hasta el final. Algo similar pasa con algunas marcas comerciales que logran hacerse de nosotros cuando menos nos hemos dado cuenta y nos tienen como clientes cautivos, sea el producto bueno o no. Los hacemos dioses y les permitimos cualquier error. Son parte de la mitología moderna.
[1] De Aquino, Tomás. Suma de Teología. Traducción realizada en V Tomos por los regentes de estudios de las Provincias Dominicas en España. Presentado por Byrne Damián. Ed. Biblioteca de Autores Cristianos, 1998. S. TH. I, q 78, a. 1 , c. , BAC.
[2] S. TH. I, q 78, a. 1, ad. 3, BAC
[3] S. TH I, q. 78, a. 2, r., BAC
[4] Ibid.
[5] S. TH I, q. 78, a1, ad. 3, BAC
[6] Aristóteles. Retorica. Trad. Racionero, Quintín. Ed. Gredos, Madrid, 1990. Libro I 11.4, (1371 a 25)
[7] S. TH II, q. 22, a. 2, ad. 1, BAC
[8] S. TH II, q. 18, a. 6, ad. 2, BAC
[9] S. TH II, q. 25, a. 2, c., BAC
[10] S. TH II, q. 26, a. 4, r., BAC
[11] S. TH II, q. 25, a. 2, c., BAC, previamente citado
[12] S. TH II, q. 26, a. 4, r., BAC Agregamos la cita en latín para mayor precisión: [34663] Iª-IIae q. 26 a. 4 co. Respondeo dicendum quod, sicut philosophus dicit in II Rhetoric., amare est velle alicui bonum. Sic ergo motus amoris in duo tendit, scilicet in bonum quod quis vult alicui, vel sibi vel alii; et in illud cui vult bonum. Ad illud ergo bonum quod quis vult alteri, habetur amor concupiscentiae, ad illud autem cui aliquis vult bonum, habetur amor amicitiae. Haec autem divisio est secundum prius et posterius. Nam id quod amatur amore amicitiae, simpliciter et per se amatur, quod autem amatur amore concupiscentiae, non simpliciter et secundum se amatur, sed amatur alteri. Sicut enim ens simpliciter est quod habet esse, ens autem secundum quid quod est in alio; ita bonum, quod convertitur cum ente, simpliciter quidem est quod ipsum habet bonitatem; quod autem est bonum alterius, est bonum secundum quid. Et per consequens amor quo amatur aliquid ut ei sit bonum, est amor simpliciter, amor autem quo amatur aliquid ut sit bonum alterius, est amor secundum quid. CORPUS THOMISTICUM Sancti Thomae de Aquin Summa Theologiae prima pars secundae partis a quaestione XXVI ad XXXIX Textum Leoninum Romae 1891 editum ac automato translatum a Roberto Busa SJ in taenias magneticas denuo recognovit Enrique Alarcón atque instruxit.
[13] S. TH II, q. 29, a. 4, ad. 1., BAC
[14] S. TH II, q. 25, a. 2, ad. 3., BAC
[15] S. TH II, q. 27, a. 3, ad. 2., BAC
[16] S. TH II, q. 22, a. 3, c., BAC
[17] S. TH II, q.26 a.1-2; q.27 ad. 1
[18] S. TH II, q. 28, a. 5, r., BAC
[19] Este es un ejemplo usado por Tomás de Aquino en: “De Veritate Quaoestio 25” sicut quod ovis fugit lupum, [56993] De veritate, q. 25 a. 2 c.
[20] S. TH II, q. 26, a. 4, s., BAC
[21]Aristóteles. Retórica. Trad. Racionero, Quintín. Ed. Gredos, Madrid, 1990. Libro I, 11.4, (1371 b 10)
[22] Aristóteles. Retórica. Trad. Racionero, Quintín. Ed. Gredos, Madrid, 1990. Libro I 11.4, (1371 a 30)

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