LA GENTE NECESITA CREER
Las ideas se tienen; en las creencias se está. «Pensar en las cosas» y «contar con ellas».
Los hombres no solemos estar pensando en que pasa a nuestro alrededor, menos aun en los grandes temas de la vida, Nadie piensa si va a haber oxigeno hoy cuando me despierte, lo da por hecho, sí, nuestra cotidianeidad esta hecha de creencias, salimos en la mañana tomamos el automóvil y damos por sentado que arrancara para ir al trabajo, y si no sucede, hacemos un coraje, agrede nuestra creencia cotidiana de que funcionará, algo análogo sucede si el metro no pasa, o el autobús no llega, son cosas que damos por sentadas, no pensamos si la tierra es redonda nadie en sus cinco lo discute. Pensemos que esta tierra que habitamos no es redonda sino plana, como lo pensó la humanidad durante varios siglos y cundo alguien dijo lo contrario casi lo excomulgan, se retracto Galileo para salvar el pellejo de la inquisición.
Párate ante un publico y exponle una idea sobre moral, no es que no le guste necesariamente, sino que no cree en ella, y veras como te va, te tratara de desacreditar con todo lo que se les ocurre sea racional o no. Cambiar a un hombre de creencias es muy difícil pues en ellas esta “esas ideas que son, de verdad, «creencias» constituyen el continente de nuestra vida”[1] Si vivimos de creencias, no por que no podamos pensar, por que requerimos un sustento para nuestra vida sin ellas no podemos vivir, las requiere nuestro ser. Un cristiano se pelea con un católico por sus creencias, un americanista con un cruzazulista y un socialista con un derechista. El nivel de creencias es muy bueno desabre pues “Cabe decir que no son ideas que tenemos, sino ideas que somos”[2] las ideas son constitutivos internos de nosotros sin las cuales no podríamos levantarnos en la mañana, no podríamos dar un paso sin miedo a caernos. Pero en el plano de lo intelectual nos constituyen. “porque son creencias radicalísimas se confunden para nosotros con la realidad misma —son nuestro mundo y nuestro ser—“[3]. Cuando nos acercamos a alguien con un razonamiento que no es acorde a esa idea se siente vulnerado, atacado, herido. Dista mucho del razonamiento.
El razonamiento no es vivencial esta ahí sin anima, como inerte, incapaz de darnos ser, como la hacen las creencias. Buscamos creer mas que pensar, muchos oyentes son “de tal clase que ni pueden comprender sistemáticamente en presencia de muchos elementos ni razonar mucho rato seguido.”[4] Y desafortunadamente es al revés muy pocos quieren pensar, siquiera un rato, menos hoy en día con la TV, YouTube, google, otras maravillas modernas que nos dan todo masticado, no nos piden pensar al contrario nos piden que creamos en ello, consiente o inconscientemente son destructores del pensamiento profundo. Nuestros políticos tampoco quieren que pensemos quieren que creamos. Por que eso es lo que arrastra las ideas, y hace arrastrar, cuando no arrastrarse.
No es malo creer, lo malo es no creer bien. Y trastocar el nivel de creencias que deben existir en nuestro ser. También esta mal no dudar, debemos dudar, casi sistemáticamente, pero no de las creencias del otro sino de nuestras propias ideas. Si eso nos vulnera radicalmente, pero si después de eso volvemos firmemente a nuestras ideas, posiblemente renovadas, enriquecidas, seremos aun más fuertes. Por que “También en la duda se está. Sólo que en este caso el estar tiene un carácter terrible.”[5] Si cuando dudamos todo nuestro edificio interior tiembla y aquellos que hemos vivido un temblor, sabemos que el piso se mueve, las paredes crujen, se abren las ventanas de forma siniestras. Un terror similar sucede cuando dudamos. “Es, pues, la negación de la estabilidad. De pronto sentimos que bajo nuestras plantas falla la firmeza terrestre y nos parece caer, caer en el vacío, sin poder valernos, sin poder hacer nada para afirmarnos, para vivir.”[6] Llegamos al fin de la tierra plana y no caemos, seguimos en vértigo, un vértigo ideológico, entitativo.
Sin embargo, hay que dudar a pesar de que sea un morir un poco o un mucho, ya que por las creencias: van los hombres a morir en las guerras y se acuchillan en las calles, en discusiones de creencias. Si, al hombre se le va la vida, en la creencia se mata y mata al otro por ellas. Es algo tan radical que al que no es como yo tengo que destruirlo, y me refiero al ser creyente con mis creencias.
Pero la duda dice el gran pensador:
Si no fuese así, si dudásemos de nuestra duda, sería ésta innocua. Lo terrible es que actúa en nuestra vida exactamente lo mismo que la creencia y pertenece al mismo estrato que ella. La diferencia entre la fe y la duda no consiste, pues, en a creer. La duda no es un «no creer» frente al creer, ni es un «creer que no» frente a un «creer que si». El elemento diferencial está en lo que se cree. La fe cree que Dios existe o que Dios no existe. Nos sitúa, pues, en una realidad, positiva o «negativa», pero inequívoca, y, por eso, al estar en ella nos sentimos colocados en algo estable.[7]
Pero esta no es una duda real, a la que me refiero que hay que buscar, pues nos coloca también en un estado de estabilidad, es como decir ahora no creo y creo lo contrario, pero como expresa Ortega y Gasset esta da estabilidad el problema surge cuando me pongo a pensar, si lo que creo es verdad, es como cuando me acerco al abismo de un acantilado o de un edificio y siento el vértigo de que se acaba el piso donde me paro. Ahí donde empiezo a pensar de veras, cuando doy un paso al vacío de mis ideas y me lanzo a volar a riesgo de estrellarme en la piedra o en la acera. “La duda, en suma, es estar en lo inestable como tal: es la vida en el instante del terremoto, de un terremoto permanente y definitivo.”[8]
Pero ese lanzarse al vacío es olvidar que tenemos un cable por el que caminar, o un parapente, o un paracaídas que se llama razón, que, si estamos acostumbrados a creer que la tenemos, pero no a creer en ella. “El intelecto es el aparato mas próximo con que el hombre cuenta. Lo tiene siempre a mano. Mientras cree no suele usar de él, porque es un esfuerzo penoso. Pero al caer en la duda se agarra a él como a un salvavidas.”. No estamos acostumbrados a pensar mucho y sobre muchas cosas, el hombre quiere creer, le da flojera pensar somos unos abúlicos y preferimos morir o matar por ideas a pensar.

Muchas ideas las adquirimos sin pensar, son producto de nuestra vida anterior o de nuestras circunstancias mas o menos comunes o mas o menos traumáticas de la vida. Cuando nacemos somos como una hoja en blanco y vamos desde que nacemos construyendo un sistema de creencias con las cuales vivimos y nos constituimos y no nos gusta ser cuestionados ni cuestionarnos. “Al hombre no le es dado ningún mundo ya determinado. Sólo le son dadas las penalidades y las alegrías de su vida. Orientado por ellas, tiene que inventar el mundo. La mayor porción de él la ha heredado de sus mayores y actúa en su vida como sistema de creencias firmes.”[9] No las solemos cuestionar a menos que sobre venga algo extraordinario como un evento traumático: como un abuso infantil, un divorcio, un homicidio, o un conjunto de eventos concatenados que poco a poco nos van direccionando a una creencia determinada y otras veces dudamos con esa duda que niega solo para autoafirmarnos frente a una creencia común.
Cuando volteamos a la vida no sabemos por que creemos lo que creemos y muchas veces lo solemos racionalizar diciendo que tal o cual evento nos hizo cambiar, o que tal o cual lectura o tal o cual persona nos hizo creer diferente. La realidad es que muy pocas gentes creen lo que creen producto de una meditación profunda de sus vidas y los acontecimientos. O muy pocos se sientan a pensar o poner a prueba su sistema de creencias.
Hay incluso muchos “intelectuales” que adoctrinan a sus maestros, ya sea vistos o leídos, algunas veces convierten a grandes autores y pensadores del tiempo en doctrina y no les dejan que se vaya creciendo en sus ideas, convierten a estos autores en monolitos acabados. Otros menos racionales se aferran a creencias verdaderamente simples, pero fáciles de asimilar y no por simples ciertas, poco dignas de crear una estructura vital capaz de sustentar a una persona en el bien ser.
UNA ANTROPOLOGÍA
Vemos que la creencia es un tema del ser y no podemos explicarnos muchas cosas sino recurrimos a un sistema filosófico con el cual podamos explicarlo. Cualquier sistema filosófico que usemos requiere una pequeña explicación de que se trata o es el hombre en su estructura. Fiel a la filosofía que entiendo, usare una vez mas del sistema aristotélico-tomista, pero no como doctrina por que, si no sería imposible trabajar con el, yo mismo soy perseguido por algunos celosos guardianes de la filosofía tomista por usarla sin su permiso. Aristóteles y Tomás de Aquino tienen un sistema de ideas capaz de construir nuevas respuestas a nuevas preguntas. Su filosofía es como un lego con diferentes piezas que nos permite ir construyendo nuevos edificios de pensamiento.
Para esta filosofía el hombre es un compuesto de materia y forma, lo cual constituye su ser hombre y da lugar su existencia. La materia es lo indeterminado y la forma es lo que determina. El hombre esta formado de una materia potencial que el cuerpo a formar por el alma inmaterial formadora, de la unión de ambas surge el ser hombre. Pero mal llamado compuesto, por razones didácticas le llamamos así, pero es absolutamente inseparable. Es una unidad absoluta: no puede haber cuerpo sin alma, ni almas separadas que podamos llamar hombre. La definición de escancia dice que es aquello que iba a ser el ser antes de ser. No es nada la escancia antes del ser, la escancia es en la unión entitativa de materia y forma. Y la esencia del ser hombre es ser cuerpo y alma racional, no un absoluto no separado, no perfectamente unido, sino constitutivamente ente. Cualquier intento de separarlo es meramente semántico o didáctico.
LA PROPUESTA
Lo que se propone aquí es que el hombre cree por que apetece, la creencia en una inclinación entitativa, por la cual me adhiero a algo anímicamente, buscando soporte vital y perene. Para esto pueda suceder debe ser una inclinación firme y estable de la racionalidad, concretamente del apetito racional. Pero no para ahí: este apetito racional baña a el resto de las potencias y me inclina también a nivel sensible y se refuerza creando intenciones vitales que dan sentido y sensación de bienestar.

Vayamos a la base antropológica del hombre desde el sistema propuesto, a riesgo de ser crucificado por los celosos guardianes del tomismo y los hijos predilectos de Aristóteles.
LAS POTENCIAS DEL ALMA
En la primer a parte, cuestión 78, corpus, de la Suma Teológica Tomás de Aquino habla de las potencias del alma. Menciona que hay 5 potencias del alma “Tres, dichos del alma. Cuatro, de las diversas clases de vida.”[10] Tomás de Aquino distingue tres clases de vida las cuales se pueden diferenciar “por el modo como la operación del alma supera las operaciones de la naturaleza corporal.”[11] El alma usa de el cuerpo como su instrumento para llevar a cabo sus operaciones, y la clase de vida va a estar determinada por como opera el alma con el cuerpo en las diversas clases de vida. De aquí se derivan tres modos de operar: La vida racional, la vida sensitiva y la vegetativa. Las potencias del alma se distinguen según su objeto y los diferentes tipos de vida tipos de vida dan lugar a tres tipos de objetos.
“Pues hay potencias del alma que tienen por objeto único el cuerpo que está unido al alma. Su género es llamado vegetativo en cuanto que la potencia vegetativa no actúa más que sobre el cuerpo al que está unida el alma.”[12] Este tipo de potencias pertenecen, el respirar, las funciones digestivas, el sistema inmunológico, por mencionar algunos. Nos inclinamos naturalmente hacia un lugar donde el aire esta más puro cuando este se enrarece, o a comer cuando el hambre apremia, o el cuerpo segrega glóbulos blancos ante una infección. Estas potencias se activan o entran en acto ante la presencia de una sensación o impuso físico. No tengo control de estos apetitos tiendo a ellos de una forma autónoma y vital. No opto, no elijo. Eso de: “échale ganas y te vas a curar del cáncer sin quimio” me parece una creencia absoluta sin razón.
“Otro género de las potencias del alma está referido a un objeto más universal, esto es, todo cuerpo sensible, y no solamente el cuerpo que está unido al alma.”[13] Aquí nos encontramos a todo aquello que es captado por los sentidos siendo primordialmente extrínseco no propio del cuerpo solamente. Aun cuando si tenemos un efecto físico que nos da noticia del objeto. Pero su percepción es muy compleja, por ejemplo, por la luz vemos figuras y por ellas es que determinamos: es tal o cual objeto el que vemos. Lo mismo sucede con las ondas sonoras con el oído o los gases con la nariz. De aquí se desprenden 5 órganos visibles.
“Hay un tercer género de potencias cuyo objeto es todavía más universal, puesto que no acaban sólo en el cuerpo sensible, sino que llegan a todo ser sin excepción.”[14] Aquí Tomás de Aquino se refiere a los seres inmateriales específicamente, y genéricamente a los sensibles pues tenemos noticia de los inmateriales primordialmente por los sentidos. Aun cuando hay objetos simplemente pensados. Como: “el pienso luego existo” de Descartes. Lama la atención que para El Santo el cuerpo no es siempre ajeno a lo racional ya que actuamos, o el alma se relaciona eminentemente por el cerebro a lo inmaterial. Por eso los chicos con carencias físicas limitadas parecen menos racionales, ya que su racionalidad no recibe toda la información debida. El hombre es un cuerpo animado racionalmente y en tanto si se daña su cuerpo se limitan sus potencias, aun las internas, intectivas o racionales. Pero no nos deja aquí el Aquinate en la explicación y nos dice: “las intelectivas, referidas al objeto más común, esto es, el universal.”[15]
Hasta aquí solo tenemos tres géneros de potencias y nos habría prometido cinco, a lo que agrega las otras dos diciéndonos: en los modos como tendemos al objeto extrínseco. Pero como las potencias vegetativas están unidas a su cuerpo sensible no suman para este efecto. “La otra manera, en cuanto que la misma alma tiende hacia el objeto exterior.”[16] Estos objetos son mas generales, más universal, por lo cual están menos determinadas que las sensibles y estas ultimas menos determinadas que las naturales.
“Las apetitivas, por las que el alma tiende al objeto extrínseco como a su fin,”[17] Todo movimiento de algo hacia algo requiere de un acto primero que es la intención que es el principio de cualquier operación. Sino apetezco para que me muevo. “las locomotrices, por las que el alma tiende a un objeto exterior como al término de su operación y movimiento, ya que todo animal se mueve hacia la consecución de aquello que se propone y que desea.”[18]. el movimiento se inicia en una intención y termina en la consecución sin estos dos elementos no puede haber movimiento.
Es así como quedan definidos los géneros de las potencias del alma.[19]
OPERACIÓN DE LAS POTENCIAS DEL ALMA
Vemos que las potencias del alma se dan se un modo jerárquico, el alma vegetal solo puede tener las potencias que le son propias, mientras que el alma sensible tiene las propias del alma sensible más las del alma vegetativa. Así el alma racional opera a los tres niveles anímicos: en el vegetativo, el sensible y el racional. Siempre de un modo racional en todas las diferentes potencias, pues no es que tengamos tres almas los seres racionales, sino tres géneros de potencias y no actúan separado. El vegetal lo podemos cortar y no se queja, si el hombre se corta si siente el corte y lo expresa y hasta lo comunica racionalmente a otros que se corto. Mi perro se queja, si le duele la pata, aúlla, pero no me ha podido decir nunca: me duele la pata, dame medicina o cúrame. Cojea o aúlla, pero no sabe decirme que tiene.
Ya habíamos apuntado brevemente que el alma racional para su operación requiere de la información del mundo exterior y esta no se la puede proporcionar ella misma, como va a tender al bien si no tiene información de él. El objeto de las potencias del alma es lo conocido por medio de los sentidos sin la materia. Así tengo una silla delante de mi la veo tiene cuatro patas un respaldo que se ve cómodo. Al hacer esta descripción el lector podrá perfectamente saber que hay una silla frente al que escribe, nos hemos comunicado sin que la vea, con el concepto silla, el accidente cuatro patas, y el accidente respaldo cómodo. Todo sin que haya mediado de promedio materia, unas letras si, pero mas abstractas aun que la silla comunicada. Abstractas por que la comunicamos racional es abstrayéndonos de la materia. Es un concepto abstracto, por mucho que lo sea de algo muy material. Sin conceptos no hay comunicación racional. Tan inmaterial como una creencia vital, cualquiera.
La comunicación sensible es por medio de medios materiales, mi cocinera nos comunica que ya esta la comida por el olor es una comunicación sensible y muy concreta huele a pollo frito con arroz y salsa de tomate. La silla que te imaginas en tu mente, con el concepto que te transmití, no tiene color, forma especifica. Puede ser cualquier silla, pero siempre será una silla. El concepto silla. La comida no es especifica y concreta.
Las almas tienen muchas potencias y cuanto más inmaterial es una potencia menos determinada esta a sus objetos. Así por ejemplo mi potencia nutritiva no esta orientada a muchas cosas solo a aquello que es comestible y digestible. El perro puede comer: carne, cereal, huesos, pero no vegetales. El hombre no puede ingerir metal y muchas cosas le son toxicas. Su potencia nutritiva esta orientada a cosas especificas dentro de una amplia gama de alimentos. Una planta solo se nutre de los nutrientes que le son propios y de ningún otros. El hombre tiene muchas opciones de nutrición, el perro también varias, aunque menos y la planta no solo unas cuantas que le son muy especificas.
EL CONOCIMIENTO PARA APETECER
Para poder apetecer es necesario conocer, si huelo a pollo frito y es hora de comer apeteceré seguramente si he probado el pollo frito antes. Lo mismo sucede con los apetitos intelectuales para poder apetecer lo bueno necesito conocerlo, el apetito es una potencia distinta al conocer.
Como conozco que hay una rica comida y luego tiendo a ella: las almas animales más desarrolladas cuentan con potencias diversas para conocer, la filosofía clásica nos habla de 5 sentidos: Vista, oído, olfato, gusto y tacto y para ello hemos desarrollado igualmente 5 órganos fácilmente identificables. Con ellos detecto el mundo exterior y lo conozco que es el objeto de las potencias del alma sensitiva. Estos están conectados a su vez a otros sentidos internos que: decodifican, guardan, clasifican y optan sobre las sensaciones externas. El sentido común asocia los de las diversas sensaciones y las une o separa. Por ejemplo, oímos el sartén donde hierve el aceite, olemos el olor al aceite hirviendo y el sentido común lo asocia a una misma sensación. Estamos muy acostumbrados al cine con sonido y si un día vemos imágenes sin sonido sentimos que algo nos falta, el sentido común protesta, le falta sonido. La imaginación guarda imágenes visuales, auditivas, olfativas, gustativas y táctiles. La menoría las ubica en el tiempo y las clasifica acomodándolas ordenadamente como en un disco duro de una computadora. Por su parte la cogitativa las compara y las clasifica de convenientes o inconvenientes, es una especie de inteligencia que funciona por comparación, si como un alimento que me cayo mal lo asocia como malo y la próxima vez que lo huela, palpe o vea, lo rechazare.
Esto es en breves palabras la sensación sensible, no quisiera detenerme mucho en ella por que no es el objeto del estudio. Por ahora nos da una idea de cómo funcionamos, se que quedan muchos puntos sin tratar, pero no se busca hacer un tratado de las pasiones.
Lo importante es que haya quedado claro como apetecemos las cosas del mundo con los sentidos externos y los internos, y tendemos a ellas como a lo conveniente para la vida corporal. Sobre todo, apuntar como: son múltiples las potencias del alma sensible y especificas de sus propias acciones. No hemos hablado de la potencia locomotriz solo de la apetitiva que es el precio del movimiento en cuanto a la intención y el último en cuanto al fin y se da cuando se satisface el apetito. Mientras que el movimiento tienda al objeto como al termino de su operación y una vez alcanzado cesa es el primero en cuanto a la acción.
EL APETITO INTELECTUAL
La voluntad es mucho más simple y por lo mismo mucho más compleja de entender, es una potencia del alma que esta íntimamente asociada al intelecto, de hecho, muchas veces se habla de racionalidad refiriéndose al binomio: inteligencia y voluntad. La voluntad con ser tan fuerte es ciega ve lo que le presenta la inteligencia y de ahí elige y opta. La voluntad tiende al bien que le presenta la inteligencia como el apetito sensible a el bien que le presentan los sentidos internos que a su vez decodifico de los externos.
El problema de la voluntad es aun mas complejo que el de la apetencia sensible pues esta menos determinada. Llego a un restaurante y me muestran un menú de cosas que puedo comer, inmediatamente, inconscientemente descarto aquellas que no me gustan, es como una operación que procesará el apetito natural, que se siente frente a algo que no le conviene y lo rechaza o ignora. Me quedo con el plato principal y hoy hay: pollo, carne y pescado, no estoy determinado a ninguno de los tres, debo optar. Este problema se multiplica al llegar a la voluntad, esta muy poco determinada en lo particular. El apetito natural tiende a la nutrición como a su sustento y el sensible, también tiende al alimento, como a su bienestar. La voluntad tiende a el como al instrumento para llegar a la felicidad. Vemos el natural se orienta a mantener al ser en la vida y la especie en el tiempo. El sensible a los bienes apetecibles en tanto vemos como bienes. Mientras que “Todos desean la felicidad unánimemente. Si esto no fuese necesario, sino contingente, fallaría al menos en unos pocos casos. Por lo tanto, la voluntad quiere algo necesariamente.”[20] Al bien que tiende la voluntad es a la felicidad. Algo análogo a lo que sucede con la potencia apetitiva que tiende al bien la voluntad tiende a la felicidad solo que esta tiene muchas formas de llegar a ella y concepciones de ella. Lo que vemos es que la racionalidad es una potencia muy indeterminada, tanto en el conocer como en el quiere, específicos.
Es difícil decir que es la felicidad en lo particular, pero podemos barruntar algunas cosas sobre ella: primero que es un bien que corresponde al apetito racional o voluntad, luego tiende o debiera tender a algo más allá de lo material. Si buscara muchos medios materiales, pero en tanto medios. “Pues hay bienes particulares no relacionados necesariamente con la felicidad, puesto que, sin ellos, uno puede ser feliz.”[21] Estos bienes no son espirituales luego: “A dichos bienes, la voluntad no se adhiere necesariamente.”[22] Sto. Tomás de Aquino ve que la voluntad tiende a Dios ser inmaterial. “En cambio, hay otros bienes relacionados necesariamente con la felicidad, por los que el hombre se une a Dios, el único en el que se encuentra la verdadera felicidad.” Y esta es la visión cristiana de la voluntad. Lo que es claro independientemente d e la visión particular de las religiones es que la voluntad tiende a la felicidad y esta rebasa lo material pues sino la desearíamos con el apetito sensible que es para lo que esta potencia se inclina específicamente.
El problema surge ahora con el modo de conocer de la voluntad, ya dijimos que esta es un apetito y los apetitos son potencias que requieren del apoyo de otras potencias para conocer. La voluntad conoce por el intelecto, “Pues a todo movimiento de la voluntad es necesario que le preceda un conocimiento.”[23]
EL CONOCIMIENTO DE LA VOLUNTAD
El intelecto es de donde aprehende la voluntad, el intelecto le presenta al intelecto sus razonamientos y conclusiones de aquello que es bueno y la voluntad aprehende de ahí lo que es bueno. “a todo movimiento de la voluntad es necesario que le preceda un conocimiento.”[24]
Hemos usado la palabra aprehender que viene del latín: “apprehendĕre” y nos dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española que significa: coger, asir, adquirir conocimiento.[25] Vemos que el sujeto a de la oración es activo: es el quien: coge, ase o adquiere conocimiento, esto es relevante por que la razón no le impone a la voluntad una idea determinada, es la voluntad quien la toma o no, y si no le agrada le hace buscar algo nuevo: “la voluntad mueve a todas las potencias del alma, como causa eficiente, para la ejecución de sus respectivos actos, excepción hecha de las potencias vegetativas, que no están sometidas a nuestro arbitrio.”[26] Incluso lo hará con el raciocinio que le impulsará a conocer, “la voluntad quiere que el entendimiento conozca.”[27] La voluntad tiene apetito de que el entendimiento conozca y lo impulsa a ello. La voluntad mueve a el conocimiento para que conozca la felicidad.
Por otro lado, el entendimiento conoce también el movimiento de la voluntad y lo que la voluntad quiere. “Así decimos que el fin mueve al agente. Es de esta manera como el entendimiento mueve a la voluntad, porque el bien conocido es su objeto; y la mueve a modo de fin”[28] Vemos que hay una relación intima entre estas dos potencias en donde la voluntad no puede querer nada que no le sea presentado por el entendimiento y mientras que no hay nada que pueda ser conocido si la voluntad no impulsa al entendimiento a conocer. Como la voluntad quiere la felicidad, el máximo bien, va a apetecer que el intelecto le presente este bien. Cuando este bien le sea presentado se adherirá a el y moverá a todas las potencias hacia el. “De todo lo dicho se desprende por qué estas dos potencias se implican mutuamente en su actividad. Esto es, porque el entendimiento conoce que la voluntad quiere, y la voluntad quiere que el entendimiento conozca. Y, por lo mismo, el bien está contenido en lo verdadero en cuanto que es conocido, y lo verdadero está contenido en el bien, en cuanto que es deseado.”[29]
Aun queda un comentario por hacer y se refiere a puntualizar que la voluntad esta determinada buscar la felicidad como ya se dijo, pero no a los medios para llegar a esta, luego la voluntad esta indeterminada ante muchas cosas, lo mismo que sucede con el entendimiento que esta determinado necesariamente a los primeros principios, pero no al resto del conocimiento. Así sucede que pueden ser muy veleidosas estas dos potencias, en función de su indeterminación, por ejemplo, mañana quiero ser bombero y luego piloto o capitán de barco como sucede con los niños chicos en donde su voluntad sigue indeterminada. Lo mismo sucede con su conocimiento que un día se interesan por los dinosaurios y al siguiente mes por los animales de la selva. Luego es necesario que se vayan adhiriendo a un camino que lo lleve a la felicidad y no estar perdido y cambiando continuamente en un sentido u otro. Es por eso por lo que somos lo que deseamos, en lo que creemos. Tampoco es claro cual es la felicidad: para un budista será Buda, para un judío Yave, para un árabe Mahoma y para un cristiano Cristo y para un ateo la negación firme de la existencia de Dios. De ahí luego buscamos ese ultimo fin con absoluta necesidad, pues a eso esta determinada la voluntad y una vez encontrado primero nos adherimos a ello y luego definimos los medios de cómo llegar al fin ultimo aprehendido. Todo esto con la asistencia de el raciocinio.[30]
Las potencias son sujetos de hábito, no las naturales o si acaso mínimamente por asociación vital. “en cuanto a las operaciones que proceden de la naturaleza, el cuerpo no admite disposición de hábito alguno, porque las fuerzas naturales están determinadas a un único modo de obrar”[31]. Pero las potencias apetitivas si nos habituamos a comer con sopa y sin ella no sentimos que comemos bien, otros al pan y otros a las tortillas. Mas necesario es el hábito en las potencias superiores que están aun más indeterminadas. Vallamos pues a revisar los conceptos del hábito.
EL HÁBITO
Sin el hábito el hombre estaría perdido en una selva llena de atracciones: frutos exóticos de múltiples colores, animales de muchas especies, que caminan, vuelan y nadan. Todos exuberantes y apetecibles y no sabría a cuál dirigirse, la vida nos ofrece múltiples opciones y debemos estar continuamente rechazando muchas y aceptando solo algunas. Para lo cual necesitamos un criterio general de actuación que nos permita ir optando fácilmente sobre lo previamente decidido.
Las potencias apetitivas racionales y las sensibles requieren de cierta habituación no así las potencias naturales como dijimos arriba para esto contamos con el hábito. El hábito es una disposición difícilmente removible por la que tendemos a ciertas cosas y rechazamos otras. Pues el hábito esta en función del tender hacía algo concreto entre la multiplicidad de cosas que nos ofrece la vida.
¿Qué es el hábito y que función tiene en cada uno de los apetitos?
Hábito es una disposición para actuar, no en si mismo el actuar ni la potencia, es en estricto sentido una disposición de la potencia para actuar en un sentido determinado. “La palabra hábito procede del verbo haber, del cual deriva en un doble sentido: bien en cuanto el hombre o cualquier otra cosa tiene algo, o bien en cuanto una cosa se ha de un modo determinado en sí misma o respecto de otra.”[32] Es el segundo modo en el que importa aquí el termino tener. Por el hábito tengo una potencia bien dispuesta a actuar en algún sentido; estoy bien dispuesto a comer sopa en la comida. Tengo la potencia de comer sopa, pero también de otros alimentos, pero tengo el hábito de comer sopa en particular, la diferencia en estar bien dispuesto a comer sopa u otro alimento es el hábito. Si no la hay tengo hambre probablemente coma otra cosa, pues la potencia de comer cosas saludables está en mi. El hábito tampoco es el hecho de comer sopa, esto ya es el movimiento en si. La potencia es el principio del movimiento y comer sopa es el hecho de comer sopa. El hábito se encuentra en medio, es la buena disposición de la potencia: “es a modo de acto que es peculiar del que posee algo y de lo poseído por el, y que es a manera de una acción o movimiento”[33]
También se habla de hábito en otro sentido “en cuanto una cosa se ha de un modo determinado en sí misma” este sentido de habito es como se da la creencia, pero es necesario pasar antes por el habito operativo.
Como dijimos antes no es la producción ni lo producido, tampoco la potencia es la “disposición por la cual lo dispuesto se halla bien o mal dispuesto, ya en sí mismo ya en relación con algo:”[34] Si, se usa el termino en dos sentidos en relación con uno mismo: como cuando estamos enfermos estamos mal dispuestos, en general y no con respecto a nada exterior en particular. Pero con relación a algo es lo que determina el hábito, estamos bien dispuestos o mal dispuestos a ejercer cierta potencia sobre ciertos objetos y sobre otros no. El hábito esta ordenado a lo exterior a nosotros y a lo más conveniente. “Por consiguiente, el hábito importa no sólo orden a la misma naturaleza de la cosa, sino también, consiguientemente, a la operación, en cuanto es fin de la naturaleza o medio para conseguirlo.”[35] El hábito en el segundo sentido, no es el acto ni el fin pero ordena a la potencia al acto y al fin, de modo que cuando se presente el objeto externo objeto propio de la potencia opta hacia el y hace que toda la acción se ordene a la consecución del objeto que le es propio.
Entre más indeterminado esta una potencia, más requiere de los hábitos. Lo que nos es natural, no esta abierto mas que a aquello a que esta desde su naturaleza determinado. “pues hablando el Filósofo de los hábitos del alma y del cuerpo, en el libro VII Physic., dice que son disposiciones de lo perfecto para lo óptimo; y llamo perfecto a lo que está dispuesto conforme a la naturaleza.”[36] Es natural a la potencia de respirar hacerlo según un ritmo de la necesidad corporal propia del estado del sujeto y no solemos tener control de ello, si corremos respiramos más rápido que si estamos en reposo. No hay entonces hábito del apetito natural como explicamos antes, pues esta en la naturaleza del hombre el respirar de acuerdo con la demanda de oxigeno de su estado y lo hace de un modo optimo. No tiene sentido tener un hábito de lo que ya esta óptimamente determinado por la naturaleza.
Hablamos de bien o mal dispuesto en dos sentidos. Primero por que nos disponen bien o mal a un determinado acto; comer sopa en vez de un arroz. Nos disponen a un de dos cosas buenas, probablemente si hurgamos un poco vemos que nos disponemos a lo que nos conviene más sin darnos cuenta ya que a unos les cae mejor un caldo que un plato de arroz, pero dejemos esta acepción sin problematizarla. La segunda manera es que los hábitos están ordenados a lo mejor del hombre o deberían de estar los hábitos a perfeccionar su naturaleza, donde ésta, no esta determinada, por eso hablamos de bien o mal dispuesto en otro sentido, en el sentido de ordenarlos a lo más conveniente para el ser humano. “pues es de la esencia del hábito importar cierta relación de conveniencia o inconveniencia respecto de la naturaleza del sujeto.”[37]
Para que se de el hábito se requieren tres condiciones: “Primera, que el sujeto que se dispone sea distinto de aquello a lo que se dispone, y así esté respecto de ello en relación de potencia a acto.”[38] Que el objeto al que se tiende sea distinto del sujeto hacia el cual este en potencia, que este en potencia hacia algo. El hombre no esta en potencia de volar luego no tiene sentido tener un hábito de volar naturalmente como lo tiene el ave, sin embargo, estamos en potencia de caminar o de correr, por que si tenemos esa potencia. “Segunda, que lo que está en potencia para otra cosa, pueda ser determinado de muchas maneras y para diversos fines.”[39] El ave en general esta bien dispuesta para volar, tiene la potencia de volar, pero también de caminar y todo esto respecto a su desplazamiento. El hombre aun más: puede correr, brincar, caminar, son formas de desplazamiento naturales, hay quienes tienen el hábito de ir rápido por la calle, y cuando van de compras a un centro comercial, les cuesta mucho trabajo ir despacio. “Tercera, que a disponer al sujeto a uno de aquellos modos para los que está en potencia concurran muchos elementos, que puedan conmensurarse de diversas maneras y el sujeto resulte así bien o mal dispuesto para la forma o para la operación.”[40] Cuando las operaciones son simples tiene poco sentido el hábito, cuanto más complejo es un objeto mas necesario se vuelve el hábito. Si lo que quiero es participar en las olimpiadas corriendo me tendré que habituar a muchas cosas y muy complejas, además no es lo mismo si voy a correr carreras de velocidad que carreras de fondo, si corro los 100 mts. planos tendré que tener un arranque muy rápido, un impulso con los brazos, muy fuerte, etc. Si hago una carrera de maratón trabajaré mucho en la respiración acompasada, en un paso continuo y el arranque tendrá poca relevancia. Ya no digamos una disciplina como salto de pértiga o cosas por el estilo, donde la complejidad de la actividad requiere técnicas altamente depuradas donde deberé practicar un sin numero de cosas para ejecutarla bien. Las actividades diarias a las que estamos habituados no son muy diferentes, se nos hacen muy simples por que estamos habituados a ellas, pero pónganse a enseñarle a un niño de 3 años a tomar apropiadamente la cuchara de la sopa y verán lo poco fácil que le es. Cuando nos adentremos en las operaciones de los apetitos superior e inferior y de la inteligencia y sentidos internos veremos cuan complejo se vuelve su accionar y cuan necesario se hace el hábito.
“En otro sentido se llama hábito una disposición según la cual esta bien o mal dispuesto lo que está dispuesto, y lo está o por sí mismo o en orden a otro; por ejemplo, la salud es cierto hábito, pues es una disposición tal. Todavía, se llama hábito si es una parte de tal disposición; por eso también la excelencia de las partes es cierto hábito.”[41]En este sentido el hábito es más que una disposición para la acción es un cierto estar aquí procede más correctamente el termino haber o haberse. No es menos importante, aunque es menos tratado este tema en general. Obviamente también tiene que ver con la acción, pero también con la pasión, o sea como recibimos las cosas. Pues al estar enfermos recibimos mal muchas cosas como el que tiene el hábito del mal humor va a actuar negativamente y recibirá mal muchas cosas.
EL FIN DEL HOMBRE
Creemos por que el hombre es una compleja estructura en la que distinguimos tres apetitos dos de los cuales no están determinados a los medios para alcanzar sus fines, aun así, el tercer apetito no es independiente, es parte constitutiva del hombre y participa de los anteriores de una u otra forma.
La voluntad dijimos tiende a la felicidad y también vimos que esa felicidad no es clara que es para cada uno. Durante la historia de occidente y el hombre se ha construido diversos sistemas de creencias sobre que es la felicidad, los más altos y no solo son de occidente, se les llama religiones por que tienen a Dios como a su fin o a un concepto de Dios o dioses. Es verdad que estos conceptos de un ser superior este impreso en casi todos los hombres, este concepto es muy primitivo, pero no por eso es el menos importante, el concepto de alcanzar la felicidad en la finitud en esta vida resulta en si mismo aterrador. No faltara algún lector alterado que ya este juntando leña verde, cuando digo esto y no lo hace no por otra cosa sino por que atento a sus creencias. Otros por que es insuficiente o parcial o herética mi afirmación. Las creencias son fuertes y atentar contra ellas es ir contra el sustento interno del que no cree como yo. No importa la realidad esta ahí patente dándonos en la cara: todos los pueblos primitivos han tenido sus dioses a quien adorado y tienen una concepción de la vida y responden a las religiones mas antiguas y diseminadas por el planeta.
La voluntad tiende a la felicidad y como esta indeterminada a esta, la busca, pero no sabe cual es. En occidente principalmente en la Grecia racionalista y sus pueblos herederos de ella cuando no la encuentra crea sistemas, así aparecen diversas posturas para interpretar la felicidad: Hedonismo sistema filosófico que basa la felicidad en el placer máximo con una visión escasa del más allá. Voluntarismo filosofía que ve la felicidad en un pacto social, en la unión de voluntades y sentimientos desinteresados todos apoyados por un racionalismo comunitario. Racionales que buscan el bien en conocer. Epicureísmo que busca la felicidad en la autonomía, dominarlo todo sin ser dominado por nada, ahuyentar el temor de los dioses, disipar el miedo a la muerte, extirpar el deseo de placer sensible. Estoicismo donde la felicidad esta en la virtud, en la imperturbabilidad de ánimo hasta la apatía, hay que aceptar el destino y liberarse de las pasiones. Escepticismo que ve el bien supremo en dudar siempre ya que el pro y el contra se equilibran, es mejor no opinar. Eclecticismo encuentra la felicidad en la mejor idea del momento, consentimiento universal (de todo) y conciencia común. Emotivismo la felicidad se equipará a las buenas emociones. Como vemos el repertorio es más o menos amplio y esto no es más que un ejemplo sintético de la vasta de posturas sobre la felicidad que se ha propuesto el hombre a lo largo de la humanidad. Nótese que todas las enumeradas aquí corresponden a formulaciones filosóficas completas, no a meras ocurrencias, las cuales han estado en boga y han tenido largos grupos de seguidores y estudiosos de ellas, y no pocas veces las han terminado constituyendo en doctrinas en las cuales se ha creído y por las que se ha vivido y muerto.
Esto es una muestra de la necesidad de creer que ha tenido la humanidad de creer a lo largo de la historia y me quedo con occidente solo por que es donde más se ha estudiado y escrito sobre ellas, no solo como ideas, doctrinas o conjuntos de creencias sino también como han impactado en la historia de occidente.
Vemos como nos hacemos o adoptamos sistemas de creencias por los cuales o en los cuales vivimos. Estos sistemas se anidan en la voluntad a modo de conjunto de hábitos y por ser hábitos son sumamente arraigados y la voluntad mueven a el resto de las potencias en el sentido habituado. De modo que se vuelven segundas naturalezas.
EL HOMRE Y SU RAZON
El hombre no nace en el edén absorto de todo mal y tentación, todo lo contrario, nace casi siempre en un contexto complejo lleno de sufrimientos aflicciones. Nacemos llorando, inermes ante el mundo y dependientes de nuestros mayores y según vamos creciendo el mundo nos va ofreciendo bienes y males. Algunos mas unos que de otros. Nos vamos conformando por muchas experiencias diversas que nos van conformando. En ese proceso vamos mamando una serie de ideas y valores que van conformando nuestras creencias, algunas muy racionales como las de que el autobús pasara a recogerme y otras más volitivas sobre Dios y el mundo.
En este proceso de crecimiento solemos recibir una instrucción doctrinal y cuando no la recibimos, la buscamos en lo que aprehendemos. A la par de esto vamos recibiendo una serie de experiencias más o menos traumáticas que buscamos explicarnos con estas doctrinas y estas se van o conformando o robusteciendo o contradiciendo, creando un sistema vital de creencias.
El raciocinio le va presentando a la voluntad una serie de creencias de diferentes fuentes y le va presentando también las fuentes y la calificación de estas fuentes que suelen ser figuras de autoridad, aunado vienen las experiencias sensibles que llegan al apetito sensible reforzando esas creencias o debilitándolas. Es de este modo que vamos conformando una serie de creencias que forman sistemas internos, por los cuales vamos viviendo mejor o lo que para nosotros representa lo mejor.
LAS CREENCIAS COTIDIANAS
Hay una serie de creencias de la vida diaria del modo del trafico, de la autoridad, de los alimentos, de la salud, enfocadas al diario vivir y no nos cuestionamos, las damos por sentadas y por tal nos facilitan enormemente la vida. Son ese conjunto de hábitos en los que nos movemos día a día, me levanto por las mañanas me arreglo para el trabajo salgo tomo el auto y sigo por mi camino acostumbrado y no me cuestiono. No pienso me bañare o no hoy, me lavare la boca o no. Lo hago o no lo hago, pero no me pongo a razonar en la conveniencia de desayunar o no y lo nutritivo o calorías del desayuno, simplemente lo hago, alguien puede estar a dieta o si esta habituado a contar las calorías y no lo piensa solo lo hace. Estos constituyen una serie de hábitos cotidianos que responden más al apetito sensible que al volitivo. Entran por los sentidos internos son procesados por el sentido común, la menoría y la imaginación y la cogita opta de forma automática en milisegundos dando sensaciones placenteras si se conforman al diario vivir o dolorosas o incomodas si se apartan de nuestro modo de operar habitual. De ser este el caso, que se aparten, los sentidos internos y externos suelen reaccionar apropiadamente, formando un conjunto básico de defensa de nuestro ser. Si salimos a tomar el autobús y este se descontrola y se nos viene encima corremos y nos salvamos de una tropello dejándonos un buen sentimiento de susto. Es cuando se salen de lo habitual que entran más propiamente en acción. Pero si transitamos por la calle y vemos una obra en la banqueta nos hace pasarla con precaución evitando un accidente, quizás menor.

Estos hábitos cotidianos al no darse nos cansan y nos conflictúan internamente. Al viajar hay muchas emociones nuevas, pero al cabo de un periodo no muy largo extrañamos nuestra comida, el orden publico que nos es común, transporte, etc. Y nos cansamos, así al volver de una vacación expiramos en un sillón al fin en casa y ¿no volvemos más cansados? Muy contentos con las nuevas experiencias, pero requerimos unos días para regresar a nuestra rutina en donde no se piensa, se actúa, la tendencia habitual se había roto temporalmente y eso cansa, requerimos volver a cogitar o incluso razonar muchas cosas que eran tendencias habituales que no requerían cognición o razonamiento alguno, las vacaciones son a fin de cuentas una suma resta de placeres y dolores donde la suma al principio es muy positiva, pero al final cansan. Esto es un claro ejemplo de lo que Ortega y Gasset llama creencias, pero el no se queda ahí, estas son hábitos apetitivos cotidianos.
LOS HÁBITOS VOLITIVOS Y RACIONALES
Los arriba enunciados no son cosa menor, imagínense la vida teniendo que pensar cada pequeño movimiento de nuestra vida para ver si o si no lo hago o lo hago así o de este otro modo. Que gran perdida de tiempo en cosas para las que afortunadamente contamos con un andamiaje de hábitos del apetito sensible que nos inclinan a llevar una vida más dedicada a la razón y a la voluntad y menos dedicada al instante apetitivo.
Pero de un modo u otro la mayoría de las personas más ricas o indigentes contamos con este andamiaje habitual. Esta habituación se da en los apetitos cuando no hay o ha habido participación de la voluntad, sin un sentido moral. Estos hábitos nos ordenan a lo perfecto como dijimos antes, así “Como ocurre con lo perfecto, también ocurre con el bien, que se dice metafóricamente de los males, pues se habla de un perfecto hurtador o ladrón y de un buen hurtador o ladrón.”[42] Esto se extiende a los oficios o trabajos para los que estamos bien o mal dispuestos.
En los hábitos racionales y volitivos el impacto en el hombre es mucho mayor o de mucho mayor trascendencia, involucran a toda la creatura y la inclinan a hacer cosas que la marcan vitalmente. Por estos si morimos y es aquí donde empiezan a adquirir el nombre de creencias e incluso nos modifican el nombre. Después de estudiar la carrera de ingeniero las personas te dicen ingeniero tal o cual, pero anteponen el nombre de Ing. y lo llevarás gravado por siempre. En cuanto a los volitivos interviene también la moralidad y esta a su vez la sometemos a un sistema habitual que llamamos creencias o sistema moral. Pero vayamos por partes para no perdernos.
LOS HÁBITOS RACIONALES
Los hábitos racionales son todavía más propiamente hábitos que los apetitivos se adquieren por repetición y por el impacto del o los eventos que nos lo generaron, efectivamente pueden darse por un evento traumático pero normalmente es por una serie de eventos repetidos, incluso cuando se trata de un evento traumático este puede escalarse y haber tenido uno y luego uno mayor hasta adquirir el hábito, se generan por la combinación de dos cosas repeticiones y el impacto de las acciones de quien actúa.
Los hábitos racionales no solo no son la excepción, sino que se dan las repeticiones de manera más obvias. Quien estudia una carrera de ingeniero tiene que pasar muchas horas estudiando: algebra, calculo diferencial, calculo vectorial, estructuras, y otras muchas disciplinas relacionadas con la carrera. Cuando adquiere el titulo o termina sus estudios después de 5 largos años de quemarse las pestañas acabara siendo un ingeniero. Esto que significa, que ya ha incoado en el hábito de ingeniero, es tan fuerte este hábito que los demás lo perciben y nos acaban llamando por el, nos colocan el pronombre ingeniero o la abreviatura Ing. adelante del nombre. Ya no somos lo que fuimos cuando antes de iniciar la carrera. Se puede ser más o menos: ingeniero, doctor, administrador, abogado, o cualquier otra carrera, pero si concluimos razonablemente los estudios seremos lo que estudiamos en alguna forma. El raciocinio ya no es el mismo ahora cuenta con una estructura diferente de pensamiento que se fue desarrollando durante los años de estudio.
Hay de ingenieros a ingenieros, de doctores a doctores, de abogados a abogados, de qué depende esto: básicamente de la intensidad e interés que se le haya puesto al estudio durante la carrera y en segundo lugar de la capacidad personal de cada uno, esta ultima suele contar menos si se presento el apropiado examen de admisión y la institución valido la capacidad del postulante. Claramente hay vocaciones, quien tiene habilidad para alguna cosa y para otra no. Así hay quien tiene más fuertemente arraigado el hábito de una determinada profesión, desde luego que un hábito intelectual de este tipo puede seguir cultivándose ya sea por más estudios o por el trabajo en el área propia.
Hay otras formas de adquirir el hábito intelectual que solo a través de un medio tan formal como una carrera, de hecho, en siglos anteriores los oficios eran cosa de aprehenderlos empezando como aprendiz y al cabo de años de práctica se adquiría la maestría. El oficio hoy en día esta vigente, algunos aprehenden a base de experiencia trabajando en algún taller y otros toman cursos cortos, otros más aprenden de la empresa en que trabaja, pero siempre hablamos de un proceso de aprendizaje paulatino y dífilamente mudable, no se pierde fácilmente. Lo que bien se aprende jamás se olvida dice el dicho y aplica para el hábito.
Esta forma de hábito no forma creencia propiamente más bien crea habilidad. Nos pone en potencia de crear cosas que ante el objeto propio podemos hacer.
Nos iniciamos en estos hábitos que crean habilidades por que un día la inteligencia le presento a la voluntad una serie de posibilidades y esta las acepto por parecerle la más alcance o la mejor. Se establecido un dialogo largo previo entre la inteligencia y la voluntad y una vez decidido se lanzo en esa línea. Los que alcanzaron la meta, el oficio, la carrera pasaron muchas vicisitudes y sacrificios para alcanzar este objetivo, ganas de abandonarlo seguramente tuvieron, pero perseveraron por que la voluntad los sostuvo. No fue el caso de todos. En México solo el 21% de las personas que emprenden una carrera la terminan. Pudo haber razones invencibles para la voluntad que los obligo a abandonar, pero seguramente no llegarán a más de un 10%. Los apetitos internos presentaron un sinnúmero de cosas agradables y la razón los vio buenos y la voluntad cedió. Podríamos decir que encontró una justificación y la tomo como buena y para vivir feliz sin traumas seguramente entre la razón y la voluntad crearon una serie de justificaciones llamadas racionalizaciones para calmar la sed de esa buena educación: esa carrea es un fiasco, los profesores son muy malos, se gana mas de taxista, tuve que trabajar, no me dieron la beca, etc. La realidad suele responder a otras circunstancias, se junan con una mujer y se dedican a tener familia. Ella se embaraza y se ve obligada a abandonar. Se gana dinero rápido en la tienda y tengo ganas de ese coche. En la mayoría de los casos nos enfrentamos a una serie de racionalizaciones que buscan justificar abandonar un buen fin por una pasión de corto plazo. La mente es muy sabia y crea sistemas de creencias que le permitan vivir augusto con sus caprichos y abandonan bienes mejores.
Para el mal sucede lo mismo alguien no paga impuestos y se justifica pensando al cabo se los roban, otros corrompen por facilidad o flojera o abusan del poder por que simplemente es mar fácil y volvemos a salirnos de un proceso moral ortodoxo y nos vamos a justificaciones con un: todos lo hacen y cosas como esas.
Un asesino no empieza mañana y mata, va avanzando en su proceso de maldad poco a poco. Quizás se inicio con una riña callejera lastimando a alguien y luego otra hasta que un día mato a alguien, la primera vez habrá sido muy difícil pero luego se va a habituando a quitar la vida de otros a cambio de un beneficio económico o psicológico. Volviéndose un asesino y quizás ladrón eficiente.
Al hablar de que la voluntad tiene razón de bien debimos haber continuado diciendo inmediatamente y moralidad. No se puede hablar de bien sin hablar de los buenos medios para alcanzarla. Y la razón la asiste en su proceso de creación de un andamiaje de creencias que le permitan justificar su actitud, pudiendo esta incluso ser muy mala.
Hablemos del bien antes de empezar ha a hablar de la voluntad.
EL BIEN
“El bien es aquello a que todas las cosas tienden”[43] bien en absoluto es aquello a lo que todos unánimemente tienden, pero por otro lado nadie apetece algo que le es malo o que no ve como bueno. El apetito natural esta ordenado sin reservas a lo que esta determinado no tiene posibilidades de esquivar su bien. El apetito sensible esta ordenado a lo mejor paro lo que sensiblemente aparece ante el hombre, aquí si hay posibilidad de optar por varios bienes e incluso la consecución de los bienes algunos exigen pasar por ciertos males o resistir algunos males. “es necesario que en la parte sensitiva del alma haya dos potencias apetitivas. 1) Una, por la que el alma tienda simplemente hacia lo conveniente en el orden sensible, y rehúya lo perjudicial. A ésta la llamamos concupiscible. 2) Otra, por la que el animal rechaza todo lo que se le opone en la consecución de lo que le es conveniente y le perjudica.”[44] En el caso del apetito racional los bienes están más abiertos aun como hemos dicho son potencias menos determinadas y estas tienden a la felicidad del ser humano.
El bien para el apetito natural es único y va íntimamente asociado a el y naturalmente tiende a mantenernos en la vida en lo individual y en la especie. Es difícil no aceptar sus mandatos por no decir imposible. El bien del apetito sensible es el placer sensible y este no siempre es el mejor bien para el individuo ya que existen muchos placeres sensibles. El objeto del apetito racional es la felicidad que es aun más difícil de determinar.
Es importante tratar estos dos fines de los apetitos más abiertos el placer y la felicidad.
EL PLACER
“Admitamos como supuesto que el placer es un cierto movimiento del alma y un retorno en bloque y sensible a su naturaleza básica; y que el pesar es lo contrario.”[45] El placer tiene razón de fin para el apetito sensible quien tiene hambre busca el placer que le produce la comida, el que esta enfermo, siente placer al sanarse. Los apetitos sensibles están enfocados al bien de lo sensible. Muchas cosas aparecen como placenteras y los son a la visión del apetito sensible pero no todas le son convenientes, aun cuando todas sean bienes en si mismas. “Así pues, el placer es necesariamente un fin.”[46] Pero no es posible de hablar de el placer en absoluto pues los placeres son muchos sin contar los que se llaman por asociación placeres racionales. El apetito sensible va seguido de un movimiento sensible llamado sensación de aquí que a veces se le llame a todo el conjunto sensibilidad o sensualidad. El apetito sensible causa placer o dolor, en muchas de sus formas, pero no es propiamente el apetito el que causa placer. Son la sensibilidad externa y la interna las que causan placer o dolor, angustia, miedo, etc. Estas sensaciones suelen llevar asociadas el nombre de la pasión, pero hay que distinguir ambos, el apetito y el movimiento sensible producto de la sensación.
En efecto la vida y especialmente la moderna nos ofrece una serie de placeres reales y virtuales que tiene como o objeto darnos la felicidad, lo cual es falso, la felicidad pertenece al apetito racional. Pero esta innumerable oferta de placeres requiere de un escrutinio y apoyo de la razón para elegir bien. Tomemos en cuenta que además de los placeres están los hábitos que, como son como segundas naturalezas, también aparecen como placenteros: “Por consiguiente en la mayoría de los casos es forzoso que sea placentero el tender hacia lo que es conforme a la naturaleza y, sobre todo, cuando con ello recobra su propia naturaleza cosas que habían conformado conforme a ella. Lo mismo debe decirse en cuanto a los hábitos, por que lo que se hace por costumbre acontece ya como si fuera natural, dado que lo habitual es algo semejante a la naturaleza.”[47] Nos da placer un auto nuevo por consideramos que nos llevara cómodamente a distintos lugares y es mejor que cansarse tomando transporte publico que resulta incomodo, doloroso. Buscamos perfeccionarnos en nuestra actividad de transporte. El tema es pensar en las letras para pagarlo ya que adquirimos una deuda pesada, que es mejor seguir a pie sin deuda o cómodo y con deuda. Rara vez encontramos placeres simples que no compitan con otros: Comer ¿pescado o pollo? Y así miles de decisiones que tomamos todos los días unas más impactantes y otras menos. Pero en tanto ordenadas al apetito sensibles buscan el placer.
Podemos decir que el placer no es propiamente bueno ni malo, el carácter ético del placer esta en escoger los adecuados para cada persona en función de sus circunstancias y momento particular, desde luego que sean acordes a la naturaleza, recordemos que son disposiciones de lo perfecto para lo óptimo. Las atracciones que no van en orden a la naturaleza son malas en si mismas pues nadie debe desear aquello que es contra natura, si cocinamos con aceite de coche usado posiblemente nos intoxiquemos y eso va contra la salud, atenta contra el bienestar del individuo. Hoy justificamos muchas aberraciones sexuales que van contra natura y no por que se nos antojen son buenas.
“En efecto, puesto que ya hemos visto en qué sentido son buenos absolutamente hablando los placeres, y en qué sentido no lo son, los niños y los animales persiguen estos últimos, y el hombre prudente persigue liberarse de los mismos, es decir de los placeres que van acompañados de apetito y de dolor, y de los corporales (pues éstos son de tal naturaleza), y de los excesos de esos placeres, por los cuales el licencioso es licencioso.”[48]
El placer y las pasiones o apetitos sensibles no son malos en si mismos, van en general ordenados a la naturaleza del individuo, pero dada su la multiplicidad de su oferta debemos elegir aquellos que más nos convienen. En general contamos con los hábitos que son las tendencias a que se va inclinando el apetito de una forma difícilmente mutable y nos permite facilitarnos el contexto vital ya que hay muchas cosas que no necesitamos ver si son mejores o peores en cada momento los hábitos son intenciones pre decididas para asuntos concretos.
LA FELICIDAD
Este es el fin al que tiende la voluntad o apetito racional, pero esta más indeterminados los medios aun que los de el apetito sensible para el placer. Si le preguntamos a Aristóteles que es la felicidad nos dirá que es: “Una actividad del alma de acuerdo con la virtud perfecta”[49] qué es una virtud en el mismo libro da la respuesta: ”Se ha de notar, pues, que toda virtud lleva a término la buena disposición de aquello de lo cual es virtud y hace que realice bien su función”[50] En efecto para El Filosofo la virtud es una disposición: “Posesión o estado, o hábito se llama…” “En otro sentido se llama estado a la disposición por lo cual lo dispuesto se halla bien o mal dispuesto ya en si mismo o en relación con algo:”[51] Así queda claro que una virtud es un hábito para actuar bien y por el no se puede obrar mal. “La virtud humana, que es un hábito operativo, es un hábito bueno y operativo del bien.”[52]

Aristóteles antes de llegar a la conclusión de que en la vida virtuosa se encuentra la felicidad hace un extenso análisis de los diversos modos de vida. Si nos adelantamos un poco digamos que hay virtudes intelectuales por las que pensamos bien, morales por las que actuamos bien y teologales por las que llegamos mejor a Dios. Luego es más feliz el que piensa mejor, el que actúa lo mejor y el que busca a Dios Mejor. Siendo estos, en orden inverso al expuesto, los más altos a los que puede aspirar el ser humano y quien nadie se los puede quitar. Luego dan la felicidad. Pero abundemos más adelante por ahora terminemos de ver las virtudes.
La virtud como dijimos se encuentra más propia o necesariamente en las facultades racionales ya que estas como hemos dicho son las menos determinadas así habrá que empezar por distinguir las virtudes de dichas facultades.
A las virtudes del intelecto por los cuales podemos pensar bien se les llama virtudes intelectuales y a las de el apetito intelectivo o voluntad se les llama virtudes morales. “Existen, pues, dos clases de virtud, la dianoética[53] y la ética. La dianoética se origina y crece principalmente por la enseñanza, y por ello requiere experiencia y tiempo; la ética, en cambio, procede de la costumbre, como lo indica el nombre que varía ligeramente del de acos-tumbren”[54] Las virtudes intelectuales nos ayudan a pensar bien. El objeto del intelecto es conocer la verdad.
VIRTUDES INTELECTUALES
Las virtudes intelectuales que enumera Aristóteles son cinco: “Establezcamos que las disposiciones por las cuales el alma posee la verdad cuando afirma o niega algo son cinco, a saber, el arte, la ciencia, la prudencia, la sabiduría y el intelecto.”[55] De estos cinco hábitos intelectuales Tomás de Aquino refutara sobre que solo son tres ya desde los comentarios al libro de la ética de Aristóteles mismo que retoma en la Suma Teología, la razón de esto es que no se considera ciencia a lo que puede ser de otra manera, así descarta a las artes y a al prudencia. La prudencia la va a retomar en las virtudes volitivas, aunque en realidad es una virtud compartida por la inteligencia y la voluntad. El arte me parece que es valido aceptarlo como virtud intelectual por lo que se expone adelante.
“El arte, pues, como queda dicho, es un modo de ser productivo acompañado de razón verdadera, y la falta de arte, por el contrario, un modo de ser productivo acompañado de razón falsa, referidas ambas a los que puede de otra manera.”[56] Como se refiere a lo que puede ser hecho y esto puede ser de muchas maneras no lo ve como un arte, el Aquinate. Pero todo arte por ejemplo el de la construcción tiene sus principios, como en el caso de la arquitectura o la construcción de barcos. “Todo arte versa sobre la génesis, y practicar un arte es considerar cómo puede producirse algo de lo que es susceptible tanto de ser como de no ser y cuyo principio está en quien lo produce y no en lo producido.”[57] Así para hacer una casa requerimos a un arquitecto que conozca los principios de la proporción y los requerimientos de los espacios habitables. De aquí que, si se requiera de principios estables, que últimamente el arte pasa por un periodo ecléctico, no quiere decir que el arte de la proporción en la pintura o la armonía en la música no sean aun validos. El arte se ha ido más por el camino de lo que impresiona que por la proporción de lo bello, pero ese es otro asunto y queda claro con lo dicho que si es un hábito intelectual el arte. Y se requieren años de estudio y práctica para adquirirlos.
Por consiguiente, la ciencia es un modo de ser demostrativo y a esto pueden añadirse las otras circunstancias dadas en los Analíticos; en efecto, cuando uno está convencido de algo y le son conocidos sus principios, sabe científicamente;[58] Aquí Aristóteles se esta refiriéndose a las ciencias exactas como la matemática, la geometría, y ciencias como esas que tiene leyes precisas y que no admiten digresión alguna. Por consiguiente, lo que es objeto de ciencia es necesario. Luego es eterno, ya que todo lo que es absolutamente necesario es eterno, y lo eterno es ingenito e indestructible.[59] Resulta sumamente interesante como encuentra una vez más la razón eternidad en lo indestructible, Aristóteles acaba siendo un monoteísta creyente de la eternidad. Lo cual es muy fácil pensarlo de un fraile medieval y no de un griego que creció en una sociedad politeísta y racionalista.
Resta, pues, que la prudencia es un modo de ser racional verdadero y práctico, respecto de lo que es bueno y malo para el hombre. Porque el fin de la producción es distinto de ella, pero el de la acción no puede serio; pues una acción bien hecha es ella misma el fin.[60] Ya mencionamos como Tomás de Aquino y toda la tradición que le sigue, no cuenta a esta entre las intelectuales la razón es muy clara tiene que ver con la intrascendencia del acto humano, delo que queda en el de las decisiones que toma, y tiene un carácter moral, por ende. Es importante tomar en cuenta esta virtud por su importancia en la creencia. Convendrá retomarla detalle en las virtudes volitivas. Pero ya Aristóteles le va asignando un carácter moral: “Y es a causa de esto por lo que añadimos el término moderación al de prudencia como indicando algo que salvaguarda la prudencia. Y lo que preserva es la clase de juicio citada; porque el placer y el dolor no destruyen ni perturban toda clase de juicio.”[61] Y añade: “En efecto, los principios de la acción son el propósito de esta acción; pero para el hombre corrompido por el placer o el dolor, el principio no es manifiesto, y ya no ve la necesidad de elegirlo y hacerlo todo con vistas a tal fin: el vicio destruye el principio.”[62] más adelante retomaremos estas citas al tratar esta virtud en lo volitivo. Aun cuando se retome entre las morales se seguirá reconociendo por El Santo como una virtud intelectual, pues es ahí donde tiene su raíz.
“De suerte que es evidente que la sabiduría es la más exacta de las ciencias. Así pues, el sabio no sólo debe conocer lo que sigue de los principios, sino también poseer la verdad sobre los principios. De manera que la sabiduría será intelecto y ciencia, una especie de ciencia capital de los objetos más honorables” [63]
Por ultimo el hábito que le corresponde a los primeros principios es al hábito intelectual por el cual hacemos mejor uso de los primeros principios “por objeto los principios, nos resta el intelecto, como disposición de estos principios”[64] Esta asignando a la sabiduría el papel de lo que hoy conocemos como filosofía. “lo que es último respecto de todo el conocimiento humano sea lo primero y máximamente cognoscible según su naturaleza. Y sobre ello versa la sabiduría, que considera las causas altísimas,”[65]
VIRTUDES VOLITIVAS
Así como las virtudes intelectivas nos ayudan a optimizar el conocimiento las volitivas nos ayudan a optimizar el apetito intelectivo.
“La virtud humana es un hábito que perfecciona al hombre para obrar bien. Ahora bien, en el hombre hay un doble principio de actos humanos, a saber, el entendimiento o razón, y el apetito, pues éstos son los dos motores que hay en el hombre, según se dice en el libro III De anima. Por consiguiente, es necesario que toda virtud humana perfeccione a uno de estos principios. Si perfecciona, pues, al entendimiento, especulativo o práctico, para el bien obrar del hombre, será una virtud intelectual; y, si perfecciona la parte apetitiva, será una virtud moral. Resulta, por tanto, que toda virtud humana o es intelectual o es moral.”[66]
Las virtudes morales al igual que las intelectuales son una serie de orientaciones del individuo a la acción, pero incluyen muchos elementos. Un hábito no es simple, es un mecanismo muy complicado por que incluye muchas potencias. Un hábito intelectivo va a requerir en su operación las facultades físicas por la que pensamos, también las pasiones humanas, los sentidos internos, los sentidos externos, las sensaciones corporales. Un hábito es un movimiento de todo el individuo, por lo cual no resulta simple, al contrario, es muy complejo pues cada hábito va a mover mas o menos a cada una de las potencias enumeradas y en algunos casos incluso llegan a mover algunas tendencias o apetitos naturales. El hábito, o, mejor dicho, cada hábito requiere del concurso del individuo en su totalidad. Y cada hábito según la forma que requiere para la perfección de la operación. Cuando nos referimos al otro modo de hablar de hábito, si incluye el completo del individuo, como cuando hablamos de la salud o la enfermedad.
Así en este proceso vemos que, aunque un hábito proceda de la intelección puede tener un concurso importante de la voluntad quizás a veces más que del propio intelecto, pero toma su nombre de donde procede y de su objeto por ende que es la perfección de la propia facultad en orden a la acción. Ver S. Th. I-II, q. 60.
Los hábitos se van distinguiendo por su objeto como podemos ver, pero antes vemos que unos por razón de su mismo objeto son intelectivos o volitivos. Dentro de estos dos géneros de potencias se enfocan a objetos diferentes a su vez como vimos en el caso de los intelectuales. Ahora toca ver los hábitos volitivos llamados virtudes. Y a las principales se les llama virtudes cardinales por que orientan el apetito a lo mejor, a lo optimo. “Ahora bien, es sabido que lo perfecto es más principal que lo imperfecto. Por consiguiente, las virtudes que implican rectitud del apetito son principales. Tales son las virtudes morales, -y agrega Tomás de Aquino-, y, entre las intelectuales, la prudencia, que es también de algún modo virtud moral, por razón de la materia,”[67]. Habíamos visto antes que tomaba a la prudencia dentro de las morales siendo de raíz intelectual. Pero como hemos dicho una virtud o hábito tiene una implicación completa en el ser, le asignamos un punto de origen o raíz por razón de la potencia en donde se origina, pero no es algo solitario es un modo de ser ante un objeto de todo el individuo.
LAS VIRTUDES CARDINALES
Las virtudes nos orientan a actuar bien en general, hay gente que es de suyo virtuosa y hay otros que sin ser tan virtuosos hacen actos virtuosos. Un narcotraficante que beneficia a mucha gente con sus ganancias hace el acto virtuoso de dar, pero no es en estricto sentido una persona virtuosa si tiene el hábito de dar a los que están con el o lo necesitan y están cercanos, pero no esta en el fundamento de su apetito el dar, si lo estuviese no obtendría guanacias a costa de la salud publica. “En cambio, según la razón imperfecta de virtud, se dice también virtud aquella que no requiere rectitud del apetito, porque sólo confiere facultad de obrar bien, sin causar el ejercicio de la buena obra.”[68] Hay muchas personas altruistas que no tiene la virtud de la liberalidad, dan si por que les sobra, por que son compasivos, pero muchas veces al hacer sus guanacias, en sus negocios lícitos, buscan el máximo beneficio económico. Difícilmente un rico es liberal si adquiriese esa virtud desde la intención quizás no fuese rico. Incluso es muy probable que no sea virtuoso solo de ocasionalmente, recordemos que el hábito requiere repetición, se vuelve parte de nosotros. En el caso de el narcotraficante quitar y dar quizás es una enfermedad ya no solo moral sino también psíquica. “virtud humana, según la razón perfecta de virtud, es aquella que requiere rectitud del apetito, pues tal virtud no sólo confiere facultad de obrar bien, sino que causa también el uso de la buena obra. En cambio, según la razón imperfecta de virtud, se dice también virtud aquella que no requiere rectitud del apetito, porque sólo confiere facultad de obrar bien, sin causar el ejercicio de la buena obra.”[69]
“Por consiguiente, las virtudes que implican rectitud del apetito son principales.”[70] Entre estas hay morales propias de la voluntad e intelectuales que tiene su principio o raíz en el intelecto afectando desde luego a todo el individuo como hemos apuntado.
Las virtudes cardinales son: prudencia, justicia, templanza, fortaleza. Vemos aquí una intelectual y tres morales de raíz.
LA PRUDENCIA
Por la prudencia nos ordenamos a la verdad en función del bien obrar. “la realización del bien exige un conocimiento de la verdad”[71] La verdad conociste en la conformación de la inteligencia con la realidad y la prudencia nos libre de nuestros propios perjuicios para alcanzar esa verdad, de forma más contundente en orden al bien actuar. Gracias a la prudencia nos impide el engañarnos a nosotros mismo, a veces no es fácil aceptar la cruda verdad, pero quien tiene la prudencia sabe aceptarla, la prudencia presupone docilidad, “es decir, la unión sumisa con el verdadero conocimiento de la realidad de un espíritu superior.”[72]
Es gracias a la prudencia que se pueden dar las otras virtudes cardinales pues sin un conocimiento del bien no hay forma de obrar correctamente. Conociendo el bien lo desea y luego lo busca. “El bien presupone la verdad, y la verdad el ser.”[73] El que contempla el ser lo desea por si mismo, pues el ser es bueno y por ende deseable y cuanto más alto y digno el ser es más deseable.
La prudencia es “la capacidad de ver objetivamente las realidades que conciernen a nuestras acciones y hacerlas normativas para el obrar, según su índole e importancia.”[74]
LA JUSTICIA
“la justicia es la capacidad de vivir en la verdad con el prójimo”[75] todo hombre vive en sociedad por más ermitaño que quiera serlo, aun el asceta que vive asilado de la sociedad vive en convivencia con Dios y esto le exige una justa relación con El. El que se aísla a vivir solo en la naturaleza autárquicamente también requiere de un trato justo con la naturaleza con la que convive y con el mismo.
La justicia tiene tres variantes:
La justicia conmutativa que pide darle a cada quien lo que le corresponde. Esta esta enfocada a todos aquellos que requieren o viven circunstancias distintas, no requiere lo mismo una madre que un artesano, sería absurdo darle herramientas a la primera para el oficio y leche al segundo para el hijo que la necesita.
La justicia distributiva que va enfocada a los que son iguales y consiste en repartir por igual a los iguales. Es muy fácil confundir estas dos justicias y un error muy común de los demagogos y tiranos. Esta justicia es muy difícil de ejercer ya que los bienes suelen ser escasos y deja inconformes a todos pues en el fondo todos nos sabemos distintos si pertenecientes a un grupo a un genero, pero somos individuos, especiales y particulares cada uno.
Por ultimo la justicia a ejercer con aquellos que no están agrupados y donde no se puede reconocer la igualdad y la diferencia. Aquí implica la justicia particular en donde entran conceptos como: legalidad, tolerancia, criterio.
Podemos decir en términos generales que justicia es la actitud de la voluntad de dar a cada quien lo que le corresponde. Lo cual exige la prudencia.
LA FORTALEZA
Deberíamos todos hoy en este mundo blando y acomodaticio de seres consentidos por la tecnología buscar a toda costa la fortaleza. “que en realidad no es otra cosa que realizar el bien aun a costa de cualquier sacrificio”[76]

La fortaleza invita a realizar el bien y este implica dos actitudes ambas muy difíciles de lograr: una acometer y otra resistir. Pareciera la más importante la primera pues acometer a veces viene acompañado de sentimientos positivos de victoria o de esperanza de victoria y adrenalina. no siempre así el resistir pues este requiere muchas veces una actitud sumisa y poco heroica en apariencia, por eso hace el resistir mucho más difícil, la mayoría de las veces pues implica sufrimiento callado sin recompensa alguna, lo que lo puede hacer muy difícil si no se tiene la verdadera virtud. El acometer se puede confundir con la pasión de la audacia, la ira, o la fortaleza. (como pasión del apetito animal.) que van acompañadas de fuertes sentimientos que pueden hacer imprudentes una acción. La fortaleza requiere necesariamente de la prudencia y de la justicia sino es otra cosa de las ya descritas antes.
LA TEMPLANZA
Es quizás una pasión hoy en día muy devaluada, vivimos una sociedad de instintos, hedonista, donde el placer es el fin ultimo de la vida del hombre, ya hablamos arriba de esto y vimos como el placer es bueno en tanto este ordenado y malo será siempre que vaya contra la justa razón. El problema es que vivimos una ética del sensualismo donde nos propone haz lo que sientas que esta bien hecho o lo que todos hacen, claramente estas dos propuestas van en contra de las dos primeras virtudes, la prudencia que busca el ser como bien apetecible y la justicia que considera al otro como ser digno. El mal uso de las pasiones humanas nos lleva a una objetualización del ser humano a considerarlo cosa, objeto de placer a prostituir el ser. Las pasiones están ahí no para usarse indiscriminadamente, son apetitos de carácter animal y nos llevan a compartirlas con los animales. El pensar en ellas como el fin del hombre es tanto como pensar en el fin del hombre como el del perro o del caballo o de cualquier otro bruto de la naturaleza. Desafortunadamente la virtud no es lo más común del hombre por eso dice Maquiavelo que el hombre actúa mejor por miedo.

Hoy mas que nunca se hace indispensable retomar la templanza para guiar a las pasiones humanas a los fines de la prudencia y no embrutecer nuestro intelecto con las sensaciones voluptuosas que estas causan y que nuestra sociedad ha ennoblecido o incluso endiosado.
Por la templanza logramos la moderación de los placeres de los sentidos en orden a una vida plena.
Las virtudes se implican mutuamente, actúan en conjunto sobre todo en las dos ultimas no puede haber ni fortaleza templanza sin prudencia y justicia, ni justicia sin templanza y fortaleza. Un juez justo ha de separar sus sentimientos y apegarse a los hechos para hacer justicia y ha de ser fuerte ante el juicio de los malhechores y las tentaciones del soborno.
Las virtudes son del hombre, las pasiones y los apetitos naturales al igual que las sensaciones y los sentidos también, por ende, actúan siempre como un todo y las virtudes son los grandes directores de la vida del ser humano.
EL AMOR
Antes de seguir adelante vamos ha hacer un paréntesis en nuestro estudio para revisar el concepto del amor, sin el cual no podremos llegara a buen puerto.
El amor es hoy en día una palabra muy maltratada, me refiero mal-tratada en el sentido estricto de la palabra, se ha tratado indebidamente y hoy llamamos amor a todo. Hablamos de amor, de desamor y con estas dos palabras cometemos una gran cantidad de barbaridades, sin llamarlas por su nombre. Trataremos de aclarar los términos y con ello el concepto de amor, que es complejo.
Tomás de Aquino nos dice “El amor es algo que pertenece al apetito, ya que el objeto de ambos es el bien.”[77] El ser en si mismo es amable, todo ser en tanto ser es objeto de amor, es apetecible y por el amor el apetito se conforma al ser objeto de su apetito. El amor es el principio de todo movimiento apetitivo. Por el nos hacemos, nos connaturalizamos con el ser amado. En virtud de que tenemos tres apetitos tenemos tres modos de aceptación del ser amado: “De ahí que, según sea la diferencia del apetito, es la diferencia del amor.”[78]
Hay entonces un amor de las cosas naturales que ya esta en su naturaleza, no es un amor aprehendido es un hacerse que con lo que lo que le conviene que ya esta inserto en el. Por decirlo el pulmón ama el oxigeno y por ende rechaza o no atiende a todos los otros gases que le son tóxicos, amamos los alimentos que consideramos sanos de forma natural. No es un amor aprehendido esta en nuestra naturaleza. A esta forma de hacerse el apetito natuural al objeto no lo llamamos amor, mas bien tendencia, no decimos la piedra ama la ley de gravedad o caer, simplemente decimos la piedra tiende a caer. Reservamos la palabra amor para otros tipos de apetito en donde puede ser el objeto diferente.
En la voluntad y las pasiones si existe alternativas de objeto “El principio motor es, por tanto, único: el objeto deseable. Y es que, si los principios que mueven son dos, intelecto y deseo, será que mueven en virtud de una forma común.”[79] La respuesta es si: “Así, pues, consistiendo el amor en una inmutación del apetito por el objeto apetecible, es evidente que el amor es una pasión: en sentido propio, en cuanto se halla en el concupiscible; y en sentido general y lato, en cuanto está en la voluntad.”[80]
El apetito sensible tiende al objeto amado aceptándolo haciéndose uno con el: “La primera inmutación, pues, del apetito por el objeto apetecible se llama amor, que no es otra cosa que la complacencia en el objeto apetecible”[81] y como ya dijimos antes: “y de esta complacencia se sigue un movimiento hacia el objeto apetecible, que es el deseo, y, por último, la quietud, que es el gozo.”[82] El apetito sensible no esta determinado como el natural, este puede tender hacia muchas cosas e incluso amo a aquello que no necesariamente le conviene pues: “Por consiguiente, lo que causa el movimiento es siempre el objeto deseable que, a su vez, es lo bueno o lo que se presenta como bueno.”[83] Puedo estar satisfecho haber comido bien pero sigo deseando comer y amo ese pastel que se me presenta ya no me cabe en el estomago me causara malestar si pero el apetito sensible sin control puede causar vicios como la gula.
La voluntad tiende al bien que la razón le presenta como tal pero no todos juzgan el bien igual. El hombre vicioso juzga como bien el mal y pone los medios para alcanzarlo, mueve a la voluntad para cometer de la mejor manera su crimen. El hombre bueno busca la felicidad que esta en el bien o lo que el considera que es el bien y busca racionalmente los medios para alcanzar este bien. “Si la felicidad es una actividad de acuerdo con la virtud, es razonable (que sea una actividad) de acuerdo con la virtud más excelsa, y ésta será una actividad de la parte mejor del hombre. Ya sea, pues, el intelecto ya otra cosa lo que, por naturaleza, parece mandar y dirigir y poseer el conocimiento de los objetos nobles y divinos, siendo esto mismo divino o la parte más divina que hay en nosotros, su actividad de acuerdo con la virtud propia será la felicidad perfecta. Y esta actividad es contemplativa, como ya hemos dicho.”[84] Para el Filósofo es la contemplación la mejor de las virtudes es entonces bueno poner todos los medios para alcanzar la contemplación de la divinidad. Estamos hechos para la felicidad y estamos destinados a buscarla “es necesario que la voluntad se adhiera al fin último, que es la bienaventuranza.”[85] El como llegar nos corresponde elegirlo a nosotros. “Somos dueños de nuestros propios actos en cuanto que podemos elegir esto o aquello. No se elige el fin, sino lo que lleva al fin, como se dice en III Ethicorum. Por lo tanto, el deseo del último fin no es algo de lo que seamos dueños.”[86] En esta vida se nos presentarán muchos bienes unos que nos permitirán acercarnos a la beatitud y otros que evidentemente no, habrá otros mas que habrá que indagar si nos ayudan o no, ya hemos hablado de cómo las virtudes son útiles en este sentido.
En la búsqueda de la felicidad nos toca toparnos con muchos seres y por lo mismo amables en si mismos lo que es importante es determinar si estos bienes sean objeto de las pasiones o de el raciocino nos acercan a la felicidad. Para eso habrá que definir que amar y como y lo amado como seguirlo, en función de dos elementos su dignidad propia y su razón de conveniencia para alcanzar la felicidad.
La voluntad ama lo que es bueno en si mismo y esto es lo que tiene razón de ser, solo que hay diversidad de tipos de seres: hay seres que son materiales, hay seres que son materiales y espirituales, hay seres que son materiales con espíritu inmortal, hay espíritus inmortales creados no sujetos a la materia y hay un espíritu absoluto increado.
Los seres materiales tienen básicamente razón de conveniencia, si amaos las piedras con las que construimos una casa, y amamos la casa por que nos cobijo. Pero no amamos la casa ni las piedras de que esta hecha por si mismas. Amamos las sanas diversiones por que nos descansan, pero no por ellas mismas. Cuando la voluntad ama estas cosas por ellas mismas se asemeja a el apetito natural que es al que le corresponde amar esta cosa. El avaro ama el dinero por el dinero y así se degrada volitivamente pues el amor volitivo es habitual y conformante, nos conforma. El dinero se ama en razón de su utilidad para adquirir cosas que se requieren para la vida y guardarlo nos da seguridad para épocas malas. Amarlo de otra manera es inconveniente. Todas las cosas en si mismas por serlo tiene belleza y podemos apreciar la casa además por que es bella, pero la belleza no tiene razón de apetecible. “pues las cosas naturales apetecen lo que les conviene según su naturaleza, no por su propia aprehensión, sino por la del autor de la naturaleza,”[87] A este amor no le solemos llamar amor, es más nos es tan natural que solemos no asignarle un nombre, solemos ser poco conscientes de el hasta que lo necesitamos; decimos tengo hambre cuando necesitamos nutrirnos y no amaría comer. Así cuando buscamos el sexo por el sexo como fin nos cosificamos.
Amamos a los animales también por razón de conveniencia, algunas veces al caballo para transportarnos, al perro por que nos da seguridad y compañía. Claro aquí empiezan a surgir otras complicaciones pues al ser seres sensibles compartimos con ellos ciertos sentimientos y de esa convivencia viene un cierto amor de amistad. Y digo cierto por que nunca podrá ser absoluto por que es un alma mortal y si llego a querer más a mi perro que a los seres humanos, me equivoco. Si lo quiero por que me da cariño no solo seguridad, pero no se puede confundir el cariño del perro con el de un amigo. Al final de una manera mucho más alta que el amor por la piedra se quiere al perro por que en el encontramos una satisfacción afectiva que no nos da la piedra, pero esta satisfacción afectiva es un medio no un fin y si le damos razón de fin nos habremos equivocado. Si se les quiere mucho hay un gran apego a los animales domésticos, más cuando estos estamos solos, pues nos llenan hasta cierto grado una necesidad de afectividad. Pero nunca podrán suplir el amor de amistad que se tiene con los seres iguales o superiores.
Amamos a otros hombres y se le llama amor de amistad y ese amor es digno por que son amables por sí mismo, son almas gemelas. Hay en el amor a otras personas variantes interesantes de analizar. El amor de amistad lo define Aristóteles: “la voluntad de querer para alguien lo que se piensa que es bueno -por causa suya y no de uno mismo-, así como ponerlo en práctica hasta donde alcance la capacidad para ello.”[88] También existe el amor a uno mismo que es en realidad una forma de vernos como amigos de nosotros mismo que por causa de nuestra capacidad de introspección podemos hacerlo, debemos amarnos y buscar nuestro bien que es en realidad una parte de nuestra felicidad. Otras veces amamos a los otros con un amor conyugal que este se da cuando amamos a la otra persona en fin de una felicidad en común, alcanzar el bien acompañados de otro y con fines incluso más altos y con mayor intimidad, este amor exige exclusividad en el sentido conyugal por las implicaciones ya dadas en otro ensayo.

Otras veces queremos a las personas no por ellas mismas sino por el beneficio que nos pueden proporcionar, en este casi se llama amor de concupiscencia. Por ejemplo: quiero a esta persona por que es rica y me puede ayudar cuando lo necesite. O quiero a esta persona por que nos propiciamos bienes en común en tal caso es un amor de conveniencia. Estos amores son validos en tanto sean honestos y no engañosos. Guardo amistad con los compañeros del trabajo pues compartimos horas juntos y nos ayudamos en las labores diarias, todos sabemos que es una amistad que esta limitada a este ámbito puede llegar a superarla, pero es más excepción. En la Ética Endemia Aristóteles hace un amplio repaso de este tema, que bien vale la pena ser estudiado por aquel que se interese más ampliamente en el tema.
Como dijimos al principio de este apartado al amor se le llama a todo hoy en día y muchas cosas en sentido estricto no lo son:
Empecemos por hablar de “la concupiscencia que es el apetito por el bien deleitable”[89] dentro de estos hay unos que llamaremos honestos que se buscan no por si mismos sino como dijimos para otros como la comida, el sueño, etc. Pero cuando se busca el placer por si mismo le llamaremos erotismo y no amor como se le llama hoy para darle un eufemismo a un vicio y justificar un comportamiento fuera de la virtud. Esto es animalizar o más aun cosificar a una persona cuando la buscamos por el placer que esta nos causa. Hoy en día vivimos una vida llena de erotismo que llega a impactar los sentidos por las redes sociales o por algún otro medio de comunicación masivo, donde se ven con total falta de respeto una serie de vicios. Esto esta mal y en el fondo de la persona lo sabe, pero para poder vivir y seguir en el hace lo que hicieron los antepasados creándose una serie de creencias dentro de las cuales viven justificando como buenas una serie de vicios que nos apartan de la felicidad.
Eros era el dios de la felicidad, más adelante se creo toda una corriente filosófica apoyada en el placer, hoy son una serie de creencias, sin sustento filosófico. Debíamos de llamarlo antojo erótico y no amor o erotismo, pero usar la palabra amor para esto es un eufemismo defensivo de un vicio que se esta anidando en nuestro ser sin darnos cuenta por falta de prudencia.
Hay un amor a Dios que se llama caritas que es una palabra que viene del griego ágape amor-don-de si. Que es el amor a Dios y de Dios. Que cuando lo amamos nos conformamos a Él y es el más alto grado de amor que existe. Se le llama también al amor que Dios tiene a sus criaturas y especialmente al hombre y a los ángeles. Este amor es en el que ya barrunta Aristóteles 300 años antes de Cristo en una sociedad politeísta. Planteando un monoteísmo en donde por su amor se encuentra la felicidad. En la contemplación del bien supremo.
Hay otro amor del que ya hemos hecho referencia y es la delectio-ionis. Del griego filia que es una complacencia en el ser. Por el ser mismo hemos dicho las cosas son amables y bellas. Este amor es bueno como hemos dicho si se mantiene en el hábito apropiado. Nos deleitamos con un buen libro, con un buen palto, con un cuadro bello, etc. Este amor es propio del apetito sensible ordenado por la prudencia, la templanza y la fortaleza.
LA CREENCIA
Hemos hecho un repaso de la antropología tomista para ver donde esta la creencia y hemos apuntado que es parte del hábito, luego hemos hecho un breve repaso del hábito luego vimos los hábitos que consideran cardinales para la vida feliz, siguiendo la definición de Aristóteles. Por último, vimos el concepto del amor y aclaramos algunas definiciones y conceptos al respecto. Ahora estamos en posibilidad de avanzar a la creencia.
Cuando hablamos del hábito hablamos de dos tipos de hábitos unos que nos llevan a la acción y otros que son un estado del ser: “De un segundo modo se llama hábito la disposición de una naturaleza compuesta de muchos elementos, por la cual se ha bien o mal para algo, y principalmente cuando tal disposición se ha convertido como en (una segunda) naturaleza, como es claro en la enfermedad y en la salud.”[90] De este modo esta conformada una creencia es un hábito que nos conforma que nos sustenta en el ser sin importar cuan buena o mala sea esta creencia.
Esta creencia le da consistencia al ser humano sin ella se volvería loco, demente, no podría vivir o convivir en sociedad. Cuando un hombre pierde esta cohesión que recibe de sus creencias fundamentales entra en peligro de una autodestrucción, o de una destrucción de la sociedad que lo circunda. Hemos hablado de los hábitos del día a día, pero no es estos a los que nos referimos nos referimos a aquello que me hace no hacer lo que hago sino ser lo que soy en el fondo de mi yo. Muerto este sistema de creencias el ser se desmorona o explota dejando una estela de destrucción a su paso. Igualmente, si no logra cohesionar una serie de creencias sustentables es probable que estemos ante un peligro para el mismo o su sociedad.
La creencia es entonces un hábito vital por el cual se aglutina mi ser.
Este hábito generalmente se fue generando sin darnos cuenta por una serie de hábitos operativos más o menos virtuosos que son los que nos fueron llevando a determinadas situaciones vitales, ante las cuales no nos conformamos o nos conformamos, pero haciendo en nosotros una sería de creencias en las cuales justificamos la existencia, la propia primeramente y contra la cual exponemos o enfrentamos aquellas que difieren de las nuestras.

Estas creencias vitales pueden incluir un sinnúmero de valores que pueden ser desde deportivos; sí irle a uno u otro equipo de futbol, creencias políticas, morales y religiosas a las cuales estamos asociados vitalmente.
Estos hábitos en tanto tales no son solo de la voluntad, si bien es ahí donde tiene su raíz van a impactar en todo el individuo impulsando raciocinios, creando sensaciones, moviendo afecciones, y toda clase de sensualidades. Son abarcantés de todo el ser.
En una sociedad donde los valores tradicionales fueron devaluados por unos y por otros se buscan justificaciones vitales que nos permitan vivir sin sentirnos culpables cómodos con nosotros mismos. Después de una guerra donde hubo alrededor de 60 millones de muertos in contar la primera, los 25 millones de victimas de la purga Leninista, los 78 millones de Mao Tse Tung, la irracionalidad de la guerra de Vietnam y Corea y la guerra de Afganistán, han dejado al mundo sin ideales, si siempre se mata con una justificación idealista con una idea de bien general. Rara vez aceptada o entendida que deja una gran descomposición social en el sentido de las ideas y en las rupturas de las redes sociales básicas por lo hombres muertos en ellas. Familias con muertos, padres, hijos. Justificaciones bastardas basadas en ideologías distorsionadas o tan rebuscadas que resultaron ser fracasos mundiales.
Todo esto aunado en una respuesta no encontrada o buscada suficientemente en las ideologías que históricamente han sido el sustrato que ha estado ahí por mas de 2400 años. Por que el hombre prefiere creer que pensar. Somos flojos no nos gusta leer o estudiar tal o cual teoría, antes de hablar, la tele nos lo vende y lo compramos. Cómo el pueblo alemán considerado heredero de la filosofía griega que dio a Kant, a Hegel, a Scheler, a Heidegger, solo por mencionar algunos se dejo arrastrar por una propaganda Nazi tan absurda y básica.
Ahora vivimos en una sociedad de las grandes comunicaciones y de un hedonismo cibernético sin precedentes en la humanidad, donde lo que ayer estaba mal, hoy bien, donde el compromiso vital es un articulo de curiosidad antropológica. Donde el arte ha perdido el sentido de la proporción y donde las virtudes fundamentales están casi ausentes: La prudencia como una loca gritando por las calles semidesnuda y burlada. La justicia sin balanza y con catalejos mirando que o a quien le conviene más. La fortaleza escondida en la violencia y la fuerza o apoyada en la ley parcial del más fuerte y la conveniencia. Y la templanza perdida hecha una borracha, huevona, sin ganas de enfrentar a la más mínima pasión.
Ahí nazco, yo milenían, empiezo a vivir y no encuentro sentido a la vida, un Dios lejano o ausente para mis enseñanzas. Una tele fuerte y destructiva de los valores, unas redes sociales llenas de impactos estruendosos y sensualismos baratos que pretenden llenar el hueco de una filosofía: ausente, callada sin darle sentido a nada. Me encuentro con un placer con otro lo voy libando, nadie me lo explica, ya estoy muy “informado” encuentro una justificación en internet, YouTube o Facebook. Por que no es cómoda la adopto, así creo mi primera creencia, hay tantas ideas ahí que luego tomo otra y otra y así voy creando todo un entramado de ideas que justifican mi mal hacer y conformo mis ideas del ser que sin ellas sería un autodesterrado de la vida, no por otros, por mi mismo. La muerte sería lo único que le daría sentido.
Y esas creencias las comparto, unos no me voltean a ver otros me rechazan, pero encuentro en este basto mundo cibernético alguien que me acoge que piensa como yo y le da sentido de grupo a mis creencias por muy absurdas que sean. Digo absurdas por no decir viciosas, obviamente contra natura. Peligrosas para la sana convivencia social sustentadas en la mentira repetida que se vuelven fuerzas políticas, que enfrentan a la sociedad, no la aglutinan. Minorías aberrantes que reclaman el derecho a la muerte de los no nacidos justificados en los “derechos de la mujer” olvidándose de sus obligaciones primariamente naturales de madres. Minoría de homosexuales que piden derechos inentregables por ser contra natura. Solo por mencionar algunos.
Pero eso si nadie debe opinar, que horror disentir, no hay que decir lo que esta mal. No ofendas a nadie, no alces la voz se ve mal, pero no se ve mal salir desnudos a protestar a las calles, enseñando todas las intimidades. No se ve mal la prostitución abundante de las redes sociales, donde se objetualiza a la mujer o ellas se venden o objetualizan por una sociedad que las ha devaluado por abajo del valor del dinero o la vanidad.
CONCLUSIÓN
No todo esta perdido volvamos a filosofar o a pensar si se prefiere, sacudámonos este discurso pesimista y vamos a buscar soluciones. Desde luego ya hemos apuntado las virtudes fundamentales, recordemos que estas se ganan poco a poco con un gran esfuerzo, no es de hoy para mañana, como los doble AA un día a la vez. Un acto volitivo virtuoso a la vez. Recordemos que nos vamos a acercar a un precipicio insondable, no vamos a negar o a dudar que es como dice Ortega y Gasset una forma de creer. Vamos a lanzarnos al vacío, bajemos al fondo de nuestro interior y desde ahí replantemos con sinceridad absoluta la verdad y de ahí a construir.
Hemos dicho que las creencias son ese hábito por el que existimos en un grupo de creencias. Hemos dedicado algunas páginas a meditar sobre las virtudes activas, por las que actuamos bien, pero estas son intrascendentes, déjenme explicarme: se quedan en mi, lo más importante de un acto virtuoso no es lo que trasciende sino lo que se queda lo que no trasciende lo que se anida en mi ser interior y me va conformando. Y esta es la virtud mayor por la que se forma mi creencia que es la virtud como lo es la salud.
Plantea Aristóteles:
“Si la felicidad es una actividad de acuerdo con la virtud, es razonable (que sea una actividad) de acuerdo con la virtud más excelsa, y ésta será una actividad de la parte mejor del hombre. Ya sea, pues, el intelecto ya otra cosa lo que, por naturaleza, parece mandar y dirigir y poseer el conocimiento de los objetos nobles y divinos, siendo esto mismo divino o la parte más divina que hay en nosotros, su actividad de acuerdo con la virtud propia será la felicidad perfecta. Y esta actividad es contemplativa, como ya hemos dicho.”[91]
La felicidad es una virtud, del conocimiento de los objetos nobles y divinos y esta actividad es contemplativa. La felicidad es una virtud del intelecto, considerado como inteligencia y voluntad, que nos conforma en una creencia que contemplamos. La felicidad esta en esa creencia que es la contemplación de Dios y sus cosas.

La felicidad absoluta es difícil en esta vida pues ver a Dios tal cual es no esta próximo, sería deslumbrante, no estamos suficientemente preparados, pero acercarnos y rozar ese pedacito de cielo que alcanzamos nos hace inmensamente felices ya en esta vida. Que somos inmortales, ya lo dice Aristóteles y que hay Dios, también, y sin ser un religioso es solo un filósofo. Qué pasa cuando ponemos una pequeña dosis de religión.
Todas las grandes religiones proponen otra vida después de esta y todas dan importancia al culto y la oración. Esto no es un accidente, es una realidad palpable, y son sistemas de creencias y doctrinas que nos invitan a una vida mejor. Son relaciones con Dios por las que vamos a acercarnos a El. A un estado habitual o virtuoso de salud espiritual.
[1] Ortega y Gasset, José. Obras Completas. Santillana Ediciones Generales, S.L. Madrid. Abril 2006. Tomo V pag. 662.
[2] Ibidem.
[3] Ibidem.
[4] Aristóteles. Poética. Traducido por García Yerba, Agustín. Ed. Gredos, Madrid, 1992.
[5] Ibid. Pag. 669
[6] Ibidem.
[7] Ibidem.
[8] Ibid. Pag. 670
[9] Ibid. Pag. 671
[10] De Aquino, Tomás. Suma de Teología. Ed. Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid, 1994. L.I, q.78, a.1, c. Ver también: http://hjg.com.ar/sumat
[11] Ibidem.
[12] Ibidem.
[13] Ibidem.
[14] Ibidem.
[15] Ibidem.
[16] Ibidem.
[17] Ibidem.
[18] Ibidem.
[19] Lama la atención que Sto. Tomás de Aquino para definir las diferentes almas lo haga atreves del apetito y no del modo de conocer. Va a dedicar largas páginas a estos temas, pero sorprende que sea el apetito lo fundamental en las potencias del alma y el conocer importante, pero pareciera secundario.
[20] S. Th. I, q. 82, a. 1, Respondo.
[21] S. Th. I, q. 82, a.2, c.
[22] Ibidem.
[23] S. Th. I, q. 82, a. 4, r. c.
[24] S. Th. I, q. 82, a.4, r. 3.
[25] apprehender
Del lat. apprehendĕre.
1. tr. Coger, asir, prender a alguien, o bien algo, especialmente si es de contrabando.
2. tr. aprender (‖ adquirir conocimiento).
3. tr. Fil. Concebir las especies de las cosas sin hacer juicio de ellas o sin afirmar ni negar.
[26] S. Th. I, q. 82, a.4, r. 3.
[27] Ibidem.
[28] S. Th. I, q. 82, a. 4, r. 3.
[29] Ibidem.
[30] “Lo mismo ocurre por parte de la voluntad. Pues hay bienes particulares no relacionados necesariamente con la felicidad, puesto que, sin ellos, uno puede ser feliz. A dichos bienes, la voluntad no se adhiere necesariamente. En cambio, hay otros bienes relacionados necesariamente con la felicidad, por los que el hombre se une a Dios, el único en el que se encuentra la verdadera felicidad. Sin embargo, hasta que sea demostrada la necesidad de dicha conexión por la certeza de la visión divina, la voluntad no se adhiere necesariamente a Dios ni a lo que es de Dios. En cambio, la voluntad del que contempla a Dios esencialmente, por necesidad se une a Dios del mismo modo que ahora deseamos necesariamente la felicidad. Por lo tanto, resulta evidente que la voluntad no quiere necesariamente todo lo que quiere.” S. Th. I, q. 82, a. 2, r. c.
[31] S. Th. I-II, q. 50, a. 1, c.
[32] S. Th. I-II, q. 49, a. 1, c.
[33] Aristoteles. Metafísica. Trad. Tomás Calvo Martínez. Ed. Gredos, Madrid, 1994. L. V. 1022 b 3.
[34] Ibidem.
[35] S. Th. I-II, q. 49, a. 3, c.
[36] S. Th. I-II, q. 49, a. 2, c.
[37] S. Th. I-II, q. 49, a. 3, c.
[38] S. Th. I-II, q. 49, a. 4, c.
[39] Ibidem.
[40] Ibidem.
[41] Aristoteles. Metaphysical. Edición Trilingüe. Trad. García Yebra, Valentín. Ed. Gredos, Madrid, 1998. L. V. 1022 b 10
[42] S. Th. I-II, q. 55, a. 1, r. 1.
[43] Aristóteles. Acerca del Alma. Traducido por Calvo Martínez, Tomás. Editorial Gredos, Madrid, 1988. L. 1. 1094 a 4
[44] S. Th. I, q. 81, a. 2, c.
[45] Aristóteles. Retorica. Trad. Racionero, Quintín. Ed. Gredos, Madrid, 1990. L. 1369 b 33
[46] Aristóteles. Ética Nicomáquea y Ética Eudemia. Traducido por Pallí Bonet, Julio. Ed. Gredos, Madrid, 1995. L. VII. 1153 b 5.
[47] Ret. 1370 a 4
[48] E.N. 1153 a 30.
[49] E.N. 1102 a 5.
[50] E.N. 1106 a 15.
[51] Mf. 1022 b 5 y 10
[52] S. Th. I-II, q. 55, a. 3, c.
[53] Dianoéticas, virtudes: (gr. arteí dianoetikaí) En la ética de Aristóteles, virtudes o perfecciones de la dianoia; virtudes intelectuales. Las virtudes dianoéticas se distinguen de las morales por que tienen como fin la aprehensión explicita de los principios racionales, mientras que las virtudes morales se preocupan del control racional de la vida sensitiva e irascible. V. Aristotelismo; Dianoia: Nous; Frónesis. -G.R.M. D. Runes, Dagoberto. Diccionario de Filosofía. Ed. Grijalbo, S.A. México 1981. P. 99
[54] E.N. 1103 a 15.
[55] E.N. 1139 b 15.
[56] E.N. 1139 a 20.
[57] E.N. 1139 a 10.
[58] E.N. 1139 b 29
[59] E.N. 1139 b 20
[60] E.N. 1139 b
[61] E.N. 1140 b 15.
[62] E.N. 1140 b 15.
[63] E.N. 1141 a 16.
[64] E.N. 1141 a 5.
[65] S. Th. I-II, q. 57, a. 2, c.
[66] S. Th. I-II, q. 58, a. 3, c.
[67] S. Th. I-II, q. 61, a. 1, c.
[68] S. Th. I-II, q. 61, a. 1, c.
[69] Ibidem.
[70] Ibidem.
[71] Peiper, Josef. Las Virtudes Fundamentales. Trad. Melches, Carlos. Ed. Ediciones Rialp, Bogotá, 1988. 3å edición. P.16
[72] Ibidem.
[73] Ibidem.
[74] Ibid. 17
[75] Ibid. 18
[76] Ibid. 21
[77] S. Th. I-II, q. 26, a. 1, c.
[78] S. Th. I-II, q. 26, a. 1, c.
[79] I. A. L. III, 433 a 21
[80] S. Th. I-II, q. 26, a. 2, c.
[81] S. Th. I-II, q. 26, a. 1, c.
[82] S. Th. I-II, q. 26, a. 1, c.
[83] I. A. L. III, 433 a 27
[84] E.N. L. X, 117 a 12
[85] S. Th. I, q. 82, a. 1, c.
[86] S. Th. I, q. 82, r. 3
[87] S. Th. I-II, q. 26, a. 1, c.
[88] Ret. L.II, 1380 b 37
[89] S. Th. I-II, q. 30, a. 3, c.
[90] S. Th. I-II, q. 82, a. 1, c.
[91] E.N. L. X. 1177 a 11