MOTIVACION DEL ESCRITO

Siempre he tenido una profunda preocupación por los matrimonios desunidos. Siempre han estado en mis oraciones desde que tengo conciencia.

He tenido amigos por los que he hecho lo imposible para que permanezcan unidos y mi porcentaje de bateo no es muy alto, aun cuando por mi mano Dios se ha servido en arreglar algunos. Durante la vida y a la vista de estas experiencias, he visto casos que me parecen irreparables y otros que son producto de pasiones desordenadas, patologías morales difícilmente justificables.

En escritos previos, he hecho una férrea defensa del matrimonio, arguyendo que se genera un vínculo autónomo que guarda vida propia, independientemente de la separación de los contrayentes o la propia prole.

¿Qué haces cuando se acerca a ti una pareja joven, que tiene unos diez años de casados y alguno de ellos experimenta apetitos homosexuales irrefrenables y acaba cambiando su preferencia, rechazando al cónyuge?, ¿Qué recomendar ante esta circunstancia especialmente si hay prole? El matrimonio pudo ser válido, pero ¿alguno por un accidente de la naturaleza cambió? Otro caso, si alguno de los cónyuges decide abandonar al otro y no volver sin que medie razón aparente, ¿Son jóvenes llenos de vitalidad y de repente se ven ante una circunstancia de las descritas arriba o similar?

Voltean a la iglesia y ésta les responde diciendo que el matrimonio es indisoluble; quedan atrapados a los treinta o menos años con hijos y sin pareja. Digo atrapados porque siendo creyentes, se encuentran ante una relación rota, sin posibilidades de rehacerla por la negativa de la otra parte y la doctrina religiosa. Muchos recurren a los tribunales eclesiásticos, siguen un proceso caro y largo donde les anulan el matrimonio, aun cuando muchas veces no es anulable según la doctrina. Se arregla un problema con otro, una simulación, engaño, mentira, falsedad. No digo que existan muchos casos donde la voluntad de los contrayentes no haya sido para toda la vida y ante el engaño inicial quepa la anulación.

Sin embargo, hay muchos casos en donde las circunstancias cambiaron simple y llanamente. Las razones son multifactoriales: van desde las físicas, como un cambio hormonal masivo en alguno, un trauma psicológico o por una infidelidad traumática. Son circunstancias a posteriori a un real y verdadero matrimonio. Dirán que ya no son los mismos; alguno cambió radicalmente, pero ¿dónde quedó la fidelidad de por vida a la que están obligados a vivir? Esa que empuja al incólume a una vida ascética o un suplicio de soledad de por vida porque la ley religiosa lo manda. Obliga al que no cambió, al que permaneció fiel, a no volverse a casar y llevar una vida de soledad.

Algunos lo hacen, pero es muy traumático para la pareja y los hijos. Otros mas le dan la espalda a la iglesia y siguen por la vía civil su vida apartándose de una iglesia que los rechaza a su vez por la propia doctrina. Hay otros que recurren a subterfugios canónicos legales para anestesiar sus conciencias y rehacer su vida con un aval escrito y sellado.

El problema es complejo, pues tampoco se puede dar una puerta falsa a los problemas más sencillos o complejos que una pareja va a tener que enfrentar en la vida. Como cuando en épocas de Jesús con un acta de divorcio se aceptaba abandonar a la esposa. En aquella época se vivía un machismo claro, socialmente aceptado, donde el papel de la mujer era muy diferente al del hombre, donde no se aceptaba el trabajo de ellas, salvo en labores del hogar; la manutención era solo responsabilidad del hombre, etc. Hoy en día se vive otro contexto Él y ella suelen compartir la providencia y las labores del hogar, dejando en sana salvaguarda las responsabilidades exclusivas de cada sexo, como el alumbramiento en el caso de la mujer y la mayor fuerza física del hombre.

No se puede dejar atrapados a aquellos que están en una problemática vital real, ni abrir una puerta falsa a problemáticas irreales. Debe la iglesia abrir caminos a problemas presentes.

De entrada, no tengo una respuesta inmediata, pero sí me queda claro que aquellos que están “atrapados”, no se les puede cerrar las salidas a la iglesia o hacerlas caras y complejas en casos reales.

Recurramos primero a la filosofía para respuestas, y luego a la teología. En todo momento, estemos pendientes de la doctrina del Evangelio, cuando se trate del matrimonio católico y, recurriremos a la Biblia en general, como guía histórica.

EL MUNDO DE HOY

El hombre de hoy vive circunstancias muy diferentes a las que se vivían apenas a mediados del siglo XX.  La televisión salió la luz pública en los años 50´s del siglo pasado; ya se usaba el teléfono y la radio y el mundo se había achicado muchos otros inventos se popularizaron como el automóvil y el avión. En los últimos años nos hemos visto ante el desarrollo y popularización de las computadoras y los teléfonos celulares, con los cuales podemos mandar un mensaje en instantes a cualquier parte del mundo e incluso hacer una video llamada. Nos acostumbramos fácilmente a estos inventos, los vemos hoy con una cotidianidad pasmosa e incluso si por alguna razón salimos de casa sin el celular, nos sentimos desamparados. El habitante de una gran ciudad que traspasáramos al día de hoy se vería se vería totalmente abrumado y sorprendido, no reconocería el mundo en el que está. Mucha gente hoy en día se levanta y mientras se prepara para ir al trabajo, ha prendido la radio o la televisión; de esta forma, ya está enterado de lo que pasa en otra parte del mundo. Para cuando sale de su casa ya está enterado de la situación mundial y ha escuchado o visto un sin número de anuncios que lo invitan a comprar un producto servicio determinado. Toma transporte y camino al trabajo, habrá visto en su trayecto muchos anuncios; quizás no se percate de ello, pero se estima que una persona moderna recibe alrededor de 3,000 impactos publicitarios diarios. Esta cifra es definitivamente alarmante; desconozco el dato de cuántas llamadas y mensajes recibe una persona promedio, pero no creo que menos de unos 100 entre el internet y mensajes de celular. La realidad actual es muy diferente a la que se vivió apenas unos 50 o 100 años, pero el hombre no ha cambiado mucho, sigue siendo el mismo, sólo que ahora tiene otros elementos que lo están excitando continuamente. Estos elementos lo hacen ver el mundo como su casa y generalmente lo invitan a comprar algo que impacte a los apetitos humanos. Así, las pasiones del hombre se ven constantemente enfrentadas a miedos que, en otra época, le eran ajenos y es invitado a nuevas sensaciones y placeres.

Por otro lado, la disponibilidad de los bienes que se tienen ha cobrado una inmediatez alarmante. No hace muchos años, aunque se disponía del teléfono, hacer una llamada requería poder encontrar a la persona con un teléfono alcance, lo que no siempre ocurría; comunicarse con alguien en ultramar implicaba escribir una carta y esperar algunos meses para la respuesta. Estábamos acostumbrados a esperar para recibir las cosas o para comunicarnos con alguien, hoy no. Podemos comprar por internet, pagar a plazos y recibirlo el día siguiente; o llamar a cualquier persona en cualquier momento desde cualquier parte del mundo modernizado. Estamos habituados a la inmediatez. Queremos ir más rápido, llamar más rápido, tener más cosas, más rápido. Y esto nos parece completamente natural.

Con dicho anteriormente, vemos que el hombre, si bien no ha cambiado en sí mismo, es claro que vive circunstancias muy diversas a las que vivían los hombres de otras épocas; esto no es nuevo, todas las generaciones humanas han vivido. Como diría Ortega y Gasset: Cada generación vive sus propias circunstancias”

La generación que vivió la Primera Guerra Mundial tiene una perspectiva del mundo muy diferente a la que vivió apenas en 20 años antes; la Segunda Guerra Mundial dejó huellas indelebles en su generación. Incluso en los años subsecuentes, los hijos de esta generación son llamados Baby-boomers, y los de la generación actual son llamados Millenials. Estos nombres son los que han dado los sociólogos a las generaciones y que, en alguna medida escriben su circunstancia particular. Estas generaciones viven condiciones diferentes y por ende tienen comportamientos grupales particulares y propios que, demandan respuestas particulares y propias a la filosofía. La problemática se vuelve grave cuando ella, la filosofía, no se puede sustraer a las circunstancias, y ella misma se vuelve presa de las circunstancias, perdiendo así objetividad. La filosofía ha de estar siempre por arriba y más allá del que sucede su momento, y no querer crear una filosofía para explicar la realidad con ella. La filosofía está obligada a crearse y pensarse ella misma y a partir de ahí entender el mundo e interpretarlo, proponiéndole alternativas de solución a las problemáticas que vive el hombre en su momento.

El problema que vive la filosofía de nuestros tiempos es que ha querido convertir el modo de vida del hombre en filosofía. Se vuelve de esta manera una filosofía circunstancial, una falsa cosmovisión. No interpreta el mundo, si no se hace al modo de ser del mundo, sin entender que primero es la filosofía. Como si el microscopio si quiere hacerse célula para verla o el telescopio objetivo, si la filosofía no es autónoma se traiciona a sí misma, no importa cuál sea la línea filosófica elegida para estudiar al hombre lo importante es que ésta sea ella misma. Nosotros hemos elegido la visión tomista como columna vertebral de nuestro análisis.

Volviendo a las generaciones: los baby-boomers por ejemplo, son una generación huérfana, ya que muchos padres de los países en guerra murieron en las batallas de la segunda guerra mundial. Por ende, los hijos crecieron sin padre o con un padre adoptivo y esto, les dio una característica particular que hace que los sociólogos vean comportamientos diferentes a los que pudo haber tenido una generación de padres vivos. Ahora, la generación emergente: la millenials viven los fenómenos arriba descritos, sobre la abundancia de bienes y de la inmediatez de ellos. Es por ello por lo que los filósofos nos vemos obligados a ver al ser humano en esa condición particular y el matrimonio no queda ajeno a estas circunstancias. Debemos dar respuesta a esta generación de cómo es el matrimonio en sí mismo. Quizás, no ha cambiado en lo más mínimo desde las épocas de Aristóteles, en cuyo caso estamos obligados a ofrecer un nuevo lenguaje, a explicar con palabras nuevas un fenómeno atemporal.

En la Edad Media el matrimonio no representaba una problemática de gran discusión. La mujer era, en lo referente a este tema, casi un objeto que debería sujetarse a los mandatos del marido y nadie discutía sobre ello. Socialmente, culturalmente era aceptado por la mujer en primer lugar y por el hombre también: como algo perene, como en otros tiempos lo fuera la esclavitud. Hoy, traídos a nuestra época la subrogación de la mujer por el marido o la esclavitud, son vistos, no sin razón por nuestra cultura, como barbaridades, como en otros tiempos los sacrificios humanos de los aztecas o hoy ver el circo romano de los Césares, temas que han ido resolviendo la humanidad no sin mucho dolor e injusticia.

Los principios básicos de cualquier sistema de pensamiento filosófico son permanentes e inalterables a través del tiempo y las épocas. Nos toca a nosotros ver con el sistema elegido cómo hemos de proponer soluciones a problemas nuevos propios de la época y circunstancias nunca antes vividas por la humanidad.

EL MATRIMONIO COMO CONTRATO

Una vez expuesto el panorama general, entremos de lleno en nuestro tema. Vamos a empezar por descomponer qué es un matrimonio: el matrimonio es una relación que se crea por voluntad de cada uno de los miembros, como cuando establecemos un contrato con alguien. Convenimos hacer algo las dos partes. Por ejemplo, yo me comprometo a hacer una barda y el dueño del predio a pagarme por ello. Un abogado nos dirá que el objeto es hacer una barda, el pago la contraprestación y que esto se hará en un tiempo. Hay tres elementos:

  1. El objeto: aquello que es la materia del contrato, la razón que motiva la relación, el porqué de unirnos, de voluntaria y libremente asociarnos. Si no hubiese la necesidad de la barda, no existiría ninguna razón para la asociación, por un lado; por otro lado, si no supiese hacerlas el albañil no sería la persona indicada con quien asociarse. Aquí caben, el porqué de cada uno. Todo el contrato tiene un fin ulterior para cada una de las partes: para el contratante que se resguarde su casa y para el que la hace ganarse el sustento.
  2. La promesa:  expresa mínimamente, ya sea de forma escrita o verbal, lo que se pretende en ese contrato. Es decir, a lo que se obligan las partes.
  3. La contraprestación: el pago que se hace, o hablando más correctamente lo que se entrega a cambio. Nos asociamos porque hay una conveniencia para ambos, uno sabe hacer bardas y el otro no, necesita una y está dispuesto a pagar un precio equitativo por ello.
  4. El plazo: el tiempo fijado para cumplir con el objeto. La barda debe hacerse en un tiempo razonable. No puedo recibir el anticipo o incluso sin anticipo, estoy obligado a cumplir con el compromiso, pues voluntariamente lo adquirí.

EL OBJETO

¿Cuál es la materia del matrimonio? El matrimonio tiene como materia crear una relación y ese es el primer producto en cuanto a la ejecución. Una relación que me permita hacer mi vida y cumplir mis proyectos. Ya que mis proyectos son compartidos, requiero de alguien que también busque esa plataforma para lograrlos. Sin embargo, el tema es que mis proyectos tienen que coincidir con los de la otra persona, quien también debe querer una plataforma y proyectos que coincidan en lo esencial con los míos. Así, si quiero tener hijos y educarlos en mi religión, necesito encontrarme con alguien del sexo contrario al mío que también quiera tener hijos y educarlos en mi religión. Para lograr esto, requiero esa plataforma. Si quiero tener sexo con una sola persona y serle fiel, requiero igualmente alguien del sexo opuesto que busque lo mismo. Si lo que quiero es alguien con quien compartir toda mi vida, mis ilusiones y fracasos, luchas, etc., requiero de alguien que esté dispuesto a compartir también su vida, y lo mejor es ir creando un vínculo con dicha persona donde se vayan acumulando todas esas experiencias mutuas de la vida.

Si mi objetivo es tener sexo con alguien del género opuesto para desfogar mis pasiones, no necesito un vínculo, solo un acuerdo donde medie lo económico o el deseo de la contrapartida y ya. Cumplido el acto, solo quedará el recuerdo del momento. Una plataforma sería estorbosa.

Vemos una similitud con un contrato en donde se crea el vínculo o plataforma, de manera que cuando hacemos una sociedad mercantil, creamos un vehículo con el cual vamos a vender, comprar, producir, contratar, etc. Todo lo anterior, con el ente social donde muchas de las decisiones de esta sociedad económica dejan de ser exclusivamente patrimoniales, pues hemos creado un ente con fines comerciales específicos; este ente cobra vida propia a merced de las decisiones que continuamente se van tomando, las que van afectando a otros entes económicos desde los más cercanos o íntimos como los empleados o trabajadores, seguido de los clientes y proveedores con los se va creando igualmente esta sociedad de relaciones económicas independientes de los dueños del capital.
La sociedad mercantil toma un nombre elegido, la mayoría de las veces por sus fundadores, algunas perduran generaciones y otras se vuelven incluso públicas, al colocar capital en la bolsa. La familia no es muy diferente. Si lo que se juega en una empresa es esencialmente dinero, en la familia son vidas empezando por la mía y la del otro, y a la par, las de la prole y también la sociedad en la que queda inserta esta familia, que toma el nombre de las familias de donde vienen a su vez los fundadores, esposo-esposa.

El matrimonio es un contrato. Nos asociamos con alguien por voluntad propia y buscamos algo al hacerlo. Es importante el fin que buscamos al casarnos; de la honestidad del fin se derivará la honestidad del objeto. Si al hacer la barda busco cobrar, hacerla rápido y de mala calidad, o lentamente sin importarme el acuerdo contraído, es deshonesto. Es decir, estoy engañando a la contraparte. No tengo la voluntad de cumplir con el objeto o el tiempo. Solo pienso en la contraprestación. Como aquel médico que opera al enfermo, teniendo en mente primero cobrar que, en curarlo, sin importar si lo necesita o no. La moral de cualquier médico le exige a la deontología que piense siempre en curar primero y claro, tiene derecho a sus emolumentos, pero hacerlo al revés, pensar primero en el pago, es poner en el diagnóstico del enfermo el cobro y no en la enfermedad. Ponemos en el raciocinio la carreta delante del caballo y el raciocinio acaba desbarrancando el objeto. El fin en el matrimonio ha de ser honesto y por esto entendemos que ha de ser bueno, genuino el fin buscado por las partes.

¿Cuál es el fin del matrimonio bíblicamente hablando? Primero, el acompañamiento vital. “…No es bueno que el hombre esté solo”[1].Naturalmente el hombre está diseñado desde su origen, para vivir en soledad o en comunidad, y la comunidad básica se da entre un hombre y una mujer; luego vienen otras formas de comunidad que no son objetos de este ensayo.

El segundo objeto del matrimonio y quiero ser muy enfático, el segundo, no el primero es: la prole. Párrafos atrás, dice Dios: «Sed fecundos y multiplicaos»[2]. La unión del hombre y la mujer es una vocación al acompañamiento vital junto con la procuración de la especie y no otra. Me caso para lograr mi vida como individuo sano y para prolongarla en mí descendencia. Estos son elementos naturales y validados filosóficamente, fundamentales para la vida. El hombre está obligado a lograr su bien como individuo en primera instancia y es más fácil hacerlo en comunidad que solo tanto física, económica y emocionalmente. Y segundo, buscar el bien de la especie a través de los hijos que se procrean. Esto reza para el hombre y algunas especies superiores. Dejemos el detalle para otra ocasión y para no desviarnos no vamos a abundar aquí en él.

LA PROMESA

Todo contrato requiere de una promesa. Puede que no esté escrito, pero eso no invalida un contrato, lo que invalida un contrato será en todo caso la falta de promesa.  Habiendo promesa, esta debe ser expresada y qué mejor que se haga por escrito, aun cuando el hacerlo por escrito no es otra cosa que dejar en forma patente aquello a lo que uno se está comprometiendo. Si yo me comprometo a hacer una barda, es bueno que se defina el tamaño de ésta, de dónde a dónde abarca, de que estar hecha, qué alto tendrá, cada cuanto tendrá un refuerzo, etc. Por otra parte, el que me contrata deberá decir: me va a pagar quizás un anticipo y posteriormente, al final de la obra, el total. El dejar por escrito algo, tiene la ventaja de que evita futuros malos entendidos. Sin embargo, el papel no es esencia de nada, la esencia en un contrato está en la promesa dada por las partes. En algunas legislaciones, por ejemplo, el contrato de trabajo no requiere estar escrito para poder ser exigido por la ley. Finalmente, lo que importa es la voluntad de hacer, lo que se ha de hacer es lo que importa para que un contrato lo sea y se cumpla cabalmente. Como solemos decir, “es más importante la palabra empeñada que el papel en el que está expresada”.

Siendo así, en el matrimonio el “sí” que los contrayentes se dan mutuamente, es la esencia del matrimonio y no algún otro documento que expira autoridad civil o eclesiástica. El “sí” dado por los esposos, se convierte en una promesa vital para siempre y eso no es un tema de papel sino un tema de querer. Por el “sí” que doy, me comprometo a casarme con esa mujer y la mujer a casarse conmigo, a compartir juntos una vida; vamos a estar ante cualquier discusión sacando un contrato en donde se dice si estoy obligado a lavar los platos o no.  Habrá obligaciones que serán por entendidas y papeles que socialmente adoptamos sin necesidad de expresarnos en un papel. Hay otros roles que adoptamos en función de la naturaleza femenina y masculina qué dan en el matrimonio de forma natural y muchas veces papeles adoptados emergentemente por la pareja en el diario convivir.

LA CONTRAPRESTACIÓN

La contraprestación puede ser vital o de intercambio puntual. Si quiero compartir mi vida, necesito que el otro quiera compartir la suya a un nivel equivalente. De lo contrario, no van a ir bien las cosas. Si uno busca sexo fácil y el otro también, no hay problema de relación, como tampoco lo hay si se busca por dinero y la contraparte está de acuerdo en el precio. La contraprestación tiene que ser equivalente de ambas partes para que el contrato sea posible y en temas vitales no caben medianías. Pongo mi futuro en juego y el otro también. Vamos a caminar juntos el resto de la vida y quiero que el otro vaya en la misma medida. Como la vida tiene proyectos de pareja, busco a alguien del sexo contrario con quien llevarlos a cabo y muchos de esos proyectos son también de carácter vital, no solo para la pareja sino para terceros como la procreación, donde esas nuevas vidas serán parte del proyecto que dos iniciaron. La contraprestación debe ser igualmente fuerte para poder alcanzar proyectos como el de crear y tener hijos. No menos importante se vuelve el hecho de que voy a compartir no solo mis recursos sino más importante, mis ilusiones y mi ser en una entrega corporal y anímica donde no cabe la unilateralidad.

Ya se deja ver que no es lo mismo una hora de placer, que toda una vida. Una esperanza de vida actual debe rondar por los 70 años. Para sostener una relación con alguien por 70 años se requiere de una plataforma muy firme, un vínculo muy sólido, mientras que un rato de placer requiere simplemente de un hotel de paso. Como un contrato vital debe ser para toda la vida, no basta tener hijos y ya; hasta que cumplamos 40 años y vemos si seguimos o no. En cuestiones en dónde se entrega la vida conscientemente, debemos estar dispuestos a dar la vida por ello. Esto no es como en uno de esos héroes de guerra donde en una batalla dan la vida y reciben una medalla post mortem. Aquí la batalla no es tan violenta, pero sí muy duradera y termina como la del soldado muerto en combate, con la muerte, pero sin medalla. Si en el matrimonio se entrega la vida, tan larga como esta pueda ser, es para siempre; él siempre de los hombres que no es otro que el que dura su vida. Pero aun después de la muerte de alguno de los contrayentes, este vínculo sigue de alguna forma dando vida a nuevos vínculos al casarse sus hijos. Bien es cierto que dice el Evangelio: “Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne.»[3] Si te irás a formar una familia, a hacer tu proyecto de pareja, si es tu vocación y formarás una nueva familia, esa es una nueva plataforma vital donde se dará la vida en pareja y la procreación de los hijos. Pero habría que resaltar que seguirás llevando el nombre de tu familia a donde vayas. No dijo Dios: “dejarás a tu familia”. Ese vínculo te acompañará siempre, pues es la forja que dio forma, y para bien o mal es tu compañía, tu forma social primera. Sí te irás de la sociedad que te dio forma, pero llevarás en tu ser impresas muchos hábitos, normas, formas y conductas. A veces en sintonía y otras en contraposición. Algunas veces tratado de equilibrar esas fallas que existieron en la familia originaría en la nueva sociedad marital, y valiéndote de las fuerzas que llevas de tu familia primera.

LAS CAUSAS

Cada una de las partes de un contrato que hemos asimilado a las del matrimonio, tiene de acuerdo con la física aristotélica, una causa determinada propia de su mismo objeto. Aristóteles en el tercer apartado de su segundo libro sobre la Física, nos explica las causas. Veamos cómo las partes del matrimonio son causas de este.

Aristóteles distingue cuatro causas: la primera es la causa material; la segunda la causa formal; en tercer lugar, la causa eficiente y por último la causa final. Coincidentemente son cuatro los elementos que hemos encontrado en el contrato y asimilando el matrimonio a un contrato, en virtud de que se trata de un acuerdo de voluntades, hemos visto que igualmente el matrimonio consta de cuatro partes. Podríamos decir en forma amplia que el matrimonio cae en el genero contrato.

CAUSA MATERIAL

Dice el filósofo: “es causa (1) aquel constitutivo interno de lo que algo está hecho,”[4]. Surge entonces, la pregunta: ¿de qué está hecho el matrimonio que lo compone?, siguiendo el ejemplo dado por el propio Aristóteles “el bronce respecto de la estatua o la plata respecto de la copa, y los géneros del bronce o de la plata.”[5]

La materia del matrimonio, aquello que lo compone son básicamente un hombre y una mujer. Sin ellos no puede haber matrimonio. Efectivamente, se requiere de una pareja de diferentes sexos, es decir es decir de un hombre y una mujer.  Por mas que se quieran hoy en día forzar los términos, no puede existir matrimonio de homosexuales, sea hombre-hombre o mujer-mujer. Habrá que buscar otro término para este tipo de relación. Es inapropiado llamarle propiamente matrimonio, ya que no pueden cumplir como partes esenciales del contrato que exigen un matrimonio de hombre y mujer; luego entonces no puede llamarse, matrimonio.

El matrimonio está constituido por dos personas del sexo opuesto, los cuales deciden unirse para formar una familia. Ellos son como el bronce de la estatua o como la plata de la copa.  Forman un matrimonio, una familia, un vínculo, pero no son en sí mismos el vínculo ni la familia ni el matrimonio. Cada uno por su parte sigue siendo una persona individual con inteligencia, voluntad propia y con sus facultades independientes el uno del otro.  Aquellos que forman un matrimonio, son la materia de este, más no son como tal el matrimonio: ni la mujer es una parte ni el hombre la otra. El matrimonio es mucho más que un hombre y una mujer juntos, aun cuando estos puedan vivir ejerciendo las funciones del matrimonio e incluso asumiendo las responsabilidades propias de una familia. Para que haya matrimonio se requiere de otros elementos adicionales. Reitero, podrán incluso parecer un matrimonio, parecer una familia, pero en tanto no cumplan con los otros requisitos que hemos hablado, que se requieren para que exista un contrato, no hay como tal matrimonio. Un hombre y una mujer juntos son causa material de algo más, de algo distinto: concubinato o amasiato, pero no matrimonio.  Podemos hablar incluso de paternidad y maternidad, pero no de matrimonio: el matrimonio exige en cuanto a un contrato, un acuerdo de voluntades formal. Algo más, algo mucho más profundo. No porque no lo podamos ver, es inmaterial del matrimonio, es inexistente. Es una cosa real tanto ante la sociedad, la autoridad civil, como ante la iglesia, cualquiera que esta ultima sea.

CAUSA FORMAL

Volviendo a nuestro autor, este nos dirá: “en otro sentido (2) es la forma o el modelo”. Esto es, la definición de la esencia y sus géneros (como la causa de una octava es la relación de dos a uno, y en general el número), y las partes de la definición”[6]. El matrimonio pues, en sentido formal, es decir, el vínculo, es lo que define básicamente. El vínculo que forma un hombre y una mujer, formando así lo que se llama, una familia.

La familia es, propiamente, la forma que adopta la relación dé un hombre y una mujer que deciden unir sus vidas para siempre. Es la plataforma sobre la que se llevarán a cabo los fines propios del matrimonio. Parece simple que el vínculo; sea la forma que tome el matrimonio, se preguntarán ustedes dónde quedan el hombre la mujer que lo formaron. Como vimos previamente, ellos siguen siendo personas en todo sentido ontológico de la palabra. Personas únicas e irrepetibles que tienen sus fines propios cada uno y sus vocaciones (algunas en común) propias del matrimonio; algunas otras propias de cada uno. Esto no quita que puedan, en un momento dado, compartir experiencias individuales, ni tampoco exime a cada uno del matrimonio, de cumplir con las obligaciones personales e independientes a las que cada ser humano está llamado.

Al casarse, un hombre y una mujer adquieren por supuesto obligaciones de pareja que exige el propio matrimonio y algunas individuales, se podrán compartir en gran medida, pero la individualidad de cada persona es mantenida a despecho de la unión, adoptada solemnemente en el matrimonio.  Es verdad que dice el Evangelio: “ya no serán dos, sino una sola carne.”[7] Efectivamente, hay una absoluta exclusividad carnal entre la pareja, están obligados a la fidelidad mutua. Es, además, estar obligado a cuidar del otro, providentemente. Y esto no acaba en el otro, porque habrá o hay en la mayoría de las familias, productos de la relación carnal llamados hijos. Jesús, usa la palabra del Génesis “carne” y no “alma” o “espíritu”. Entre otras cosas, para denotar la importancia de la fidelidad, también hace un fuerte énfasis en este mismo párrafo, a la indisolubilidad del matrimonio. Para Jesús no es poca cosa el matrimonio, pues hace sus primeros milagros en las bodas de Cana y con esto solemnizar el matrimonio. En una relación que no guarda fidelidad pueden darse hijos fuera del matrimonio por los contrayentes, lo que hace que sean factores disruptivos. Hay también un sentido de exclusividad carnal impreso en el ser que se llama celos, los que están bien y deben existir siempre, de forma moderada.

El matrimonio es propiamente la causa formal, aquello que hace que una familia sea lo que es y no sea otra cosa. La familia es un ente con una esencia propia formada, como se irá viendo, por la voluntad vital de un hombre y una mujer de crear vida y vivificarse en ella.

CAUSA EFICIENTE

No dirá Aristóteles en la Física nuevamente: “en otro sentido (3) es el principio primero de donde proviene el cambio o el reposo, como el que quiere algo es causa”[8]. La causa eficiente es entonces, la voluntad que tienen cada una de las partes en llevar acabo un fin. Este fin en el matrimonio es, como vimos en el apartado anterior, la familia: la creación de un vínculo estable en el cual se puedan llevar a cabo convenientemente de por vida, los fines del matrimonio. Cuando hablamos del contrato de prestación de algún servicio, nos referimos a un tiempo y un objeto determinados. Estos son la voluntad de los contratantes de crear un vínculo comercial, del que se han de desprender beneficios para ambas partes. En el matrimonio esto no es diferente. Lo que buscamos es formar una familia y este es un proyecto vital cómo hemos dicho antes, que abarca el contexto de toda la vida de los individuos que se casan. El matrimonio es un vínculo perdurable.

Las pocas veces que Tomás de Aquino habla del matrimonio dice: “por eso la causa eficiente del matrimonio es el mutuo consentimiento que de palabra se hace en presente expresamente”[9].

Más adelante analizaremos cuando hablemos del voto qué implica esta palabra dada y entraremos a fondo en esta cita de forma más extensa.

LA CAUSA FINAL

Por último, Aristóteles hace mención a la causa final con las siguientes palabras: “Y en otro sentido (4) causa es el fin. Esto es, aquello para lo cual es algo, por ejemplo, el pasear respecto de la salud”[10]. Es la causa final; lo que busca cada uno con el matrimonio, así como cuando hablamos del contrato de la barda, el uno busca ejercer su oficio y cobrar por ello, en cambio, el otro busca poder tener protegida adecuadamente su parcela.

El matrimonio no es una especie de contrato cualquiera. Es un contrato muy específico que tiene fines muy concretos y particulares en todos los casos. Cuando estos fines primarios no son compartidos por ambos, y asumidos de manera concertada, habrá problemas. Estos fines se deben de cumplir. Si no es así, se está pervirtiendo el fin del matrimonio.

Antiguamente el matrimonio se veía como el fin de procrear una prole; también se veía como una alternativa para aquellos que no entraban en una orden religiosa, por no poder cumplir con el voto de castidad.  El matrimonio también se vio mucho como instrumento político para unir reinos, para tener más miembros en la comunidad que ayudarán a la guerra o a los oficios. Muchos reinos se consideraban poderosos por el número de sus habitantes. El matrimonio además fue utilizado con fines económicos (esto queda patente por los matrimonios arreglados para mantener fortunas o acrecentarlas). Hoy en día, esto debería estar ampliamente rebasado, pero desafortunadamente no es así. Sigue habiendo en la cotidianidad muchas agendas ocultas en los matrimonios; quién se casa por adquirir poder o dinero.  En cualquier caso, esto es una aberración de los fines del matrimonio. Deben ser puestos en primer lugar siempre y sine qua non los fines verdaderos del matrimonio. Si resultase que hay un beneficio económico o político, esto siempre se debe tener en segundo término, a costa de malograr el matrimonio.

Los fines del matrimonio son en general dos de forma natural: primero, la permanencia del individuo en la vida. El hombre tiene como parte de sus fines naturales la supervivencia personal y el segundo fin: la perpetuación de la especie en el tiempo. Remontémonos a la época de las cavernas: un hombre no podía subsistir por el mismo; necesitaba vivir en sociedad, una que le proveyera seguridad, un mínimo de bienestar, pues el sólo no podría cazar ni hacerse sus indumentarias o preparar sus armas, hacer sus alimentos, recolectar el agua, construir su hogar, entre otras cosas. Cuando el hombre primitivo se separaba del grupo, llevaba consigo a una mujer que lo auxiliara, pues él sólo no se bastaba a realizar todas las labores que se requería. Probablemente se separarán en grupos formados, por un número igual de hombres y mujeres.  La mortalidad en aquella época debió ser altísima, tal como lo fue hasta hace pocos años todavía con los descubrimientos de la medicina moderna. El imperativo en aquel entonces en la procreación parque el grupo pudiera bastarse a sí mismo, pues si el grupo se veía reducido drásticamente, corría el peligro de desaparecer.

Con esto queda claro que los fines naturales de la unión de un hombre y una mujer son esencialmente la vida del individuo, en primer lugar. En segundo, la continuación de la especie. Ya hicimos referencia arriba a las palabras del Génesis: Dios creó al hombre y vio que estaba solo…no es bueno que el hombre esté solo. Y crecer y multiplicaos. (Génesis).

Hoy en día dirán ustedes: no vivimos en la época de las cavernas efectivamente estamos de acuerdo te vivimos una época en que el hombre sigue con su diseño original no es bueno que esté solo. El hombre no está diseñado para vivir en solitario e incluso la procreación In-vitro sigue requiriendo de un óvulo y un esperma.

Pero los fines del matrimonio no se reducen a estos; más bien habría que trabajar ampliamente en el desarrollo de estos dos fines, para ver cómo se descomponen de una manera mucho más rica las partes reducidas y expresiones con las queremos determinar hasta ahora los fines del matrimonio. Por lo pronto establezcamos que si estos dos fines no están presentes no es matrimonio. Se le puede llamar relación de pareja, amasiato o como se quiera pero no matrimonio. Usamos malamente el nombre por asimilación pero nada más impropio que esto.

UNA VISION DEL MATRIMONIO

Diversas fuentes ven al matrimonio fundamentalmente como una expansión de la especie, sin poner en este momento los fines sobrenaturales que ve la doctrina católica. Esto es, esencialmente, una herencia tomista. La visión tomista del matrimonio es muy rudimentaria, es decir, la causa de ello pareciera, por un lado, que el Santo no está muy preocupado de este sacramento como lo está de otros; pone un gran énfasis en el sacramento del orden. La otra razón es que la Suma Teológica, su obra más sistemática no está concluida. De hecho, en algún momento él mismo dice que hablará más delante de este sacramento, sin embargo, no sucede, ya que muere antes de hacerlo. Sus discípulos escriben un suplemento, pero esto no es en modo alguno una obra original del Doctor Angélico, sino que es una obra de la que hay que desconfiar, fundamentalmente porque el genio de Santo Tomás se va expresando de una manera altamente prolija en los temas que va tratando. Así se está hablando de Dios, del hombre de Los Ángeles. Este puede sacar a colación genialidades a cada momento, pues asa se va descubriendo su obra. Una suerte de conocimientos entreverados en cada frase, por cada tema que está tratando, aun cuando no correspondan a estas cosas que haremos ahora. Tomaremos de su obra enseñanzas que iremos aplicando al matrimonio, lo que nos permitirá ver más a fondo en qué consiste. Habrá momentos en los que no encontraremos una respuesta en él y será entonces que echaremos mano de otros argumentos como lo hemos hecho anteriormente.

Hasta ahora, se ha analizado en un primer momento el matrimonio como contrato. Posteriormente vimos las causas siguiendo Aristóteles y ahora sigue hacer un análisis más profundo de cada uno de los temas ya vistos.

ALGUNAS ACOTACIONES DEL SER HUMANO

Antes de iniciar con el análisis del matrimonio, es necesario dar una breve cosmovisión de la persona humana, sin la cual el análisis subsecuente carecería de sentido. Si vamos a analizar un acto humano tan profundo como es el matrimonio, debemos previamente tener algunos conceptos de la visión que se tiene del hombre, que es selector principal de este acto individual y social a la vez.

El hombre no es un ser acabado en esta vida. Una de las exigencias más grandes de nosotros mismos es desarrollarnos como personas, tanto en lo físico como lo espiritual, porque el hombre no es un espíritu puro ni tampoco un puro ser físico, el hombre está compuesto de cuerpo y alma. El hombre no es un cuerpo con alma o un alma en un cuerpo.  El alma, diría Aristóteles, “como acto primero de un cuerpo natural organizado que tiene la vida en potencia”[11]. Es el hombre un compuesto de materia y forma. Sí, es un compuesto indisoluble. Antes de su unión, el cuerpo y alma no formaban un ser por sí mismos; ante la corrupción del cuerpo, el alma no puede permanecer en él y trae como consecuencia la muerte, una materia que por muy impotencia que esté, recibir un alma no lo hará simplemente porque el cuerpo se encuentra organizado. El experimento de Frankenstein no deja de ser más que una novela, un experimento fallido propio de la fantasía del genio literario y nada más. Un cadáver, por mucho que lo arreglemos y le demos electroshocks, no va a volver su alma al mismo, si alguien muere de un infarto y le hacemos un trasplante no hay manera de trasplantarle un alma. A la corrupción del cuerpo, el alma no puede permanecer en él, pero eso no es el hombre, eso es alma, su alma inmortal. Aristóteles deja la mesa puesta para demostrar la incorruptibilidad del alma en el libro Acerca del Alma. No es objetó de este estudio observar qué pasa después de la muerte con el alma, ni qué sucede con sus despojos físicos, lo cierto y patente que hay dejar hay aquí claro, es que el hombre es la unión indisoluble de cuerpo y alma. ¿Por qué es importante esto? porque los hombres tienen la capacidad entonces, de moverse en dos escenarios a la vez; se mueve quiéralo o no, en dos ámbitos distintos. En cada acto o acción que realiza el hombre por esta dualidad inseparable que tiene, sus acciones van a tener consecuencias en lo físico y en lo espiritual.

Ciertamente hay acciones muy animales en el hombre, las que compartimos con el resto de los seres que habitan la tierra: como el comer, respirar, y otras acciones de carácter bastante animal. Pero en ellas, el hombre a diferencia de los animales sucede que acciones tan cotidianas como el comer las puede convertir en un arte: mi perro no puede hacer arte del comer, sin más miramientos él va a su alimento y lo engulle satisfaciendo su necesidad de nutrirse. El hombre encuentra la belleza en un plato bien aderezado y es capaz de delectación en ello y a diferencia, el perro siente placer al comer, pero no puede delectarse.  Él sigue su instinto, el humano lo domina y se puede apartar de él porque es capaz de razón y voluntad, facultades que residen primariamente en la parte anímica y por participación en la parte física, pero aún estas dos facultades no pueden ser ejercidas a la carencia del cuerpo. Vemos así, que el hombre es un ser sumamente complejo, complejidad que le viene de esta dualidad en el ser. Habría entonces que considerar cuándo vemos los fines del matrimonio, esta dualidad humana.

El hombre es además un ser teleológico. En efecto, cuando decíamos arriba que el hombre es un ser inacabado que va aprendiendo durante el transcurso de su vida muchas cosas y haciendo muchas otras, la mayoría de las cuales hace y van dejando una huella en él, pues las cosas que hace un hombre son por un lado intrascendentes y por otro, trascendentes.  Son intrascendentes en el sentido que no permanecen en las huellas de los actos que realiza: si alguien que no sabe mucho de carpintería, se hace de unas herramientas con algo de madera y fabrica con esto una mesa, va a quedar en él aprendizaje que le ha dado el haber hecho esa mesa, aun cuando sólo consta de cuatro patas que sostengan una tabla. Por otro lado, la propia mesa, sea rústica o no, es trascendente; una vez construida queda ahí. Incluso pudiese permanecer después de su muerte. Mientras que el aprendizaje que logro con hacer la mesa permanece en el es intrascendente. Queda en el de manera de habito.

Cuanto más permanecen los actos que realizamos, dejan una huella en las almas de nuestros semejantes y en nosotros mismos. Es así como el hombre se va enriqueciendo con los actos que va realizando en el transcurso de su vida, actos que por el hacer le otorgan ser. Así, cuando realizo algo, poseo algo nuevo en mí, a partir de lo cual puedo hacer algo más; luego entonces, ese algo deja otra cosa en mi ser, una nueva habilidad. Soy más. Hay más riqueza en mí, más potencias que me capacitan a obras nuevas. El hombre se va desarrollando en el transcurso de su vida no sólo en conocimientos, sino también en bondad o maldad, porque cada acto bueno que realice un hombre lo hace más bueno y lo potencia a hacer actos más buenos. Algo similar sucede con los actos malos. Cosa parecida sucede con la estética o la belleza, se va aprehendiendo, desarrollando, va formando una parte de mí. El hombre, por los actos que va realizando en la vida se va haciendo, a sí mismo. Este proceso no termina sino con la muerte.

Durante su vida, el hombre va a realizar muchos actos, los cuales son necesarios para sustento y otros que se apartan más de los bienes fundamentales de la vida. Los más importantes que realice son aquellos que lleva a cabo en orden a su vocación, al llamado único e irrepetible que tiene cada uno.  Este llamado radical es lo más íntimo de la persona.  Los romanos lo llamaban destino y le atribuían a éste, muchas de las vicisitudes de su vida diaria. Otros le han llamado circunstancias, pero las circunstancias son sólo la plataforma a partir de las cuales he de lograr mi fin. Y no sólo el fin, aquí estoy haciendo un llamado como ser humano, sino a un fin particular y exclusivo que cada persona tiene en la vida. Unos están llamados a trascender en lo político, así vemos presidentes, diputados y senadores, que en algún momento de su vida rigen los destinos de los países. Hay otras vocaciones menos estridentes, pero no por eso de menor dignidad; estamos llamados a ser padres, esposos, pero siempre en específico; estoy llamado a ser esposo de esa mujer y de ninguna otra, más estoy llamado a ser padre de mis hijos y no de otros hijos. Las multiplicidades de posibilidades de los seres anímicos corpóreos son muy amplias. Me desarrollo en lo personal, que abarca lo físico y lo espiritual. También me he desarrollar en las polis, en lo social, en la intimidad de una amistad o en la multiplicidad de mi comunidad, y aquí en lo comunal se repite lo físico y lo espiritual.

Queda entonces establecido que el hombre, en tanto ser humano, es un ser dual y además teleológico. Veamos entonces el matrimonio desde estos dos puntos de vista, en su dualidad vital y en su esencia teleológica que abarca su dualidad vital.

EL FIN DEL MATIMONIO

Ya anteriormente hemos tocado el tema de manera general corresponde ahora ahondar y detallar algunos aspectos muy relevantes del fin del matrimonio empecemos por el final.

Lo primero que habría que buscar es cuál es el fin del matrimonio, porque lo primero que se busca cuando se hace algo es: “el fin, aunque es lo último en la ejecución, es lo primero en la intención del agente. Y de este modo tiene razón de causa”[12]. Siendo el fin lo primero en la intención, empecemos por ello: el matrimonio tiene fundamentalmente dos fines como hemos visto arriba. El primero es la prevalencia del individuo en el ser; el segundo, la permanencia de la especie en el tiempo.

I. La prevalencia del individuo en el ser.

Como hemos visto arriba, un individuo no se puede bastar a sí mismo en la vida diaria. Arriba ejemplificamos lo que sucedía a los primeros pobladores de la tierra y que la pareja juega un papel relevante en la supervivencia del individuo, apoyándose mutuamente en las labores de sustento diario, en la seguridad, en apoyo mutuo en las labores diarias, entre otras. Vamos a hablar de la prevalencia, que va más allá de permanencia. Podemos permanecer y permanecer en un estado precario, pero esa no es la idea. La idea es permanecer en un estado de salud física y emocional en la vida. Permanecer en las mejores condiciones posibles para que seamos de esta manera productivos a nosotros mismos y a los demás; para esto se requiere de salud corporal y emocional.

En una sociedad como la actual, el alimento no se consigue saliendo a cazar o a pescar, sino que hoy en día el hombre va al supermercado y encuentra pescado fresco de diferentes variedades y en ocasiones de diferentes partes del globo terráqueo: cuando llegó a México, Cortés se encontró con que un grupo organizado de indígenas le llevaban a Moctezuma pescado de Veracruz a la Gran Tenochtitlán, corriendo por relevos para que el pescado llegara fresco a su plato. Este era un lujo exclusivo del emperador, considerado por sus vasallos algo más que un semidiós. En contraste con ir al supermercado en la actualidad y conseguir ahí los más diversos y frescos artículos de muchas partes del mundo es cotidiano, pero un habitante de la gran Tenochtitlán de Moctezuma no pensaría con inmediatez. Por otro lado, siguiendo el mismo ejemplo, el propio Cortés enviaba las cartas al emperador Carlos V con la expectativa de recibir respuestas mucho tiempo después de ser enviadas; las misivas de hoy: le puedo escribir un e-mail o un Whatsapp a mi prima en España y lo recibirá en milisegundos. Esto sucede cuando esa inmediatez y abundancia es llevada a los sentidos en cosas trascendentes.

Un hombre de ciudad actual se levanta en la mañana, encuentra agua corriente en su lavabo, sale de su casa toma un refrigerio en alguna cafetería cercana y se va su trabajo. Realiza las labores propias de su oficio y al mediodía, a la hora de comer, tendrá a la mano un alimento balanceado, ya sea porque está en el menú de la fábrica o porque en la cafetería lo tendrá disponible a un precio de paquete. Por la noche al llegar a casa, podrá ordenar para la cena muy variadas ofertas culinarias: pizzas, hamburguesas, comida china, japonesa, hindú, etc. Se ve un abismo entre el hombre anterior al siglo XX, XXI y de todos los siglos anteriores. Hoy hay facilidad e inmediatez de los bienes materiales.

Requiero hoy de una pareja que me ayude a sobrevivir. Este mundo moderno, efectivamente, nos permite vivir en un estado autónomo, si así lo quisiéramos. Es una falsa autarquía, ya que somos muy dependientes de todos esos medios que nos proveen el alimento, la medicina, el transporte, etc. Sin embargo, el valor de la pareja como ayuda básica no pierde sentido. El hombre que tenga el ingreso suficiente puede en una ciudad moderna acceder a todos estos servicios con gran facilidad. Así, desde el punto de vista físico, se vuelve menos urgente al modo en el que se entendía hasta hace pocos años o en un entorno rural.

Uno de los fines del matrimonio: el apoyo compartido de las labores ha cambiado. En épocas de mis padres, él trabajaba todo el día y mi madre se encargaba de organizar el hogar y llevaba la carga más pesada con los hijos. Ella cocinaba, cosía, tejía, nos ayudaba con las tareas de la escuela, cuidaba de mi abuelo, etc. Hoy, eso es anacrónico, solo una generación después. La comida de la calle es buena, el cocinar es una distracción; para coser se usa un sastre o se compra una nueva prenda; las guarderías y escuelas que asisten a las madres que laboran son más comunes. Hoy ambos suelen aportar a la manutención. Comparten ahora el cuidado de los hijos, desde cambiar un pañal hasta hacer una tarea escolar; el cocinar el desayuno, preparar la cena o la comida con los amigos el fin de semana.

Sigue habiendo actividades que se diferencian, solo que esta diferenciación va más en el sentido del gusto personal y las habilidades de cada uno, no van atadas a un género u otro. Las tareas en el hogar entre dos son más fáciles que uno solo, hay que recurrir menos al exterior y se prestan más a la intimidad.

Por otro lado, la parte psíquica cobra mayor importancia, pues este hombre lleno de “cosas” se va aislando más. Sí cenará solo en la cafetería de la esquina y estará solo en su casa después. Peor aún, se podrá preparar su comida instantánea y a partir de ahí ya está solo. Tiene un libro o la TV como distracción, pero no tiene compañía, no tiene con quién comentar las vicisitudes del día, la película de la TV, el libro, el sabor de la comida. En la mañana al prepararse para el trabajo, en el desayuno. Espacios de soledad.

Les comparto una experiencia: Tengo la costumbre de trabajar por las noches cuando todos en mi casa duermen, para lo cual adapte un espacio apropiado con un escritorio, luz apropiada, algunos libros, papel, lápiz y mi ordenador. Soy desvelado y pensé, “así no molesto a nadie en ese hogar”. Habían pasado algunos días y mientras trabajaba, mi esposa apareció una noche ya tarde y me dijo, “ven a trabajar al cuarto que me siento sola”. Al día siguiente, me había comprado una mesa y una lámpara para que trabajase en la habitación. No le importaba la luz a altas horas de la noche. Tenemos cuatro hijos así que no es una casa sola. ¿Puede una mujer o un hombre vivir a solas? Hay personas que lo hacen, algunos por propia voluntad y otros por obligación, la pregunta es: ¿qué tan sano es mentalmente?

Es verdad que cuando se casan los hijos, se va quedando la casa vacía y si a eso le agregamos una viudez, hay un vacío obligado. La pregunta persiste, ¿qué tan sano es?

La tendencia actual es que las personas cada día más suplan su soledad con las mascotas. Los estudiosos de la mercadotecnia nos dicen que es una categoría comercial en rápido ascenso. La pregunta real es: ¿qué tanto suple la compañía animal a la humana? el hombre ha vivido naturalmente rodeado de bestias que tienen un alma animal no racional y por ende, una afectividad animal. Suple precariamente y si alguien dijese que suple completamente, está animalizando su afectividad. El hombre en el paraíso tenía a los animales y aun así Dios dijo: “no es bueno que el hombre este solo”[13]. Bien, parece que estamos como en un reacomodo social en este sentido, pues la humanidad ha experimentado cambios muy violentos en los últimos cien años y aún no entiende bien qué debe hacer.

La compañía de la mascota es una cataplasma contra un cáncer psíquico. La mascota es buena, buenísima, en su justa medida como complemento, nunca una solución de fondo. La mujer requiere del afecto masculino y el hombre del femenino; cuando no es así, es patológico. Es patológico animalizar mi afectividad u homosexualizarla. Dirán, ¿cómo hacen los curas y las monjas? ellos tienen una continua y estrecha relación con la divinidad y los santos, rezan largas horas. Ahí se da una unión con Dios y la Virgen. No voy a hacer teología aquí, sin embargo, me parece que el sexo no le afecta al creador y él es capaz de proveer la debida afectividad, tanto a la mujer como al hombre. El fenómeno inverso de animalizar mi afectividad, es divinizarla.

Un papel fundamental del matrimonio en el hombre moderno es el amor de pareja, con todo lo que esto conlleva. Primeramente, una afectividad sana, no perfecta, ya que pensar que no habrá fricciones en un matrimonio es pensar en lo escusado. Los celos y los enojos son buenos, pues nadie se enoja con algo que no le importa.

Normalmente son más los buenos afectos que los malos en un matrimonio sano, tanto que el buen afecto se ve como natural, habitual y a su falta reclamamos. Y reclamamos incluso la compañía callada de la pareja, a veces aun cuando dormimos.

En segundo lugar, la comunicación donde el intercambio de ideas se hace muy necesario desde la opinión, sobre un evento lúdico hasta los proyectos de vida y sus avances, el hombre con todos los medios de comunicación actuales intercambia mucho y se comunica poco; recibo un Whatsapp de feliz año nuevo de tantas personas o grupos que pierdo perspectiva y a su vez los míos, no hay selectividad; publico un comentario en Facebook y es visto por un grupo muy nutrido de personas pero no suple esa contemplación que implica el matrimonio, una contemplación de la vida en pareja que trae una comunicación serena y reposada en el barullo del mundo arrebatado que vivimos hoy.

II: La permanencia del ser en el tiempo.

Clásicamente se ha visto el: “Sed fecundos y multiplicaos»[14]. Como un primer fin del matrimonio. Nuevamente, un mandato divino que parte de las primeras páginas de la Biblia. Hay un impulso en la naturaleza de los hombres que es tan fuerte como el comer, la seguridad: se trata de la reproducción. Como hemos apuntado, la reproducción busca sustentar al hombre en el tiempo, por eso tenemos el apetito sexual tan altamente desarrollado. Porque es a través de la reproducción que el hombre se ve reflejado en el tiempo. Los hijos son, efectivamente, una continuidad de nuestro vivir, del vivir de un proyecto de humanidad que no se agota en nosotros, sino que se ha venido construyendo desde Adán y Eva, y continuará indefectiblemente. Lo anterior gracias entre otras cosas, a este apetito carnal tan fuerte que hay en nosotros. Esta impreso en nuestros apetitos más íntimos.

Este ser fecundo en los animales se agota en el deseo carnal; en el hombre puede ir más allá, de hecho, debe de ser así a riesgo de convertirlo en deseo animal. El hombre humaniza todos sus actos convirtiendo sus más primitivas pasiones en algo mucho más digno y bello. El hombre puede querer con su voluntad tener una familia sin que medie deseo carnal, y para ello puede alguien querer tener una familia mucho antes de pensar en la pareja. No es poco común preguntarle a una jovencita aun impúber si quiere tener hijos y dirá seguramente con su muñeca en la mano que sí.

En la mujer el instinto materno está latente desde niña; no se necesita una gran estadística para comprobarlo. Los chicos tan pronto tienen capacidad de expresión, tienden a buscar los cochecitos y las pelotas, mientras que las niñas buscan las muñecas, es algo no aprendido, es innato. En el varón de ese instinto no necesariamente despierta tan pronto, pero acaba emergiendo en muchos hombres, al igual que en las mujeres. ¿Cuántos varones conocemos que dicen más adelante, “quiero buscar una buena esposa y casarme para formar una familia”? El deseo de procrear no se queda en el nivel animal, lo rebasa con mucho. Cuando las crías de los perros se bastan a sí mismas, dejan la manada para continuar con sus instintos y la perra que lo parió, deja de verlo como una responsabilidad. En general, este es el comportamiento de los mamíferos. En la medida en que el hombre objetualiza el placer sexual, éste, por ende, se animaliza. Cuando un hombre embaraza a una mujer y la abandona a su suerte se comporta como un animal. No digo que quien embarace a alguien ha de casarse con él, sino que este fenómeno es más común entre los jóvenes, todavía lejos de una madurez suficiente para afrontar el matrimonio. Han de ver por esa prole en tanto la mujer así lo demande, pero no han de casarse pues, es como arreglar un error con otro. Atender a la obligación de padre, buscando el bien del hijo es diferente a la de esposo o cabeza de familia. El vínculo familiar no debe ser obligado por ninguna causa, por más grave que esta parezca. Sí, las consecuencias de un rato de placer son vitales y acarrean cumplir con las de la paternidad y no con las responsabilidades de ser padre de familia, aunque se use la palabra “padre”, es muy diferente ser padre a secas y padre de familia. Las connotaciones de la primera se incluyen en la segunda y no al revés.

El tema del placer sexual aún requiere un apunte: El placer sexual ordenado es muy bueno, desordenado muy malo. Dice San Pablo: “No obstante, digo a los célibes y a las viudas: Bien les esta quedarse como yo. Pero si no pueden contenerse, que se casen. Mejor es casarse que abrasarse”[15]. Vemos cómo usa la palabra “abrasarse“, que no es otra que consumirse como leña en el fuego; lo expresa refiriéndose a la incontinencia de las pasiones.[16] Esta entonces entre los fines del matrimonio aplacar los deseos sexuales ordenadamente, con independencia de la procreación de la prole.

Cuando un matrimonio decide no tener hijos solo porque no, porque le parece complicado o pesado, comete un acto de egoísmo contra la humanidad y contra su propia naturaleza igualmente. Es esta labor de poblar la tierra la de los casados, no digo sobrepoblar ni que tengan todos los que sea posible, cada pareja ha de decidir (desde su propio punto de vista) cuántos puede mantener responsablemente, sus cuidados y educación primero, así como su manutención después. Si no les permite la naturaleza tener, acordémonos que la intención es la que cuenta en los temas del espíritu. Si una pareja decidiese que lo que pueden educar y atender es uno, está bien, muy bien. Si alguna pareja piensa en cuatro o diez también está bien, es tema de ellos y de nadie más. Solo una pareja sabe en su intimidad de sus propias fuerzas y nadie debe juzgar desde fuera.

No tengan miedo a tener varios por causas de la hambruna en África o la guerra en Irán, si no es su caso. Dios provee, aquel refrán que dice: “cada niño viene con su torta bajo el brazo”, es absolutamente cierto. Por eso hay Providencia Divina. De este tema podríamos escribir no un ensayo sino muchos libros. Repito las palabras del Papa Juan Pablo II: “No tengan miedo”, y agrego, tampoco sean temerarios, midan sus fuerzas y Dios les dará más.

Cuidándonos de no caer en egoísmos ni de cometer errores de anticoncepción, parejas casadas tengan sexo disfruten de, el ampliamente, denle estatuto de delectación al placer carnal que el hombre lo puede hacer y el animal no. Cuiden cuatro cosas:

Primero: siempre respétense: no forcé a la otra parte por ningún motivo, al contrario, sean cariñosos y cuidadosos el uno con el otro. Segundo: no hagan uso de lo que es para una cosa en lugares inadecuados, al punto de hacer algo insalubre, siempre es mejor pecar de menos que de más en esto y si alguno no se siente a gusto con lo que puede pasar, expréselo para que siempre sea consensuado. Tercero: nunca, nunca usen métodos abortivos o que tengan sospechas de serlo para la anticoncepción. Cuarto: no usen métodos anticonceptivos que puedan afectar a la salud primero mental y segundo psíquica. Conténtense con esto que es bastante y denle vuelo a la hilacha que ayuda a aminorar las pasiones del mundo, que a cada nos las provoca más. Es deseable que las relaciones sean entre pareja siempre y fuera nunca. Hombres sean respetuosos y cuidadosos con sus mujeres y mujeres no sean rejegas que luego andan todos alborotados sus maridos porque nos son atendidos convenientemente en casa.

III. El sentido teleológico del matrimonio.

Quizás el fin menos objetivo, pero más importante a la vez reside en la teleología del hombre: el hombre es un ser que tiende a fines unos más próximos y frugales, y otros más vitales y transcendentes. Si nos movemos por tres apetitos a saber: el natural como la fuerza de gravedad, el hambre; las pasiones como el miedo, el placer; y por último por la voluntad, por la que tendemos primariamente al bien en absoluto y luego a los bienes intermedios que la razón nos presenta como buenos. En cuanto a que no somos partes, sino que nos movemos como una unidad en todo lo que hacemos. En la medida que nos movemos por alguna cosa, es el ser el que la busca y no su apetito pasional autónomamente esto quiere decir que cada vez que vamos tras de algo hay una resonancia en todo el individuo.

El hombre busca hacer algo en la vida, trascender en algo, unos buscan un buen trabajo otros lograr obras de arte, otros ser ricos, etc. Todos intentamos lograr algo en la vida, apetecemos algo: unos más en el tener, otros más hacer y otros más en el ser, pero siempre nos movemos en entre esos tres motivos. Un novicio busca servir a Dios en el sacerdocio respondiendo a una vocación divina, así mismo el novio busca formar una familia respondiendo igualmente a una vocación divina. Si sostengo en otro escrito que el matrimonio es una vocación diversa al sacerdocio, pues la del matrimonio ha de confluir con la vocación de otra persona, pero no a cualquier persona sino a esta o aquella en específico, los casados estamos llamados al matrimonio, pero no en general, esta mujer está llamada a casarse con determinado hombre y lo mismo pasa con el varón.

El hombre puede tender a varias cosas trascendentes en su vida a la vez siempre que estas sean compatibles. Si podemos desear ser un empresario y no estorba con que quiera ser un padre, igual puede querer una mujer ser una gran ejecutiva y madre a la vez, lo cual también hoy en día es compatible. Puedo quizás también destacar en algún hobby o labor social, el ser humano es multifacético solo estamos limitados por el tiempo y quizás en recursos materiales. Si me dedico largas horas a mi trabajo, además voy al gimnasio, tengo cuatro hijos, juego tenis y participo en labores sociales continuamente algo va a salir mal, todo logro requiere una actividad que consume tiempo y recursos, algunas más y otras menos, lo mejor es balancear mis actividades de modo que no malogre alguna. Pero es muy razonable ser una buena madre, trabajadora y practicar algo de tenis, por ejemplo, siempre que priorice mis actividades en función de la relevancia de los fines a alcanzar. Quizás quiero ser un buen padre y trabajador, pero y el tenis sea una actividad complementaria, que si no soy el campeón del club no importe.

El matrimonio tiene la característica de ser un fin en sí mismo y a la vez un fin para otras cosas. El matrimonio es una a actividad humana plena y con una trascendencia en lo personal a lo íntimo y lo social. Tiene valor intrínseco puede ser y debe ser el fin primero de la vida de un hombre y una mujer casados y los demás fines buscados en la vida debes estar asociados a este. Por el matrimonio me hago esposa o esposa, padre o madre, lo que conlleva el cuidado de la pareja y el de los hijos en primer lugar y en segundo todo lo demás.

El matrimonio es un fin y un medio a la vez como dijimos arriba, el matrimonio forma ese espacio llamado hogar en el cual nos refugiamos del mundo agresivo y ruidoso en el que vivimos. No quiero decir que el matrimonio es un lugar de descanso, todo lo contrario, a casa hay que llegar a trabajar: en las labores del hogar a escuchar al otro, a educar a los hijos, el matrimonio implica una carga, pero como dice El Evangelio: “mi yugo es suave y mi carga ligera.”[17] Si también el esposo y la esposa son el uno para el otro un apoyo en primer término espiritual con quien comparto mis más íntimas inclinaciones y preocupaciones. Es el respaldo al mantenimiento del hogar unas veces aportando otras administrando. En el matrimonio se da la solidaridad en la más pura de sus formas. Es el hogar donde duermo con la seguridad de que alguien que me ama está a mi lado. Nos protegemos mutuamente y nos damos mutuamente. Es en el matrimonio donde el hombre casado encuentra la estabilidad emocional que quita la ansiedad de este mundo agitado. El matrimonio es la estabilidad emocional que ningún Prozac puede dar. A partir de esta plataforma me puedo lanzar sin cortapisas a grandes empresas, sin ella es muy difícil, no digo imposible porque al final de la jornada ahí encontrare un afecto verdadero y estable.

Es verdad que el matrimonio es un medio, pero no olvidemos que es por sobre todo un fin. El amor es un proyecto total y abarcante, en donde no caben medianías, por que demanda y da a la vez. El vínculo fundamental de una vida estable que nos proyecta a impensables horizontes. No importa cuánto del espere de no se le puede tomar como medio en primer lugar. Primero es fin y sobre todo fin. Es plataforma vital también pero siempre como sucedáneo. Aquellos que se casan por interés están destinados al fracaso o la infelicidad.

EL COMPROMISO

Siempre he sido renuente a las formas, más cuando estas carecen de sentido y solo sirven para justificar conductas morales inadecuadas, que con un manto de formalidad que da socialmente un sentido de insaculación a actos muchas veces altamente violentos, por violentos me refiero: contra voluntad. No obstante, las formas son necesarias cuando acompañan un acto bueno y que socialmente requiere ser exhibido y validado. Este es el caso del matrimonio ya que los que se casan crean una nueva célula social. Si el matrimonio está inserto en la sociedad, proviene de ella, de individuos que se encuentran en actos sociales, la mas de las veces fortuitamente. Si me caso con esa alma que concuerda con la mía, con la que encuentro esa comunión primera ese enamoramiento primero que supera lo corpóreo y va a lo anímico y que luego se va a consolidar en un acuerdo de voluntades, en fines vitales iguales. Si este acuerdo de voluntades de unión a una vida en común es libre, debe seguir una forma social por que nace de ella y tendrá repercusiones vitales en ella. No es un acto personal solamente, si nace de lo más íntimo de la persona, pero termina en lo más central de la sociedad, luego esta sociedad debe participar de la forma adecuada. Básicamente testificando, validando la legitima unión, no juzgando, porque posteriormente será parte de mi círculo social, será un componente más del que tengo la obligación como sociedad de apoyar.

Según la iglesia católica los esposos son los propios ministros de este sacramente mediante el cual se da el matrimonio “Según la tradición latina, los esposos, como ministros de la gracia de Cristo, manifestando su consentimiento ante la Iglesia, se confieren mutuamente el sacramento del matrimonio.”[18] Es pues la pareja y su consentimiento quienes en primer lugar dan sentido al matrimonio a saber cómo hemos apuntado: la causa material y la causa eficiente ambas son causas previas inmediatas para que pueda ser el matrimonio. La causa final es el vínculo que los une en propio acto y la causa final lo buscado que como hemos dicho son los fines que se esperan de la unión son primeros en la intención y últimos en su alcance o realización.

Santo Tomas nos dice en Los Opúsculos Teológicos, en los artículos de los fieles y de los sacramentos, nos dice refiriéndose al matrimonio: “VII. El séptimo sacramento es el matrimonio, que es el signo de la unión de Cristo y La Iglesia. La causa eficiente del matrimonio es el consentimiento mutuo, expresado con palabras de presente. El bien del matrimonio es triple. El primero de los cuales es la prole, que ha de ser recibida y educada para el culto de Dios; el segundo es la fidelidad que uno y otro deben guardarse mutuamente; el tercero es el sacramento, esto es: la indisolubilidad del matrimonio por significar la unión indisoluble de Cristo y La Iglesia.”[19] Esta es la cita más extensa que tenemos de los escritos de Tomás de Aquino al matrimonio. Vemos en ella que cita a la causa eficiente, el consentimiento es un voto, tema ampliamente tratado por El Aquinate.

En ambas fuentes se habla del compromiso como vemos es para la iglesia católica y para Sto. Tomás de Aquino, no obstante, su parquedad sobre el tema, parte indispensable en el matrimonio. Efectivamente el sí expresado a la otra parte en plena y absoluta libertad es indispensable. Este si debe ser expresado con absoluta seriedad y sobriedad, es el factor que trae como consecuencia el vínculo. He usado la palabra sobriedad y me gustaría ampliar este punto: Sobriedad la quiero usar no en el sentido más popular solamente sino en todos sus sentidos. El diccionario de la RAE nos dice: sobrio, sobria 1. adj. Templado, moderado. 2. adj. Que carece de adornos superfulos. 3. adj. Dicho de una persona: Que no está borracha.

Es evidente que ante el influjo del alcohol se cometen muchos actos irresponsables pues se pierden temores y pudores que en estado de sobriedad no nos atreveríamos a decir o hacer. Desde luego que es invalido el voto dado bajo los efectos del alcohol, pero hay otros alcoholes o atrantantes del juicio y no me refiero a los estupefacientes de cualquier tipo que este pueda ser. El juicio se puede nublar por otras causas y la más común de ellas se da en el exacerbamiento de las pasiones. Las pasiones son anímico corpóreas y tienen su raíz en lo corpóreo por otro lado el razonamiento es básicamente anímico, pero actúa a través de lo corpóreo o en lo corpóreo. Un ser humano que carece de sus facultades mentales plenas de nacimiento no puede desarrollar su raciocinio porque este no cuenta con un órgano corpóreo a través del cual pueda extenderse su espíritu a sus funciones corporales plenamente, se darán esas facultades espirituales en la medida de su disposición corporal, acordémonos de que alma es la “entelequia primera del cuerpo natural organizado que en potencia tiene vida”[20] en la medida de la organización será el alcance de esa vida y de ahí la medida del desarrollo de las potencias del alma. “Todas las potencias del alma están antes en el alma que en el compuesto, no como en su propio sujeto, sino como en su principio.”[21] el alma es principio de las potencias, pero para llevarlas a plenitud lo hace por el cuero y en un cuerpo que no está sano no se pueden ejercer con plenitud. El hombre en tanto compuesto de cuerpo y alma cuenta con un solo cuerpo de muchas partes y una sola alma con muchas potencias que tendrá que ejercer por ese cuerpo, del que no está separada. Así un cuerpo alterado por el alcohol no ejercerá apropiadamente las pasiones. Algo análogo sucede con las pasiones: “Ya porque toda la fuerza dispersada en muchas cosas deviene menor; de donde, por el contrario, cuando se concentra sobre una, se puede dispersar menos a otras cosas. Ya porque en las obras anímicas se requiere cierta atención que, si se aplica con vehemencia a una cosa, no puede atender vehementemente a la otra.”[22] Las pasiones ejercen una gran fuerza sobre las facultades sensitivas y motoras del individuo y en cuanto su corporeidad también requieren de mucha energía física del cuerpo. Así pueden nublar fácilmente la razón la razón: dispersando la energía que esta requiere o simplemente porque la acción de potencia es tan fuerte que ocupa toda la capacidad corporal.

Con lo dicho imaginemos a una pareja de jóvenes fogosos en un momento pasional sin llegar al acto sexual pleno. Ahí no hay razón que medie y le va a decir que la ama para siempre y viceversa y cuantas promesas puedan proferir con tal que sigan dando le vuelo a la hilacha, obviamente esto acabara en el acto sexual pleno, si un agente externo no lo impide. Pue ya entrados en gastos se van a seguir. La pasión nubla el entendimiento e impide la correcta razón, luego estas promesas no son válidas pues no se dan en un contexto sobrio con las tres acepciones de la palabra: templado, moderado; sin adornos; sobrios. Están borrachos de sensaciones pasionales, licuefaccionados volitivamente hablando y totalmente desinhibidos. Es importantísimo apuntar lo dicho hasta ahora por que el caso expuesto es muy común entre parejas jóvenes y la promesa dada en estas circunstancias o similares no es válida por insostenible en circunstancias distintas. Lo que sucede en un rato de placer, volitivamente hablando no se puede trasladar a lo largo de la vida, las consecuencias biológicas en cambio sí pueden dar lugar a otra vida. Aquí queda claro el por qué los errores de paternidad fuera del matrimonio no deben llevarse a un matrimonio. No puede haber vicios en la palabra dada así, para evitar esto es mejor que se dé públicamente dentro de un acto ceremonial donde se tenga tiempo a pensar y a razonar libre y sobriamente el vital compromiso a tomar. Entremos a analizar el voto más a fondo.

EL VOTO

El matrimonio se consolida como dijimos arriba por un acuerdo de voluntades y la forma latina que se usa para esto es la del voto que viene de “vovere” prometer solemnemente y significa “lo prometido”[23]. Es así el voto es un acto de voluntad.[24]

Hago un voto cuando me caso. Haciendo esta advertencia voy a sacar las enseñanzas del Doctor Angélico de las cuestiones del voto para aplicarlas al matrimonio pues lo que se hace en el matrimonio es exactamente una promesa o voto que como dice el Doctor Angélico viene de voluntad.

La Cuestión 88 II-IIae la dedica en sus doce artículos al análisis del voto, como dije enfocado a la línea religiosa pero no lo invalida analizarlo cara al matrimonio pues es al final de cuenta tan vital esta promesa como la del monje que ofrece su vida a la contemplación Divina o el soldado que va a dar su vida a la guerra.

En la cuestión arriba citada comienza diciendo en el “Respondo: Que el voto implica cierta obligación de hacer o de omitir algo.”[25] El voto matrimonial implica varias obligaciones de hacer y no hacer todas ellas de carácter vital: implica la fidelidad a la otra persona de la pareja, implica la colaboración en el sustento, desde aportar todo lo necesario, por supuesto, cuidar que se use adecuadamente, implica la procreación de la prole e implica el cuidado de la misma, implica el cuidado del otro en la salud y en la enfermedad. De hecho, implica varias cosas como se dijo de carácter vital, dentro del plano material primero.

Estas promesas son tan serías e implican cosas tan difíciles de cumplir que requieren de una profunda deliberación: La promesa, a su vez, procede del propósito de hacer algo. Y el propósito, por su parte, exige previa deliberación: pues es un acto de la voluntad deliberada. “Por tanto, se requieren necesariamente para el voto estas tres cosas: primero, la deliberación; segundo, el propósito de la voluntad; finalmente, la promesa, que es lo que constituye la esencia del voto. Sin embargo, se añaden, a veces, otras dos cosas como refuerzo del voto, a saber: la pronunciación de la palabra, según aquello del salmo 63,13: Te cumpliré mis votos: los que pronunciaron mis labios; y, a su vez, el testimonio de otras personas.”[26] El voto matrimonial requiere de estas 5 cosas:

  1. La deliberación: nadie debería pararse en el altar o ante un juez sin antes pensárselas, muy bien, pues se trata de un voto de por vida simplemente porque implica un proyecto de vida como hemos apuntado antes.
  2. Debe ser voluntario: no debe provenir de una pasión en primera instancia, puede darse, más bien debe darse la pasión después, pero es esencialmente un acto de la voluntad. El amor es un acto de la voluntad.
  3. La promesa solo que a diferencia de la promesa hecha a Dios que puede ser mentalmente, debe hacerse de palabra pues se hace a otro hombre. “A Dios, en cambio, se le puede hacer una promesa sólo mentalmente, porque, como se nos dice (1 Re 16,7): Los hombres ven lo que aparece fuera; Dios, en cambio, escudriña el corazón.”[27]
  4. Como se dijo arriba debe ser de palabra pues otro hombre se puede equivocar al interpretar lo que piensa el otro. Así quien se entrega a alguien creyendo saber lo que pensaba el otro es un tonto o un ingenuo y el primer mandato de la ética nos dice que debemos actuar con racionalidad, por ser esta nuestra principal potencia. Es de esta manera un acto de inmoralidad, la tontería en una persona en el pleno de sus facultades no lo exime de ninguna culpa, esto se llama ignorancia culposa.
  5. La pronunciación de las palabras en el matrimonio es esencial pues aun cuando es una decisión de dos tiene repercusiones en la sociedad actual y futura y la sociedad debe atestiguar esta unión y si ve algún impedimento “grave” hacerlo saber a los contrayentes en primer lugar y a la comunidad si estos hiciesen caso omiso. Es conveniente que se realice frente a testigos.

Todas estas implicaciones que trae el voto son en orden a un bien mayor. El matrimonio puede implicar muchos sacrificios y privaciones, pero todos deben estar enfocados al logro de un bien mayor que den ser los fines del matrimonio expresados antes. Además, solo se promete lo que es voluntario, a lo que esta uno obligado por razones naturales, cívicas, legales u otras no es objeto de voto ya que: “al voto le viene el nombre de la palabra voluntad.”[28] Nadie le hace a alguien la promese de hacerle un mal, eso se llama amenaza, puede tener carácter voluntario pero no está ordenado a un bien. “Tal es la razón por la que, hablando con propiedad, decimos que el voto es de un bien mejor.”[29]

Nos plantea Sto. Tomás un asunto no menor en la cuestión que estamos analizando en su artículo tres: ¿Todo voto obliga a su cumplimiento? Y responde en él contra: con las palabras de la Biblia: “Ecl. 5,3-4 Cumple cuanto has prometido. Mucho mejor es no hacer un voto que dejar de cumplir la promesa que has hecho.”[30] Bien es claro que mejor es no cumplir pero cuando ya se hizo que es lo que se bebe hacer, si se hizo cumpliendo los 5 requisitos arriba analizados especialmente el primero habrá que responder: “Que el cumplimiento de las promesas es un deber de fidelidad humana; por lo que dice San Agustín que, fidelidad se deriva de fiunt dicta (se cumple la palabra dada).”[31] Si, es un deber natural.

Pero qué sucede sí: ¿aquellas condiciones a las que yo me comprometí no se dan? En estricto sentido habría que decir que no es válida la promesa, el problema no es tan simple pues aquí hay una cuestión de grados, no es de blanco o negro, sino que hay, no solo una escala de grises sino un espectro muy amplio. Si se casa una mujer y se muere su esposo las condiciones han cambiado, solo que…no es tan fácil. Hemos hablado de él vinculo, habrá que analizar si este permanece y en qué estado. Es una madre con hijos adolescentes y ella se puede procurar los medios para subsistir, la recomendación es no se case hasta que estos hayan superado la etapa adolescente, pero, si encuentran a alguien que se quiere asociar al vínculo con las responsabilidades de padrastro sin causar un trauma mayor, al contrario, va a aminorar el trauma, cásese. No hay reglas generales estrictamente hablando no hay restricción de ningún tipo legal ante la muerte del conjugue, es un problema del vínculo. El matrimonio recordemos genera un vínculo y este es el centro que sustenta a todos los miembros del vínculo. Si no hay prole aun, no se ve ningún problema. Esto es casuístico, no hay reglas generales. Solo puedo parafrasear a Tomás de Aquino: “Si lo que se prometió con voto termina siendo, por cualquier causa, imposible, debe cumplir el hombre lo que está en su mano, de suerte que tenga por lo menos prontitud de voluntad para hacer lo que puede.”[32]

El matrimonio cristiano es una promesa hecha a otro hombre y bendecida por Dios, pero esa promesa crea un nuevo ente para servir a los fines del matrimonio, una nueva sociedad. Si alguien ya no está en la sociedad vital, quien se quiera asociar a ella ha de admitir las condiciones básicas de esta.

¿Cuándo alguien ya no está? Otra pregunta altamente compleja que igualmente tiene respuestas casuísticas. Es claro que el muerto no está, pero hay otras formas de muerte para el vínculo. Una forma es cuando alguien se desprende vitalmente de el: por algún accidente del destino o del vicio alguien se decide cambiar sus preferencias sexuales, esto es se cambia de forma definitiva a una vida de otro sexo y por esta razón olvida a su familia y se va a vivir con una persona de su mismo sexo, denlo por muerto. El vínculo original está hecho con un hombre y una mujer, ya hemos hablado de esto. Si él o ella ejercen violencia física o emocional aniquilante, sepárese de esa persona, el voto es para un bien mayor. Quien puede juzgar cuando alguien debe separase, solo la otra parte puede juzgar, se vale el consejo de alguien bien informado y prudente. No el consejo sesgado que busca alguien para justificar un cambio ante el o ante la sociedad, es un asunto personal. No se vale hacerse el menso en asuntos personales. La respuesta está en la frase sacada de la respuesta 2 del artículo 3 citado arriba: “hay que tener por lo menos prontitud de voluntad para hacer lo que se puede.”

Obviamente esta promesa hay que cumplirla en: la enfermedad, la adversidad, las buenas y las malas rachas, soportando las debilidades del otro, etc. Nadie dijo que fuera fácil. Mientras haya vida de las partes se está obligado al cumplimiento del voto. Si hay imposibilidad vital de la otra parte “por la falta de razón, como es evidente en el caso de los furiosos y locos, que no pueden comprometerse con voto a cosa alguna mientras permanezca su enajenación mental.”[33] Así, sí esta enajenación presenta certeza de no cura es muerte personal. La persona con la que me case ya no está o no es esta, no hay obligatoriedad de guardar los votos, en función de esta persona. Aún queda, con lo dicho para la muerte, si es conveniente guardarlos cara al vínculo. Esto no es muy ajeno en muestro tiempo cuantas gentes trastornadas no ejercen violencia en el matrimonio sobre su pareja o sobre los hijos: es el caso de los que golpean a sus mujeres, o las mujeres que golpean a sus maridos, que es un caso menos citado por machismo, pero también común, o de los que abusan de los hijos a golpes o sexualmente, incluso a veces con la complacencia de la pareja. Ahí estamos ante enfermedades graves que impiden la sana relación y se exige moralmente una inmediata separación y posteriormente un tratamiento post traumático. No es menor el caso de la violación intrafamiliar que es también una forma de violencia común. O del maltrato psicológico menos obvio y muy difícil de diagnosticar, pero tan violento y brutal como cualquiera de las formas de abuso anteriores citadas.

La solución a estas cuestiones de violencia intrafamiliar va a requerir el apoyo externo, pues se van a evidenciar generalmente después de un periodo largo de abusos, que suele ir como todos los vicios creciendo paulatinamente y cuando menos se piensa ya se esta en una condición patológica grave.

POR QUE CASARSE FORMALMENTE

Bien esta es la respuesta que se dan las parejas hoy en día me junto con alguien y la vamos llevando en paz, no prometo nada le hecho ganas y si funciona quizás lo formalice y así asistimos a un escenario de ausencia de matrimonio. ¿Qué tiene de malo la unión libre?

Qué caso tiene entonces hacer votos, cuestión que se plantea hoy frecuentemente nuestra sociedad. “porque quien hace voto a Dios de algo y lo cumple se somete más perfectamente a Dios que el que se limita a obrar bien.”[34] Parafraseemos a al Aquinate: “Por que quien hace voto a alguien de algo y lo cumple se somete más perfectamente a quien se lo hace, que quien se limita a obrar bien. Si el valor de una promesa es hacerla está en que se haga con antelación al acto, si se van dando las cosas bien y terminan bien no hay el mismo mérito. Yo, te prometo serte fiel en lo… a que yo te he sido fiel por que pude. Sobre qué bases se da un vínculo vital si no es sobre una promesa firme. Nadie debería lanzarse a la aventura de construir un edificio tan alto y complicado como un matrimonio sino es sobre cimientos sólidos y estos son el voto. Hay muchas relaciones en nuestros días que parten de una vida en pareja que luego de una larga temporada incluso a veces de hijos consolidan con el voto. Mérito menor, bueno si, mejor que lo que vaya para adelante vaya bien. De cualquier modo, insisto mejor con voto que hacer todo bien en la vida por deporte, jugueteando. Compromisos serios son los carentes en la sociedad no solo para el matrimonio si no para muchas otras cosas. La vida está hecha de alianzas, dios hace una alianza con el pueblo escogido y por más que este le es infiel él sigue firme en su alianza. Vivimos de alianzas sustentadas en promesas libres apoyadas en la verdad. La sociedad las requiere para su convivencia y entre más serias más sólida es una sociedad.

Volviendo a la pregunta: ¿qué tiene de malo la unión libre? Si la célula base de una sociedad es la familia y la familia es endeble la sociedad acabará siendo endeble. La familia es el cimiento social básico. Si este sustento social básico esta construido sobre compromisos y alianzas solidas la sociedad será solida y solidaría. Sino tendremos una sociedad fácil de que pierda consistencia unión. Es una sociedad de conveniencia, como lo es su fundamento social primitivo, de modo que al primer embate se volverá volátil, incapaz de ninguna clase de aglutinamiento, es una sociedad prácticamente inexistente, asociada por leyes que a su vez serán volátiles. La construcción de un mundo mejor esta en la solidaridad, no dada de forma sensible sino de alianza vitalmente comprometida. Yo me puedo comprometer con él otro en tanto tenga capacidad de votos vitales e incondicionales.

Otra razón expone la Suma: “porque por el voto la voluntad se adhiere firmemente al bien. Y el hacer algo con la voluntad firmemente adherida al bien pertenece a la perfección de la virtud, como consta por lo que dice el Filósofo en II Ethic.”[35] Ya habíamos dicho que un voto se hace en orden a bien mayor, el alcance de este bien puede implicar muchos males menores, pero siempre se hace en orden a un bien, si hago el bien porque me late, es menos meritorio que si lo hago porque adquiero el compromiso de hacerlo. Dice  Antoine De Saint – Exupéry: “Eres responsable para siempre de lo que has domesticado.”[36] Refiriéndose a aquellos con los que has establecido un vínculo. Para establecer un vínculo perdurable se requiere de un voto. El vínculo responsable esta ordenado a un bien nunca a un mal. Si se ordena a un mal ya vimos que se trata de venganza y esto es vicioso.

Hemos pasado por alto la primera razón que se expone en la cuestión analizada y dice: “La primera, porque el voto, como queda dicho (a.5), es acto de latría, que es la principal virtud entre las morales.”[37] Esta hace una referencia al carácter divino del matrimonio al que dejaremos para otro apartado. Solo adelantamos que un voto es diferente dependiendo del sujeto al que se le hace y ante quien se hace. Hacerlo a Dios tiene más peso que hacerlo a un humano y hacerlo ante Dios de testigo toma un carácter divino pues no lo hago a un testigo humano sino divino.

EL RITO

… Los ritos son necesarios.

—¿Qué es un rito? —inquirió el principito.

—Es también algo demasiado olvidado —dijo el zorro—. Es lo que hace que un día no se

parezca a otro día y que una hora sea diferente a otra.[38]

El rito del matrimonio no es menor cosa, algo tan grande, tan vital como un voto de por vida y para la vida bien merece un rito solemne difícil de olvidar. La amistad se ritualiza con la proximidad. El matrimonio con un voto público ante la sociedad ”Que a cada cosa se la solemniza según su condición. Y así, una es la solemnidad con que se celebra el ingreso en la milicia, con exhibición aparatosa de caballos, armas y concurrencia de soldados; y otra, la solemnidad de una boda, que consiste en la pompa exterior de que hacen gala el novio y la novia, y en la asistencia al acto de los parientes.”[39] Algo tan importante y vital debe ser solemnizado “Y la razón de esto es que no se acostumbra a solemnizar nada más que la total entrega de alguien a una cosa. Así, la solemnidad nupcial no se emplea nada mas que en la celebración del matrimonio,”[40] Llama la atención el término usado por Tomás de Aquino: la total entrega. Si el matrimonio es una total entrega para lo cual se debiera exigir un voto total y solemne.

Arriba hemos hablado de que los votos son de por vida y hemos visto que hay otro tipo de muerte y en este caso, se pueden separar del esposo o la esposa, sin embargo el vínculo puede subsistir, vamos a ir más a fondo en este tema. Como dijimos arriba la dispensa de un voto es casuística, es similar a como ocurre con las leyes que se hacen para todos “Pero, porque ocurre que hay casos excepcionales en que no lo es, por eso hubo necesidad de que alguien determinase que en este o aquel caso particular no obligaba la observancia de la ley.”[41]Arriba hablamos del consejo aquí se incluye: que alguien se habla de una tercera persona y esta tercera persona ha de tener la facultad para disolverlos, es prácticamente imposible que en una separación de carácter afectiva exista objetividad, por eso se habla de una tercera persona que fríamente, habiendo analizado todos los hechos, sea el encargado de juzgar sobre la separación en cuestión. Además el segundo factor es como dijimos un acto social que se hace ante testigos representantes de la sociedad, luego ellos deberían igualmente intervenir más aun cuando esa pareja en separación forman parte de la sociedad. Quién va a hablar por los hijos de este vínculo quien va a decidir que es mejor para ellos si aún son pequeños, o ¿es que ellos no cuentan? El tema sí hablar del aspecto religioso es muy complicado. Si consideramos que el matrimonio religioso es un acto de latría se complica aún más pues Dios mismo es el testigo y otorga su gracia y una gracia de estado vital, bendice la nueva comunidad y se hace partícipe de ella.

La iglesia Católica hoy habla de anulación del matrimonio, quizás debería hablar de dispensa de los votos. Cristo dijo “lo que Dios ha unido no lo separe el hombre” no pienso que se vaya contra este mandato si hablamos propiamente de dispensa de votos. La primera cuestión es que un Vicario de Cristo, es el que hace las veces de Cristo, de hecho el cura cuando administra los sacramentos actúa “in persona Cristi” en la persona de Cristo que es Dios, luego el vicario podría tener la capacidad de dispensar los votos. No hablo de anular el matrimonio por que eso es reconocer que nunca existió.

El voto puede ser dispensado por aquellos que participaron en algún u otra forma, sin embargo esto no acabaría con el vínculo creado.

La contraparte debería aceptar la cesión de la promesa, por su parte ante la imposibilidad de continuar. La sociedad debería dar su apoyo o negativa oficial, esto es por alguna autoridad pública que después de estudiar el caso dijese sí, sí o no es posible la revocación de la promesa dada. Y en el caso de Dios un ministro autorizado por Él o su iglesia para el caso que esto demande. Solo con el concurso tripartita: implicados, sociedad e iglesia podría ser aceptable la nulificación de un voto. “Y como el prelado hace en la Iglesia las veces de Dios, siguiese que en la conmutación o dispensa de los votos se requiere la autoridad del prelado para que determine, en nombre de Dios, qué es lo que a Dios le es acepto”[42]. La administración de esto puede prestarse a muchos abusos desde luego tendría que estar debidamente regulada y cuidada.

Ya esbozamos antes que hay casos de peligro que es deseable la separación como cuando uno de la pareja golpea al otro, es por causa de seguridad del golpeado o de los hijos que se hace necesaria la separación. Tanto la agresión física como la emocional son razones de separación del agresor para lo cual hay que recurrir a la autoridad competente para solicitar la nulificación del voto dado. Aquí aplica el mal menor pues la salvaguarda del individuo en su integridades antes que hacer permanecer en una relación que atente contra su persona en lo físico o emocional. Es mejor separarse que perder la vida o la cordura y si se siente amenazado y en peligro grave debe salvaguardarse lo antes posible así mismo y a la prole. Es claro que se esta rompiendo con el fin del matrimonio que pide el desarrollo de uno mismo y de la continuación de la especie.

Puede darse el caso que descubre estar casada o casado con un delincuente peligroso lo cual no fue patente al inicio de la relación o se operó un cambio con alguno de los miembros durante su vida de pareja, en tal caso es aceptable la separación por vías a preservar la vida, que es primer don y más preciado que cada individuo tiene y está  obligado a velar por su propio bienestar. Dios no se va a oponer a esta separación.

Cuando estos casos no se dan de origen el voto inicial es válido, pero por diversas circunstancias o accidentes de la vida un miembro del matrimonio cae en estas circunstancias es una suerte de muerte moral a la persona original. Estas conductas normalmente son causadas por factores  sociales o semillas internas que no habían tenido el fertilizante para salir antes. Son generalmente impredecible en la mayoría de los casos ni sospechadas por el que las padece, pero que cuando afloran se convierten a la persona “en otra” si en cierto sentido deja de ser el mismo que era, esto en cierta forma invalida el matrimonio a posteriori pues di mi voto a alguien que era tal hombre o tal mujer y ahora se comporta como tal mujer o tal hombre y no es esperable el regreso a su origen primero, en este caso atentaríamos contra el fin de permanecer en la especie. Igualmente si mi marido o mujer se enredan en actos criminales que ponen en riesgo a la pareja va contra a aquello de la permanencia del individuo. Este ser original con el que me case está muerto en propósitos vitales que van contra los fines del matrimonio luego sus votos quedan de hecho nulos, está imposibilitado a cumplirlos en razón de su nueva condición, el ser con el que me case ha muerto a sus valores y proyectos vitales  originales y vive para otros que el hacen incompatible a este o cualquier relación vital de pareja. Siempre cuidando se haga por un organo justo.

Hay un caso más que conviene tratar y es el del migrante caso nada nuevo. Siempre ha habido personas y las seguirá habiendo que en busca de un mejor nivel de vida o por guerras o calamidades optan por salir a buscar una alternativa mejor en otras tierras. Muchos migrantes van ellos solos a buscar una oportunidad para sus familias y al tiempo ya establecidos vuelven o mandan traer a sus familias. Otros no se quedan en el lugar de exilio, hacen una nueva vida y dejan atrás todo sin importarle el pasado. Las familias abandonadas tiene derecho a que se les conmute el voto y pueda buscar alguien que le ayude a su mejor vivir. Este caso se da también en las que llamamos abandonadas en donde un día el marido desaparece y no vuelve mas. Este fenómeno lo encontramos principalmente en las familias menos favorecidas en las comunidades más pobres y marginales en donde el hambre y la instrucción son más endémicas. Creo que en estos casos hay una muerte tacita por abandono de la pareja. Que la mayoría de las veces ya echo raíces y fundo otra familia en el nuevo lugar de residencia dando la espalda a su pasado. Pero dejando de lado sin in juzgar las causa por las que no regreso, que puede ser la misma muerte, la cárcel, etc. El hecho del que quedo es real, está abandonada a su suerte sin expectativas reales de sostenerse por sí sola.

Estos son los casos que parecen más próximos a la aceptación de la nulificación de un voto lo que no podemos olvidar es que el vínculo persiste. Esta fundado tiene vida propia. La familia es familia, falte quien falte. Aun que se mueran todos permanece en la memoria de los conocieron.

ESTADO Y CARACTER

Qué significa esta palabra estado que usamos comúnmente cuando hablamos de gobiernos de política, países. Esta palabra se usan dos acepciones, no muy diferentes como veremos, primero en la ya referida se habla de estado cuando hablamos de las cosas referentes a una nación o país. El estado romano no era propiamente un país sus fronteras eran sumamente volátiles y cambiantes gobernaban sobre los territorios conquistados y a ellos les imponían un estado de cosas, unas reglas de conducta, unas leyes, unos usos y costumbres, una moneda, en fin todo un estado de cosas bajo la cual eran regidos todos: los ciudadanos romanos, los gentiles, así llamados los no romanos, y los esclavos. El estado romano consideraba un ciudadano romano no importando donde estuviera este en Hispania, en Bretaña, en la Galia o en la propia Roma. Él era ciudadano romano y gozaba de los privilegios propio de su condición a su vez estaba sujeto a ciertas normas y obligaciones.

La palabra estado también se usa para distinguir a una persona que guarda un estatuto personal particular. A los ministros de culto, esto es a los sacerdotes se le llama padres o curas: se dice que tiene la gracia propia del estado de ser ordenados sacerdotes. Éste estado es perene no se extingue en toda su vida y es adquirido en el momento que toma los votos. Hay otras profesiones que en los civil decimos que se conservan de por vida por ejemplo aquellas personas que ha servido como embajadores, se dice el estatuto de embajador no lo pierdes, que es de por vida. Algo similar pasa con la milicia los soldados aunque estén en estado de retiro siguen estando sujetos a las leyes propias de la milicia, será soldado siempre. El Aquinate hace una exposición sobre el estado pero tiene un sentido menos profundo y más práctico enfocado a la vida religiosa que el que hace cundo se refiere al carácter. El análisis del estado lo centra en dos puntos: al oficio y al estado de libre y esclavo, y más específicamente a la esclavitud del pecado.[43] La palabra carácter viene de marcar,[44] el que marca esta expresión tiene en castellano varias acepciones,[45] no muy distintas de la original, veamos la acepción siete de la cita al pie de página: “7. Condición dada a alguien o a algo por la dignidad que sustenta o la función que desempeña. El carácter de juez, de padre. Medidas de carácter transitorio.” Sobre este término se enfoca más al sentido que muestra el diccionario. Digamos que un cierto estado nos da un carácter. De ahí que no se denote gran diferencia entre estas dos palabras. Estado parece más una posición social derivada de un acto y carácter la marca distintiva derivada del mismo acto. O es la marca o carácter que nos da un estatuto social.

Este estatuto, este estado, es una cualidad por la cual estamos bien dispuestos actuar ante un objeto pasivo. Esto es un soldado fuera de la guerra mantiene esta disposición o cualidad latente pero en un estado de guerra la activa inmediatamente. Un embajador que ejerció su función en el servicio exterior en un país determinado no porque en este momento no esté en su función deja de ser embajador y si mañana se le asigna una nueva función en otro país la tomará inmediatamente, ya estará capacitado para ejercerla. Lo mismo sucede como ya dijimos con un sacerdote que fuera de la iglesia come, camina, se transporta como los demás pero ante una necesidad religiosa propia de su ministerio estará dispuesto por esa cualidad propia, que le da el serlo para ejercer el ministerio. Este estado implica una posición social característica y una marca que se le llama carácter. Tomás de Aquino, cuando trata el tema de estado no va tan a profundidad como en el carácter pero nos deja ver la similitud. Estado lo define: “Pero parece que sólo pertenece al estado del hombre lo que se refiere a la obligación de su misma persona, en cuanto que la persona puede ser dueña de sí misma o depender de otra, y no por causa leve o fácilmente mutable, sino por algo permanente, que es lo que implica el concepto de libertad o esclavitud. Por consiguiente, el estado pertenece propiamente a la libertad o esclavitud, sea en materia espiritual o civil.”[46] El matrimonio y el orden sacerdotal implican una serie de libertades y así mismo una serie de prohibiciones. Son en alguna forma una esclavitud voluntaria: el marido y la esposa están obligados a guardarse perpetua fidelidad, no son libres de relacionarse sexualmente con nadie más, los curas están obligados a guardar obediencia a sus superiores y también castidad. En el caso del soldado no es diferente: este se obliga a la obediencia hacia su comandante y guardar las reglas de la milicia. Perdemos libertad somos parcialmente esclavos. Recordemos que cada vez que tomamos una decisión renunciamos a todo lo demás. Al casarme renuncio a todas las demás mujeres del mundo y en el caso de las mujeres a todos los hombres del mundo, optar es ante todo renunciar.

En la medida que ese estado se adquiere en forma permanente e implica un voto perene se modifica algo en nosotros quedamos sellados es así que ciertos estados adquiridos libremente nos dan un carácter específico que nos ayuda a ejercer de mejor forma nuestras funciones propias del nuevo estado adquirido. Pareciera que la renuncia a todo lo otro libera a la razón y a la voluntad para ir más libre, más directamente, tras lo esencial de lo elegido. Algo similar sucede en la vida familiar: alguien cuando se casa adquiere el estado de esposa y de esposo y si tienen hijos el de padres. Tal parece que al casarme algo se modifica en mi al efectuar determinados actos como el de tomar un voto. Que “viene a ser un cierto sello.”[47] A este sello El Aquinate le va a llamar carácter como dijimos arriba.

Este carácter es una potencia del alma que se encuentra en estado pasivo en tanto no este ante el objeto que le es propio, es entonces un accidente del alma no es parte de su esencia que corresponde a una cualidad, así el sacerdote, como se ejemplifico arriba, actúa como alguien más mientras no está ante el requerimiento de su función, “dice el Filósofo en II Ethic.: Hay tres cosas en el alma: potencia, hábito y pasión. Pero el carácter no es pasión, porque la pasión es transitoria, mientras que el carácter es indeleble, como se dirá después (a.5). Y tampoco es hábito, porque ningún hábito es indeterminado para el bien o para el mal, mientras que el carácter sí lo es, ya que unos usan bien de él y otros mal, cosa que no ocurre con los hábitos: nadie hace mal uso del hábito de la virtud, y nadie hace buen uso del hábito del vicio. Luego solamente resta que el carácter sea una potencia.”[48] Como se ve el carácter es ante todo una potencia específica para actuar sobre ciertas cosas o ante ciertos objetos. Si fuese esencia del alma estaría actuando en todo momento. Lo que no sucede pues como ya se explicó un cura no siempre está impartiendo sacramentos, ni un soldado disparando, el primero cuando están las condiciones propias de la iglesia y el soldado en guerra. Porque las potencias especificas son cualidades de esta accidentes no esencias. “Así tampoco el carácter está clasificado propiamente en un determinado género o especie, sino que se reduce a la segunda especie de la categoría de cualidad”[49]

Qué tipo de cualidad bien a ser el carácter, las potencias “Consecuentemente, es necesario que la diversidad de naturaleza en las potencias sea establecida en razón de la diversidad de los actos, que a su vez se establece en razón de la diversidad de objetos. Pues toda acción responde o a una potencia activa o a una pasiva.”[50] El casado ira a trabajar cada día porque así lo requiere el trabajo, el cual es como el objeto pasivo, la causa motora: se levanta todas las mañanas y va a cumplir con la obligación contraída con su labor diaria. No va pensando en la causa última, el objeto de la facultad, que en cuanto es casado tiene entre otras, la necesidad de proveer de lo necesario para el mantenimiento de la casa. “El objeto, con respecto al acto de la potencia activa, es como término y fin.”[51] En la relación sexual entre una pareja de casados el uno al otro son la causa motora, son las potencias pasivas que despiertan el apetito sexual, ella para él y él para ella en cuanto barón y hembra. Pero no para aquí el estar juntos, abrazarse: procrear hijos es la potencia activa, el objeto u objetivo final de esa relación que es como el termino fin del abrazo sexual marital. Caso muy diferente al abrazo casual o falto de algún compromiso vital en donde el objeto pasivo es satisfacer el apetito sexual que despierta una la presencia o imagen de una mujer sensual. En estos casos que el objeto activo es inexistente o se reduce al primero, con esto se patentiza la paupérrimidad de un acto sexual que busaca satisfacer el apetito oportunista. El ser humano en tanto humano: es teleológico y aquí se deshumaniza y se animaliza no va un fin, cumple con un apetito fuera de un fin último, es un acto incompleto que responde solo a un objeto pasivo y no a un objeto activo. Hay un desequilibrio humano natural, más propio de las bestias que son seres acabados, el hombre se ha de hacer en la vida con fines superiores. La bestias no tiene un fin ulterior en sus actos solo obedecen a sus apetitos directos.

El que se casa hace un compromiso volitivo, hace un voto de cumplir permanentemente con lo que exige el matrimonio con vistas a un fin mayor, luego adquiere una cualidad su voluntad, se adhiere libre y permanentemente a cumplir con una promesa. Esta promesa permanente cualificar a la voluntad, la marca por el libre albedrío de sujeto que toma un compromiso perenne.

El carácter es luego una potencia que imprime una intención natural para actuar ante un agente pasivo, cuanto potencia para algo es activa o se activa. Todas las necesidades que exige el matrimonio son potencias pasivas, las cuales van a activar a la potencia activa que hay en el individuo. Esta potencia como vimos no es un hábito que esta ordenado al bien luego puede usarse indebidamente. Es un carácter que nos lleva a poder ejercer las funciones propias del matrimonio, pero al igual que los médicos tienen la potencia de curar, asimismo tienen la contraría que es la de matar más eficazmente, pues conocen mejor la fisiología del individuo y son capaces de imprimir un gran daño. De aquí la importancia de la deontología médica, de la cual Hipócrates hace muchos años se dio cuenta de esto y llama la atención severamente sobre el riesgo de hacer mal uso de la medicina. En el matrimonio no es menos grave y da lugar a muchos abusos, dentro de los matrimonios que ante el mal comportamiento de alguno de los miembros puede causar gran daño físico o psicológico al otro que se entrega inerme y confiado a su conyugue. Por eso es el abuso intrafamiliar es de los peores actos que podemos ver, desafortunadamente no es algo poco común, sino que se da con mucha más frecuencia de lo que podemos imaginar. De ahí la profunda responsabilidad que implica el matrimonio. Debemos ser sumamente cuidadosos de no lastimar a la pareja, cundo es producto accidental de la pareja es normal, que buena pareja no se pelea, pero cuando se convierte en un vicio, psicosis, reiterativo es importante considerar seriamente tomar medidas mayores. Primero recurrir a un especialista, sino a un buen amigo juicioso y prudente y quizás pensar en apoyo externo si hay maltrato físico. El matrimonio implica una profunda responsabilidad.

Esta potencia es instrumental porque como se vio antes los esposos son causa eficiente. Esto es al hacer el voto se inclinan anímicamente, se marcan, se signan con un cierto carácter por el cual van a actuar siempre con esa inclinación. Todos los actos racionales que ejecutamos, sean estos intelectivos o volitivos marcan con un carácter al hombre. Los actos intelectivos que vamos haciendo durante la vida nos van cambiando el nombre ante la sociedad y como si esta sociedad por cierta virtud fuese capaz de ver en nosotros una potencia especial digna de agregarnos un nuevo nombre. Es como si manaran de nosotros una suerte de intenciones invisibles pero comunicadas, que los demás son capaces de apreciar, reconocer muchas veces sin que nosotros lo digamos. De ahí que se desprenda un estatus o calificación social. “Ahora bien, cuando una persona es deputada para un cargo, se acostumbra a ponerle un distintivo: los soldados alistados antiguamente en el ejército eran marcados con unos caracteres corporales, puesto que estaban destinados a un ejercicio corporal.”[52]  Quien estudia durante varios años una profesión digamos: la de abogado en adelante le dejan de llamar Miguel Gómez o Juan Pérez ahora serán el licenciado Miguel Gómez o Lic Juan Pérez. Miguel y Juan después de haber estudiado varios años están capacitados para ejercer la abogacía y esa capacidad reconocida por la sociedad, la cual nos antepone un nombre porque reconoce que nosotros un carácter adicional y en cuanto carácter que significa marca así la nueva potencia vas delante del nombre igualmente. “En su acepción específica de carácter, en cuyo caso es un sello que configura con un jefe, en el cual reside la autoridad de aquello para lo cual uno es deputado, como es el caso del soldado, destinado al combate, y que es marcado con el sello del jefe por el que en cierto modo se configura con él.”[53] A los que estudiar medicina, ingeniería o arquitectura les pasa otro tanto. Lo mismo sucede con los actos de la voluntad aquellos que cometen el mal van marcando igualmente su persona aquel que mata una persona se le llama asesino y al que roba ladrón así van cambiando su nombre por un alias que suele estar asociado a su forma de cometer los crímenes había no mucho en la Ciudad de México un secuestrador famoso que cortaba las orejas a sus víctimas era conocido como “el mocha orejas”. Estos criminales están inclinados potencialmente hacer el mal en cuanto tienen oportunidad cuentan con una potencia que se activa ante la presencia de una posible víctima. Para un bien sucede lo mismo quien hace repetidamente el bien se le llama caritativo, aunque esta característica no es tan mencionada ya que el bien es a lo que todos aspiramos o debiéramos aspirar, es lo natural, las noticias buenas no suelen serlo, los periódicos y noticiarios viven de dar a conocer noticias malas, porque el bien debido es lo natural, conforme a la naturaleza humana. El carácter se hace patente ante un acto extraordinario ya sea volitivo o intelectivo, “Y como el sujeto del carácter es la parte intelectiva del alma, que es donde reside la fe, como se ha dicho (a.4 ad 3), es claro que siendo el entendimiento perpetuo e incorruptible, también el carácter reside en el alma de manera indeleble.”[54]

En el momento en que alguien hace una promesa permanente, esto es un voto de por vida está adquiriendo un carácter al tomar dicho compromiso. Sólo por el hecho de ser permanente y firme el voto del uno al otro de por vida para formar una familia se adquiere un compromiso mutuo y perenne que da carácter a la mujer o cierto carácter y al hombre, otro carácter pues, las potencias que pueden ejercer uno y otro en el matrimonio no siempre son las mismas más aún: unas son exclusivas de la mujer como el tener hijos y otras del hombre como engendrarlos. La naturaleza hormonal de cada sexo al hacer la promesa matrimonial potencial a cada uno hacer mejor unas cosas que otras, También algunas son iguales y otras exclusivas de cada uno como se dijo arriba.

El carácter suele ser perene, no se pierde de por vida esto ocurre con los soldados que van a la guerra están muy bien dispuestos a obedecer las órdenes del comandante y a su vida si es necesario en el cumplimiento de su deber, por el hecho de prometer esto adquiere el carácter permanente soldado y no lo pierde en toda su vida como ocurre con los soldados, cuyo carácter militar se conserva también después de la victoria: en los que vencieron a título de gloria, y en los vencidos para su castigo.”[55] Un civil en una situación de guerra no por tomar un fusil y empezar a dispararle al enemigo adquiere la condición de soldado.El ser soldado va más allá: requiere una disciplina un orden un concierto con las reglas del ejército y este aún sin empuñar un arma está soldado tiene la potencia de defendernos a los civiles en un estado de guerra.

Veamos un ejemplo para clarificar un poco más de lo que estamos hablando supongamos que una mujer después de tener relaciones sin estar casada queda embarazada. Tiene dos opciones aceptar a la criatura o rechazarla. Si la rechaza podrá darla en adopción, abandonarla al nacer o lo que es peor abortarla. Al darla en adopción está negándose a adquirir el estatuto de madre, si la abandona está cometiendo un acto muy malo al aborta, digámoslo claro se vuelve una asesina pues quita una vida voluntariamente. Pero dejemos la discusión del aborto para otro momento que no es el tema de este escrito. Lo que queremos dejar claro es que renuncia a la posibilidad de ser madre, mientras que, si decide tener a la criatura y conservarla se vuelve madre, si adquiere el estatuto de madre, por lo cual está asumiendo todas las obligaciones que esto conlleva y también todas las alegrías que esta criatura le va a dar. Será madre soltera, sí, pero madre. Se vuelve madre por el hecho de aceptar a la criatura esto es en ese momento en el que toma la decisión que quedársela, se vuelve madre no en el momento de la concepción, en el momento del alumbramiento, en el momento en que toma la decisión que hace por el acto volitivo, por el cual se compromete a cuidar y procurar el bienestar de ese nuevo ser que está por venir. No se convierte en madre por los años que haya estado siéndolo, si no por el acto de aceptar la maternidad.

Lo mismo sucede con el hombre que concibió a la criatura, tiene desde luego dos opciones: una desentenderse y alejarse de la embarazada o asumir la consecuencia de sus actos, en caso de que las asuma, se vuelve padre de una criatura que está por venir no tiene por qué casarse para convertirse en padre, con el acto de aceptar la paternidad adquiere el estado que padre. No se recomienda de echo que una pareja joven que tuvo un momento de placer y que los pone en potencia de ser padres se casen, error cometido hasta hace muy poco cuando se daba este caso. Con esto dejamos claros que el estado del matrimonio es diferente al estado de la paternidad. Se puede ser padre sin estar casados y estar casados sin tener hijos ambas decisiones corresponden actos diferentes y dan caracteres diferentes. El matrimonio que se hace con miras a la paternidad y maternidad, ya nos convierte en cierta forma en dos estados, pues se hace el voto de estar juntos para siempre y al mismo tiempo el de crear a la prole que tengan en el matrimonio. Cuando una pareja asume ante el ministro estas dos responsabilidades y se hace mediante un votos conscientes y firmes de ello, adquiere dos estados diferentes uno el de esposos y otro el de padres, quedan marcados con el carácter de esposos y el de padres.

Surge un nuevo tema: dijimos arriba ante “ante el ministro” solo que resulta que en el matrimonio los ministros son ellos. El voto consciente y volitivo del matrimonio como se reconocía por la iglesia hace unos siglos, no requiere en un sentido ontológico de un ministro religioso para que tenga efecto, que bueno si se hace ante un ministro, pero no es necesario. Si mi voluntad esta cierta y la de mi consorte también queda validado el matrimonio y deputa carácter este acto volitivo. Si en una situación extrema digamos una pareja aislada por una guerra de las posibilidades de un ministro, decide casarse, basta que expresen sus voluntades y sean conscientes de ella para que se validó el matrimonio. En tanto es una promesa vital quedan casados de por vida. Esto con independencia de religión o credo siempre que cumpla con las tres condiciones básicas de un voto: “Por tanto, se requieren necesariamente para el voto estas tres cosas: primero, la deliberación; segundo, el propósito de la voluntad; finalmente, la promesa, que es lo que constituye la esencia del voto”[56] de las otras dos condiciones solo una es indispensable, la de expresarle a la contraparte su firme intención. “Sin embargo, se añaden, a veces, otras dos cosas como refuerzo del voto, a saber: la pronunciación de la palabra, según aquello del salmo 63,13: Te cumpliré mis votos: los que pronunciaron mis labios; y, a su vez, el testimonio de otras personas.”[57] Ya que se trata de un acto de dos personas es necesario que se expresen ambos su voto perene a diferencia de otros votos. La última, el testimonio de otras personas es muy práctico y útil ya que se trata de un acto social, es deseable pero no indispensables. Es un acto que tiene repercusión social pero los ministros, finalmente, son los contrayentes.

LAS RELACIONES DE HOMOSEXSUALES

Hoy en día están muy en boga las relaciones de homosexuales, ya se dé entre hombre y hombre o mujer y mujer. Estas relaciones no son objeto del análisis del matrimonio primero si recordamos los fines del matrimonio uno es la perpetuación de la especie y ellos no pueden reproducirse no pueden tener hijos. Si pueden adoptar, pero la adopción es un remedio a un mal, en sí mismo.

Con esto puntualizo lo que sigue, la relación de homosexuales es un remedio para una patología. La homosexualidad proviene de una de tres fuentes: 1. la natural alguien no nace con el herramental hormonal suficiente y tiende al otro sexo o simplemente no tiende a ninguno. 2. Por traumas sociales se aparta del sexo que le corresponde y tiende a otro. 3. Por sodomía se harta de los placeres de un sexo y va en busca de los otros. Vemos tres problemáticas generales, en realidad este esquema es pobre pues la complejidad del tema da para un tratado amplio que dejo a un psicólogo psiquiatra o sociólogo. Solo remarco son patologías humanas de carácter: natural social o vicioso en cualquiera de los casos requieren ante todo de no juzgar casos particulares a riesgo de condenar indebida e injustamente. La vida de cada uno es de cada uno y no debemos juzgar o influir no sabemos que hay atrás. Es una tena de caridad, pero de caridad no despreciativa sin de amor como a cualquier otro individuo que, a lo mejor, simplemente nos cae mal porque nos cae mal. Veámoslo con prudencia y espíritu de ánimo alto. “no juzgues y no seréis juzgados”.

Sin embargo, en tanto patología no puedo hacer un examen equilibrado sobre individuos patológicos desde el punto de vista ontológico. Menos cuando están distorsionados par el efecto del matrimonio. No cabe entonces pensar en la adopción por homosexuales de hijos abandonados, puede haber muchas implicaciones para el propio niño, es querer resolver un problema mezclándolo con otro, es difícil esperar algo bueno.

La relación de homosexuales debe de tener un nombre diferente no cabe el de matrimonio. Podemos llamarlo, por ejemplo: Contrato de Amistad: de vida en común o alguno otro nombre. Reservemos el de Matrimonio para la relación de parejas ontológicamente normales, aun cuando los diarios, la radio o la TV, nos lo venden como matrimonio gay esto es equivoco. Usemos un término para cada cosa para que tengamos una comunicación asertiva, limpia, fácil sin equívocos.

EL MATRIMONIO CATOLICO

El matrimonio católico pertenece a una especie de matrimonio particular y concreto. Está destinado para los católicos y la iglesia en cuanto institución religiosa impone sus reglas a sus miembros, los cuales están obligados a cumplir so pena de incurrir en falta grave o no según se sea el caso. El matrimonio católico es un acto complejo e implica ciertas complejidades y requisitos especiales muy fuertes, por lo cual quien no esté dispuesto a seguirlos es más conveniente que no recurra a este sacramento o por que se considerará invalido o caerá en una serie de inconsistencias y faltas que vale la pena. Muchas parejas por presiones sociales ceden y aceptan casarse por la religión católica con consecuencias no deseables.

No es el caso que yo explique aquí el matrimonio católico por la multitud de tratados que hay sobre él. Solo baste apuntar algunas consideraciones generales para quien quiera abundar busque más información al respecto, la cual seguramente encontrara en abundancia.

La religión católica es un tema muy serio y el ser católico también, no se puede tomar a la ligera. No quiero decir con esto que sea malo ser católico, todo lo contrario, es una religión de amor y caridad, de perdón. Pero no es un juego. No doy con esto ningún aval a los fundamentalistas católicos, antes al contrario los rechazo y los aborrezco porque solo logran caer en el fariseísmo, que nuestro Señor Jesucristo tanto repudio. Acudamos a la carta de San Pablo a los romanos y veremos el sentido de una religión de amor, es un amor comprometido y exigente con el otro cristiano, más aun con el homicida y la prostituta rechazados y relegados. Es una religión de perdón, de opción por el más necesitado, por el más indigente. Es más es una religión que exige una indigencia ante la providencia de Dios, un abandono a Él.

Es una religión de más de 2000 años llena de fallas y santos que se ha ido formando en estos siglos a sangre y oración. También hay grandes historias de abusos y excesos, pero eso no la descalifica sino que la hace más genuina y humana.

Esta religión ha ido durante estos dos siglos formando una doctrina expresada hoy en el Catecismo De La Iglesia Católica donde expresa su doctrina en breves razones, da también normas y reglas unas morales otras religiosa. Como toda regla siempre con rangos de interpretación. Cuenta con otro instrumento más de carácter legal que es el Derecho Canónigo. Estos dos son instrumentos que dan la interpretación de lo fundamental que es la Biblia en su antiguo y Nuevo Testamento. Para los cristianos no son de libre interpretación las sagrada escrituras. Esto no quiere decir que no sean de fundamento y deban ser leídos y releídos una y otra vez y luego en caso de duda se recurre a catecismo y no al revés. Hay otra fuente de la iglesia que está compuesta por los escritos de sus doctores y santos a lo largo de los siglos. Hacemos un análisis del matrimonio recurriendo a la Suma de Teología de Santo Tomás de Aquino y encontramos enseñanzas perenes para cristianos, musulmanes, mahometanos, budistas y ateos o agnósticos. Pero no hacemos una exegesis del matrimonio cristiano, eso es patrimonio de la iglesia católica. Este escrito esta dirigido a aclarar puntos sobre el matrimonio en general para los no católicos. Para los creyentes y comprometidos estas palabras salen sobrando. Esto no pretende ni por un momento modificarlas enseñanzas de la iglesia católica. Pero en un mundo donde hay tantos bautizados no comprometidos y no bautizados que manifiestan muchas confusiones, lo que nos lleva ver tantas barbaridades y teorías chabacanas sobre el matrimonio, creo que bien conviene un análisis filosófico sobre el matrimonio y sobre lo que no es.

Cristo fue crucificado por decir lo que pensaba ante ortodoxos de su tiempo histórico. Y en estos aparentemente liberales tiempos, no espere algo diferente el que exprese su pensamiento. Seguramente será atacado por unos y otros, pero la cobardía no es lo mío.

Tequisquiapan, Nov del 2018

[1] Biblia de Jerusalén. Ed. Desclée de Brouwer. Bilbao 1999. Génesis 2, 18.

[2] Ibidem. Génesis 1, 28. Digo primero por que el mandato de multiplicarse no es posible sin el anterior.

[3] Ibidem. Génesis 2, 24.

[4] Aristóteles. Física. Traducido por: De Echendía, Guillermo. Editorial Gredos, Madrid, 1995. L. II. C. 3. 194 b 20

[5] ibid.

[6] Ibid.

[7] Biblia De Jerusalén. Edición Pastoral. Ed. Descleé De Brouwer. Bilbao 1984. Mateo 19:2

[8] Ibid.

[9] Sancti Thomae de Aquino, Corpus Thomisticum De Articulos Fidei Et Eclesiae sacramentisd a Sancti Achiscopum Panonoritanum Textum Taurini 1945 Editum ac Autonomatum Translatium a Roberto Busa SJ in Taenias Magneticas Denuo Recognovit Enrique Alarcón Atque Instuixit.

[70474] De articulis Fidei, pars 2.  Causa autem efficiens matrimonii est mutuus consensus per verba de praesenti expressus. Septimum sacramentum est matrimonium, quod est signum coniunctionis Christi et Ecclesiae. Causa autem efficiens matrimonii est mutuus consensus per verba de praesenti expressus. http://www.corpusthomisticum.org/

[10] Física. 194 b 30

[11] Aristóteles. Acerca del Alma. Traducido por Calvo Martínez, Tomás. Editorial Gredos, Madrid, 1988. 412 a 25

[12] S. Th. I-II, q.1, a.1, r.1

[13] Biblia De Jerusalén. Edición Pastoral. Ed. Descleé De Brouwer. Bilbao 1984. Génesis 2:18

[14] Op. Cit. Génesis, 1-28

[15] Op. Cit. Corintios I, 7-8. La preferencia paulista por el: no casamiento, obedece a circunstancia de una iglesia naciente en donde no hay claridad plena de ministerios: propone que mejor no se casen los miembros, habiendo, repito, aún una línea muy tenue entre un pastor y una oveja. Además, la visión escatológica de San Pablo es muy próxima, da la impresión por momentos que él puede llegar a experimentar en carne propia el fin del mundo. Es injusto sacar de contexto a un autor y juzgarlo químicamente puro o en un caldo de cultivo diferente al que él vive, más aún considerando el modo epistolar, en que se expresa, lo que se quiere decir dentro de un contexto concreto, que es un modo de su momento y circunstancia particular, que en este caso él está recomendando a los fieles de Corinto, comunidad conocida íntimamente por él. Así aun cuando deja grandes enseñanzas universales atemporales, estas se encuentran escritas en el papiro de su época y con la tinta del lugar.

[16] abrasarse vivo

  1. loc. verb. abrasarse de calor o a causa de una pasión.

[17] Mateo. 11, 30

[18] Catecismo de la Iglesia Católica. 1623

[19] De Aquino, Tomás. Opúsculo Sobre los Artículos de la Fe y los Sacramentos de la Iglesia. Trad. Por: López De Las Heras, Luis. Opúsculos y Cuestiones Selectas, Edición Bilingüe IV Teología (2). Ed. Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid. 2007.

[20] Op. Cit. Aristóteles. Acerca del Alma. 412 a 25

[21] S. Th. I, q.77, a. 5, r. 2

[22] S. Th. I, q.77, a. 1, c.

[23] S. Th. q. 88 II-IIae: Consultar: http://etimologias.dechile.net/?voto

[24] Santo Tomas, es sumamente parco hablando del matrimonio no así cuando habla de la vida religiosa y dedica varias páginas a describir el voto religioso. No lo culpo él es un monje dominico de clase acomodada en una Europa feudal inmersa en luchas entre señores feudales que buscan un mejor lugar en una Europa que se encuentra en plena gestación, de lo que más adelante vendría a ser las naciones europeas. Tomas de Aquino no ve un problema en el matrimonio, está todavía en boga los matrimonios arreglados en las clases sociales altas, altamente diferenciadas, herencia de una Roma que aún tiene mucho de vigente en las costumbres a las que se les ha sumado la doctrina de la iglesia. Había en aquellos días un incuestionable pero no menos potente ambiente misógino donde el papel de la mujer está reducido a las ordenanzas del marido y su voluntad sumisa a la del marido, además, ellas de altamente devaluadas. Entre las clases pobres o campesinas hay una sujeción importante al príncipe del que son siervos, quien autoriza o no las uniones de sus vasallos. Tampoco hay una gran diferencia entre el poder temporal y el divino, muchas veces a falta de leyes claras se aplica la eclesial y se interpreta a San Pablo a favor de la dominación del matrimonio por el marido de forma absoluta. De hecho, en la suma solo hay unas cuantas citas perdidas sobre el matrimonio: S. TH. I-II, q. 70, a. 3, r. 3.; II-II q. 88, a. 7, 11; q. 100, a. 2, r. 6.; III, q. 61, a. 2, r. 3.; q. 65, a. 2, r. 1.; q. 80, a. 7, r. 2. Si las analizamos cada una de estas citas veremos que es muy pobre lo que se habla del matrimonio, el básicamente se refiere a la: que es un sacramento, que es natural, que es bueno para aumentar la población y que es un remedio a la concupiscencia. No es muy extenso ni explícito en estas citas. Hay escritos más amplios en el Suplemento a la Suma sobre el matrimonio, pero no son originales del santo, luego los descartamos por múltiples razones.

[25] S. Th. II-II, q. 88, a.1, c. De Aquino, Tomas. Suma de Teología. Ed. Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid, 1994. Versión Web. http://hjg.com.ar/sumat/

[26] Ibid.

[27] Ibid.

[28] S. Th. II-II, q. 88, a.1, r 2.

[29] S. Th. II-II, q. 88, a. 2, c.

[30] S. Th. II-II, q. 88, a. 3, c.

[31] S. Th. II-II, q. 88, a. 3, c.

[32] S. Th. II-II, q. 88, a. 3, r 2.

[33] S. Th. II-II, q. 88, a. 8, c.

[34] S. Th. II-II, q. 88, a. 6, c.

[35] Ibid.

[36]  De Saint – Exupéry, Antoine. “La Biblioteca Virtual de la UEB ” http://www.ueb.edu.ec,  Cap. XXI. pag. 24

[37] Ibidem.

[38] De Saint – Exupéry, Antoine. “La Biblioteca Virtual de la UEB ” http://www.ueb.edu.ec, Cap. XXI. pag. 23

[39] S. Th. II-II, q. 88, a. 7, c.

[40] Ibid.

[41] S. Th. II-II, q. 88, a. 10, c.

[42] S. Th. II-II, q. 88, a. 12, c.

[43] Ver: S. Th. II-II, q.183 a 189.

[44] CARÁCTER. La palabra carácter viene del griego χαρακτήρ (kharakter = el que graba) a través del latín character. Χαρακτήρ está formada de χαράσσειν (kharassein = grabar, marcar con una estaca) y el sufijo -τήρ (-ter = agente), o sea, el que hace marcas. … Caracterología – Estudio (-logía) de caracteres. etimologias.dechile.net/?cara.cter

[45] carácter

Del lat. character, y este del gr. χαρακτήρ charaktḗr, der. de χαράττειν charáttein ‘hacer una incisión, marcar’.

  1. m. Señal o marca que se imprime, pinta o esculpe en algo.
  2. m. Signo de escritura o de imprenta. U. m. en pl.
  3. m. Estilo o forma de los signos de la escritura o de los tipos de la imprenta. Carácter redondo. Caracteres elzevirianos.
  4. m. Señal o figura mágica.
  5. m. Marca o hierro con que los animales de un rebaño se distinguen de los deotro.
  6. m. Conjunto de cualidades o circunstancias propias de una cosa, de unapersona o de una colectividad, que las distingue, por su modo de ser u obrar, delas demás. El carácter español. El carácter insufrible de Fulano.
  7. m. Condición dada a alguien o a algo por la dignidad que sustenta o la funciónque desempeña. El carácter de juez, de padre. Medidas de carácter transitorio.
  8. m. Señal espiritual que queda en una persona como efecto de un conocimientoo experiencia importantes, como, en la religión católica, la dejada por lossacramentos del bautismo, confirmación y orden. Imprimir, imponer carácter.
  9. m. Fuerza y elevación de ánimo natural de alguien, firmeza, energía. Unapersona de carácter.
  10. m. Modo de decir, o estilo. Diccionario RAE, Del. Web.

[46] S. Th. II-II, q.183, a. 1, c.

[47] S. Th. III, q.63, a. 1, Co.

[48] S. Th. III, q.63, a. 2, Co.

[49] Sh. III, q. 63, a. 2, c.

[50] Sh. I, q. 77, a. 3, c.

[51] Ibid.

[52] Sh. III, q. 63, a. 1, c.

[53] Sh. III, q. 63, a. 3, r. 2.

[54] Sh. III, q. 63, a. 5, c.

[55] Sh. III, q. 63, a. 5, r. 3.

[56] S. Th. II-II, q.88, a. 1, c.

[57] Ibid.