Si te gusta la música de los Beatles ya eres un clásico.

Nuestra manera de vivir está impactada por la inmediatez y tiene consecuencias en nuestra forma de vivir la vida. Los tiempos se han acortado y tenemos menos tiempo.

Hace algunos pocos años preparar una comida cotidiana te demandaba unas horas, escuchar música era complicado, para comprar algo deberías ir a una tienda y adaptarte a la oferta que tenían. Y todo ésto antes de los Beatles.

Me despierto en la mañana veo el WhatsApp en mi móvil, contesto algunos, después de eso me levanto. Pongo la tele y me preparo un café. Mientras me baño y me arreglo, me entero de las noticias y me preparo para salir. Salgo de casa y tengo un Uber a punto de llegar. En la oficina prendo el ordenador y contesto algunos mails en otra parte del mundo. Asisto a una junta por Skype a 5,000 kms de distancia. Hago algunas llamadas a clientes y contesto mails mientras escucho música con mi Smart, con mis audífonos en Spotify, de una lista que alguien dejó en la nube. Por la tarde en la casa pido una pizza a domicilio para cenar mientras veo Netflix. La serie se alenta, abro la tableta y ordeno unos zapatos por Amazon, que llegarán mañana al departamento.

Para un millennial todo ésto es normal. Pongamos todo en PAUSA por unos minutos y veamos que pasó en ese día. La información social fue inmediata, el conocimiento de la situación mundial oportuno, el café instantáneo y bueno, el baño cómodo. El transporte limpio y puntual. La comunicación global e instantánea. La música a mi gusto y accesible. Por la tarde la comida caliente en 30 minutos, vi un programa sin comerciales y lo pare sin perderme escenas cuando fue necesario, hice una compra desde mi sillón de la TV, la que pasado mañana podré estrenar.

“Sorprendente o Normal” Preguntemos a alguien de hace 50 años, que también escuchó a los Beatles.

El hombre no había llegado a la luna, la TV era en blanco y negro con una señal inestable, además era un lujo, los programas limitados, 3 canales con anuncios. Ya existía el Nescafé soluble que podías preparar sin moler el grano, pero había que calentar el agua en la estufa, se decía que era de garbanza por el sabor. No había más que teléfonos fijos. Una carta transatlántica tomaba cuatro semanas en ser contestada en el mejor de los casos. A mis amigos los veía en un café o iban a la casa. La comida había que prepararla de productos frescos. Si querías unos zapatos, a la zapatería. Y oías a los Beatles en el radio cuando los ponían o ponías el acetato que duraba 30 minutos por lado y todo ésto en 1962 cuando se forma este grupo tan popular.

¿Es el hombre diferente hoy?

No el hombre es el mismo duerme, se alimenta, se baña, hace deporte, tiene gusto por un buen café y la comida caliente, usa zapatos, se comunica, vive en sociedad y le gusta la música de los Beatles. Solo que ésto hoy es inmediato.

Los hombres actuales somos como niños mimados de la humanidad. Solo quieres algo y ya lo tienes y si no haces una pataleta.

¿Qué consecuencias tiene eso?

Seremos seres caprichosos: egoístas, débiles, cobardes… La virtud ya no será necesaria. Ya no estaremos acostumbrados a esperar, las decisiones serán más fáciles, los riesgos menores.

Es niño caprichoso un día se dará cuenta que:

«Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo: Su tiempo el nacer, y su tiempo el morir; su tiempo el plantar, y su tiempo el arrancar lo plantado. Su tiempo el matar, y su tiempo el sanar; su tiempo el destruir, y su tiempo el edificar. Su tiempo el llorar, y su tiempo el reír; su tiempo el lamentarse, y su tiempo el danzar. Su tiempo el lanzar piedras, y su tiempo el recogerlas; su tiempo el abrazarse, y su tiempo el separarse. Su tiempo el buscar, y su tiempo el perder; su tiempo el guardar, y su tiempo el tirar. Su tiempo el rasgar, y su tiempo el coser; su tiempo el callar, y su tiempo el hablar. Su tiempo el amar, y su tiempo el odiar; su tiempo la guerra, y su tiempo la paz.” [1]

No estoy en contra de la modernidad sólo digo que mucho cuidado porque corremos el riesgo de que cuando las cosas no sean tan mimadas podemos sufrir mucho, pues no estaremos acostumbrado a la fuerza, la virtud; seremos: blandengues, cobardes, indecisos, injustos. Como dice el Eclesiastés habrá tiempos difíciles también.

El imperio romano cayó no por fuerzas externas sino porque primero se dividió y luego se hizo vicioso, pasó de ser virtuoso en la indigencia, a ser vicioso en la opulencia, entonces a sus enemigos les fue fácil atacarlos. Atila en su primer intento de llegar a Roma es repelido por el general Aecio y su ejército en Châlons en el 451. Poco después accede al trono e intenta restituir el orden en el Imperio Romano, pero ya era demasiado tarde, Roma estaba podrida había perdido la virtud, en el 454 Flavio Aecio «el último de los romanos» es asesinado: exigía demasiado para el pueblo y había muchas envidias por un poder vacío en los patricios, un año después Roma era invadida por Atila.

¿Tanta opulencia no nos estará convirtiendo en una sociedad falta de virtud?

Vamos a cada punto para poder ver con más claridad que tenemos por delante.

Si compro, algo por internet hoy en día, desde luego también en una tienda de una gran cadena y no me gusta me lo cambian y ya. Hace unas semanas compré una memoria SD por internet y me salió defectuosa, la devolví por paquetería y dos días después de la queja ya tenía mi reembolso. Compré unas sábanas por internet y tengo 30 días de prueba y si no me convencen puedo pedir el cambio. Ya no hay que decidir con riesgo. Antes cualquier cosa que comprara me la tendría que quedar a menos que tuviese un problema mayor y muy obvio. Aún así, reclamar una garantía era todo un calvario. Hoy 3 de cada 10 estudiantes cambian de carrera.[2] Las decisiones son fáciles podemos cambiar a placer, somos una sociedad voluble, inestable. Es malo que podamos corregir “no” pero hay cosas que no tienen corrección que son para siempre y éste es el error de nuestra sociedad actual. Creemos que todo se puede cambiar, un amigo, un esposo, un hijo.

Cuatro grandes Problemas:

No sabremos decidir:

Hoy no tiene consecuencias una elección que haga como hemos dicho arriba en lo material, compramos algo nos equivocamos y lo vamos a cambiar, podemos decir que no hay consecuencias en nuestras decisiones del día a día y así va nuestra capacidad de decidir va adormeciéndose o embruteciendo y luego cuando hay que tomar una decisión más importante que tenga consecuencias no sé qué hacer. Ante este escenario se dan dos casos el del que se paraliza y no actúa, o el del que simplemente decide imprudentemente y corre el grave peligro de equivocarse en cosas que no tiene remedio. A esta virtud se le llama o le llamaban la prudencia. Hoy nuestra sociedad cree no necesitarla, pero al contrarío se necesita y mucho, no para ver si me compro una paleta helada de limón o vainilla, sino para emprender acciones importantes y de trascendencia en la vida. Como: dónde vivir, con quién vivir. Dos acciones grandes, pero ambas de un grado totalmente diferente: si elijo dónde vivir, hablo de países vecinos, clima, etc. Pero si hablo de con quién vivir y hacer una familia hablo de Personas y el tema ahí cobra una dimensión espiritual, diferente. Pero no nos paramos a pensar hoy en día todo esto, de cómo voy a resolver ésto o lo otro: veo un video en YouTube o hago la consulta en google y encuentro la respuesta o creo encontrarla, es el sueño del enciclopedismo, pero ellos se dieron cuenta también de que había algo más, aún cuando les costaba aceptarlo.

Grave problema de nuestra época es creer que todo está en la red y así, busco pareja y me equivoco, me sale una zorra o un vivales. La vida es nuestra mayor responsabilidad y nadie sólo nosotros la podemos resolver. Claro creemos que todo tiene remedio y hay muchas cosas que vienen y van y no importa demasiado, pero hay otras que versan sobre personas. Mi persona u otras personas y ahí sí importa. Estamos preparados para tomar decisiones y asumir las consecuencias, desafortunadamente no y las nuevas formas de vida no nos ayudan a ello.

No podemos discernir entre lo bueno y lo malo:

Otro problema es que ya no sabemos tomar postura ante el bien y el mal, o decidir lo que está bien y lo que está mal. Nuestra sociedad, hoy, todo lo disculpa a todo le encuentra una justificación si está cercano a nosotros, y como no se vale criticar estamos cayendo en la ética del sensualisimo, bueno es lo que siento que está bien. Vivimos un mundo de sensaciones y de garantías. Hoy más que nunca en la historia de la humanidad el hombre puede disfrutar de casi cualquier cosa del mundo: un whisky escocés, un vino francés, una pasta italiana, una buena comida cantonesa. Una película a la hora que quiera, con escenas inmorales o no, si es placentera y está vestida de buen cine o de momento histórico, es natural así pasaba, pero no por eso era bueno, o es bueno porque parezca bueno. No sabemos emitir juicios justos. Somos una sociedad no injusta, lo que es peor amoral permisiva, sin criterio moral. Pasa la vida y el daño moral se va quedando y nuestros vicios cada día los perdonamos como sociedad más y más. No digo que juzguemos a las personas que eso es muy grave, la vida de cada quién es de él y tendrá que darle cada uno cuentas al creador. Pero sí podemos decir y debemos decir esto está bien y ésto no. Debemos juzgar los hechos con total claridad y decidir qué es justo y qué no, que es bueno y malo, sino corremos el riesgo de aceptar todo lo que nos vende la vida moderna como bueno. Esto se llama Justicia o virtud de la justicia para decidir que me conviene y que no en cada instante y sobre todo en los decisivo de mi vida.

Somos una sociedad cobarde:

Desafortunadamente nos estamos haciendo cobardes, si somos una sociedad de cobardes dice una canción de Joaquín Sabinas “amores que no matan mueren y amores que matan nunca mueren” por qué me he de comprometer con algo, por qué he de dar mi vida por algo si es muy cómodo pedir aquí la pizza, no corro el riesgo de que me asalten, no tengo que caminar en la lluvia por la medicina. Alguién más lo hará mientras yo pague por ello, luego solo hay que tener dinero, no es necesario ser valiente, arriesgado, fuerte. Ante cualquier discusión intrascendente vemos cómo la gana el que más grita y no el que tiene la razón. Sí ese que alza la voz debe saber más, el anuncio que mejor me vende el producto, es el del mejor limpiador o papel sanitario. Vivimos un enfermizo afán de seguridad. Que miedo tener hijos, en qué mundo van a vivir, que aire tendrán que respirar, y tener que mantenerlos y renunciar a mis comodidades, a mis caprichos, tener que aguantar a su madre o en su caso a su padre de por vida, qué miedo. La vida se entrega a cada instante y se vive con pasión y se muere en el intento de ser mejor cada día y sólo sirviendo más soy más. En la medida en que soy, puedo hacer, y en la medida que hago tengo más, y luego puedo más porque soy más y aquí no me refiero al tener económico sino al tener virtuoso que es el ser fuerte. El miedo a vivir me lleva a acumular más: más dinero, más autos, más comodidades, más vicio y ha enfrentarme a menos en la vida. La vida es para entregarse no para guardarse, si, para perderla en la lucha diaria que eso es vivir. Dice un proverbio americano: “No pain no gain” sin dolor no hay ganancia. Parece todo ésto un poco torpe, no si previamente soy prudente y justo, así poder escoger mis batallas y darlo todo por ellas para que sea un mundo mejor. Y no me refiero al calentamiento global, sino a mi vecino, mi cuadra, un papel tirado en la calle, una critica mal intencionada. Sí, si nuestro ámbito es el calentamiento global hagamos lo que debamos por evitarlo, pero no por él, dejemos nuestras batallas, las que nos corresponden. Pero cómo vamos a tener fuerza virtud si la sociedad moderna nos ofrece un sofá cómodo, una comida caliente en la puerta, una bebida refrescante en el refrigerador y una película entretenida en Netflix.

Cada día somos más blandos:

Por último nos esta creando esta sociedad con todos sus satisfactorio inmediatos y fáciles un desorden interior que nos dice no importa qué, tu haz lo que te plazca, te lo mereces. Si no no te lo daría, el genio del celular te pide por internet de comer a la puerta o un uber para que no manejes. El esforzado tiene que pensar con prudencia y decidir con justicia. El que tiene todo sin, esfuerzo, sin pensar, sin juzgar y decidir está continuamente confuso encerrado en costumbres cómodas, rutinas infinitas, con variantes de forma pero no de fondo que lo van haciendo cada día más timorato y pusilánime. Van adormeciendo sin darme cuenta y traigo en realidad un desorden interior que no me permite ser fuerte ante un embate del destino. Cuando hay una tragedia cercana no la entendemos y culpamos a Dios al cabo el no se queja. Si no es cercana la tragedia le preguntamos a la ciencia de google o de YouTube y anestesiamos el mal del que me es ajeno con una burda explicación. Ya no pensamos, sólo creemos es más fácil. Pero no me refiero a una fe en Dios, que requiere una gran fortaleza, sino a esta fe en lo de hoy: que el gobierno me va a resolver ésto o lo otro, o el presidente es de mi partido, yo ya tengo mi equipo favorito y si éste gana, yo gano. Las personas ordinarias preferimos creer que pensar y creer en una ideología que no entendemos o a la que hemos acomodado nuestros apetitos. Los alemanes del siglo veinte creyeron, no pensaron y hicieron dos grandes guerras de dimensiones mundiales y millones de muertos, un pueblo pensante heredero de la filosofía europea, que nos dio a: Kant, Hegel, Jaspers, Leibniz, Alberto Magno, Elkhart, Wolf, Schiller, Brentano, Husserl, Nietzsche por mencionar a algunos de los más conocidos. Por qué un pueblo tan lleno de pensadores y de filosofía arrastró al mundo a dos de las dos peores guerras recientes de la historia. Como dijo Mussolini: “La gente no tiene tiempo para pensar, apenas tiene tiempo para creer.”[3]  Lo que es peor para creer en las peores barbaridades y ser arrastrado por ellas. Nos falta Templanza que es ese orden interior por el cual podemos enfrentar las diabólicas tentaciones de la vida que hoy inclinan a la muerte del espíritu que no consiste en otra cosa que en la pérdida de la virtud. “Mira, Sancho: si tomas por medio a la virtud, y te precias de hacer hechos virtuosos, no hay para qué tener envidia a los que los tienen príncipes y señores; porque la sangre se hereda, y la virtud se aquista, y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale.”[4]

¿QUÉ HACER?

¿Renunciar a la modernidad? A los facilitadores de la vida moderna, claro que no, ellos son herramientas que nos piden ser utilizadas. Utilicémoslas para dedicar más tiempo a pensar, a meditar, a ejercitarnos de cuerpo y alma. Un deporte demandante y comprometido, la religión que me eleva a Dios por encima de lo mundano, a una moral basada en argumentos sólidos, a tomar la vida con responsabilidad, a leer, a crear: sociedad, familia o comunidad. Y a dar todo por aquello que he adoptado como mi fín como ser humano. No divagar según nos empuje el viento, la pregunta vital es ineludible y mejor hacérnosla en la reflexión pacífica que en la tormenta inminente que seguro traerá la vida: ¿Cuál es mi vocación en la vida?, a que debo aspirar en el ser. El hacer y el tener, llegarán solos y tendrán poco peso ante esta pregunta sólidamente resuelta. Si he de ser doctor, comprometido con el paciente, científico, con la verdad, carpintero con las obras de mis manos, si chófer, con mis pasajeros, etc.

Nos movemos en la vida en varios escenarios no sólo en el laboral: también como hermanos, hijos, padres, somos eso seres en sociedad y no podemos eludir esta grave responsabilidad. Tampoco podemos darle la espalda a la Divinidad, porque corremos el riesgo de cosificación o quedarnos en lo humano y lo que es peor en lo biológico. En tanto más busquemos a Dios más divina será nuestra mundana existencia. Y ése será el gran último fín del hombre. “Y que todo hombre coma y beba y disfrute bien en medio de sus fatigas, eso es don de Dios.”[5]

Y todo esto de los Beatles para aca.

[1] Eclesiastés, 3 Bíblia Católica Onlinehttps://www.bibliacatolica.com.br/la-biblia-de-jerusalen/eclesiastes/3/

[2] Periódico, Excélsior, 28 sep 2018, México.

[3] Periódico, Excélsior, 16 sep. 2018, México, Palomo.

[4] De Cervantes Saavedra, Miguel. Don Quijote de la Mancha. Real Academia Española, Asociación de Academias de la Lengua Española. 2004.

[5] Eclesiastés, 13 Bíblia Católica Onlinehttps://www.bibliacatolica.com.br/la-biblia-de-jerusalen/eclesiastes/3/