Ambizioso spirto
Tu sei Macbetto…
Alla grandezza aneli,
ma sarai tu malvagio?
Pien di misfatti è il calle¡
della potenza, e mal per lui che il piede
dubbitoso vi pone, e retrocede! Lady Macbeth
Ambicioso espíritu
es el tuyo, Macbeth…
Anhelas la grandeza,
¿pero tendrás la suficiente maldad?
El camino que conduce hasta el poder
está lleno de crímenes, y pobre del que avanza
con pie dudoso y retrocede!
Verdi es sin duda un maestro del drama operístico, si a ésto le agregamos una de las obras maestras de Shakespeare seguramente tendremos una de las más grandes obras del repertorio de la ópera. El autor de esta maravillosa ópera recurre a Francisco María Piave y a Andrea Maffei para las adaptaciones del libreto los cuales respetan el drama de Shakespeare con mínimas adaptaciones del contenido.
El drama de Shakespeare, Macbeth, es sin duda una de las obras maestras de la literatura que puesto en manos de Verdi se vuelve una magnífica obra de arte. La ópera Macbeth es una de esas fuerzas dramáticas que crean en nosotros una fuerza explosiva que nos arrastra por los sentimientos de dolor, tristeza, rabia, coraje, etc.
La codicia y la avaricia son los grandes protagonistas de esta tragedia que en el caldero de las brujas despiertan por su augures en Macbeth y Lady Macbeth, una sed de poder y riqueza que los convierte en despiadados asesinos.

El augur de las nigromantes acaba siendo cierta pero gracias a las malvadas intenciones de los Macbeth que presas de su pasión de dominio, que queriendo apurar el augurio empiezan una serie de asesinatos que los acabarán coronando primero y luego pereciendo en el mayor desprecio. Desde luego Shakespeare de la mano de Verdi nos da una lección sobre el poder mal habido, del remordimiento del crimen y por supuesto de las falacias de los augures.
Hay un tema más en esta ópera que nos hace vibrar poderosamente y es el del mal del pueblo sometido. Una vez que Macbeth y su consorte han alcanzado la corona continuar con el sometimiento del pueblo que Verdi expresa en un coro magistral. Desde luego que Verdi es un maestro de la música Y sus coros suelen ser sumamente importantes en sus trabajos, ésto lo podemos apreciar en muchas de sus obras pero especialmente resalta recordar los expatriados de la ópera de Nabucco, del cual ya hablamos en otro artículo, este coro de los esclavos israelí
tas es un coro triste pero a la vez esperanzado en Dios y aún cuando expresa toda la tristeza de la esclavitud del tirano triunfante hay un tono de arrepentimiento y esperanza en la misericordia divina, es casi una oración, de hecho está basado en el salmo 137. En cambio el coro de “Patria oppressa” de Macbeth es un coro de una resignación obscura propio de aquél que no tiene salida alguna ni, esperanza ni escape.
Patria oppressa! il dolce nome
No, di madre aver non puoi,
Or che tutta a’ figli tuoi
Sei conversa in un avel! Coro
¡Patria oprimida! ¡No, el dulce nombre
de madre no puedo darte,
ahora que toda tú, para tus hijos,
te has convertido en un sepulcro!
Es fortísimo, es un réquiem por un condenado injustamente, despierta un sentimiento de tristeza desesperanzada. Que sólo aquél que no tiene esperanza alguna puede sufrir. Es un dolor inconmensurable el que logran transmitir las notas de este lúgubre canto, que nos hace recordar otras atrocidades de la humanidad como Auschwitz donde judíos y polacos sólo podían esperar las cámaras de exterminio, por unos nazis ávidos de poder y dominio que al igual que los Macbeth buscan por una codicia asesina.

Suona a morto ognor la squilla,
Ma nessuno audace è tanto
Che pur doni un vano pianto
A chi soffre ed a chi muor! Coro
La campana dobla siempre a muerto,
¡pero nadie es tan audaz
que ose derramar un llanto inútil
por aquellos que sufren y mueren!
Verdi con su música muestra la resignación de una forma magistral, desde luego el argumento basado en Shakespeare es muy intenso pero solo acompañado de la magistral música de Verdi es capaz de transmitirnos este sentimiento de angustia y resignación. Ante el sufrimiento sin esperanza surge la resignación que no es otra cosa que el sometimiento invencible del ser ante la presencia del mal.
En esta gran ópera también podemos apreciar como juega el remordimiento en los asesinos. En una hay una turbación que nubla la mente al grado tal que lo hace ver terribles visiones, mismas que no lo hacen cesar en su deseo, pues siempre está por arriba de este remordimiento la codicia y la avaricia asesinas de Macbeth. Por otro lado tenemos una amoralidad insensible en Lady Macbeth, la cual se
muestra insensible ante la confabulación y el asesinato, no muestra remordimiento alguno en los tres primeros actos y no es sino hasta el cuarto acto cuando siente la mano manchada de sangre que no puede lavar. Desafortunadamente nuestros días no son ajenos a estas tremendas actitudes ante la muerte vil. Hay asesinos de sangre fría que han perdido todo sentido de la moralidad que matan y continúan matando por esa codicia que solo busca el exceso de riquezas a cualquier precio moral. Desafortunadamente todavía hoy vemos tiranos avariciosos que someten a sus pueblos por su desmedido afán de poder y riquezas, y todavía hacen gala pública ante el mundo de ello.
Ve’! Le mani ho lorde anch’io;
Poco spruzzo, e monde son.
L’opra anch’essa andrà in oblio… Lady Macbeth
¡Mira! También yo tengo sucias las manos;
un poco de agua y quedarán limpias.
Así también nuestra obra caerá en el olvido…
Por último toquemos el punto de las profecías demoníacas. Las brujas le predicen a Macbeth su destino y éste no tarda en comunicarlo a su maléfica esposa por una carta, la Temible Lady Macbeth no tarda en urdir un plan para matar al rey y así coronar a su esposo que ha sido nombrado, por el propio rey señor de Cawdor. El rey llega a pasar la noche al castillo de sus homicidas y éstos consuman su criminal obra. Pero los demoníacos augures se acabarán volviendo contra ellos aún cuando sigan con su obra asesina liquidando a Banquo, leal noble también heredero al trono. Todo los vaticinios se vuelven en contra de los Macbeth que acaban muertos con el desprecio de todos.
Ma spesso l’empio Spirto d’averno
Parla, e c’inganna, veraci detti,
E ne abbandona poi maledetti
Su quell’abisso che ci scavò. Banquo
Pero a menudo los crueles espíritus de la niebla
dicen verdades para engañarnos,
y nos abandonan después, malditos,
sobre el abismo que ellos mismos abrieron.
Torpe aquel que cree en el destino y los augures de falsos profetas. El destino de nadie es fatal, cada quien labra su propio destino y es responsable por sus consecuencias y goza de sus bienes. Nadie está predestinado, Dios nos ha hecho libres y esa libertad está inclinada a alcanzar el bien. Quien cree que no puede volverse contra un “fatal destino” se equivoca. No digo que el camino que nos propone una vida ética sea fácil, más fácil es el camino del soborno y la corrupción para alcanzar las ventajas deseadas. Pero éste no es el camino de la virtud, de la fuerza que nos puede llevar a una vida digna. La mentira, el engaño, son propios del que está corrupto por dentro, aunque por fuera sea oropel. Dios hace un llamado a cada hombre para seguirlo de una particular y única manera y solo él es responsable ante Dios de seguirlo o no, la bondad divina que no busca para nosotros otra cosa que la felicidad. Lo que no debemos hacer es darle la espalda a Las Divinas Leyes que están plasmadas en el decálogo de Moisés. Hay que buscar nuestro bien, a eso estamos obligados pero siempre por caminos honestos.
Già l’ira divina
Sull’empio ruina;
Gli orribili eccessi
L’Eterno stancar. Coro
Ya la ira de Dios
está arruinando al impío;
sus horribles crímenes
han cansado ya al Eterno.