CORO DE LOS EXPATRIADOS

Nabuco es una de las obras maestras de la ópera. Verdi, ha sido criticado por muchos y alabado por otros, más los segundos, el hecho contundente e irrefutable es que Nabuco es hoy a más de un siglo de la muerte del autor una de las óperas más interpretadas de todo el repertorio de este género. El tema bíblico que toma es potente con una fuerte carga de dramatismo al que si agregamos la belleza de la música intensa con ritmos claros y persistentes nos deja un gusto parecido al que dejan esos vinos robustos en cuerpo y de fuertes taninos. No se puede soslayar en ningún momento la maestría que deja Verdi en su Nabuco, vale la pena  remarcar en esta ópera el área de los expatriados, sin que por ello el resto de la obra desmerezca un ápice, aquí el repertorio operístico encuentra una de sus más encumbrados momentos. El pueblo Hebreo que ha sido deportado a Babilonia por Nabucodonosor canta un coro a la patria perdida:

Va, pensiero, sull ali dorate…”

Va mi pensamiento en alas de oro.

 “Oh, mia patria si bella e perduta!...

Oh patria mía bella y perdida.

Es el pueblo judío que preso añora la patria perdida. Canto bellísimo y triste, sí triste pero con un tinte de fuerza  poco común, no es una tristeza del que ha perdido y no le queda nada, es una tristeza por aquello que hoy no se tiene y se ha perdido, es un canto por aquello que se tuvo y hoy no se tiene pero que ahí está y está firme perenne, no solo en mi pensamiento, sino además en la realidad del mundo y es ahí a donde pertenezco y a donde siempre perteneceré aún cuando hoy esté distante contra mi propia voluntad.

“Del Giordano le Rivera Saluta”

Del Jordán la Rivera saludo

Si hay una pérdida y es triste pero también hay una fortaleza, no es la fortaleza del que espera venganza, no es ira, es algo diferente es una fuerza que no espera en sí misma el mal de su captor como reivindicación, sino más pareciera como una fuerza por la que se resiste la tormenta sabiendo que ésta cesará:

! traggi un suono di crudo lamento;”

“canta un sonar de crudo lamento”

La tristeza de los Hebreos no es por Nabucodonosor, es una tristeza del pueblo escogido por Dios para que les perdone el castigo y los vuelva a su patria. El pueblo no está airado principalmente con el captor que solo es un hombre, poderoso, pero al fin un hombre mientras que ellos son el pueblo de Dios y su pena viene de que han recibido un castigo divino, es un hijo que llora el castigo del padre, pero que se sabe será perdonado. Tiene fuerza, una fuerza que le permite soportar. El canto lo confirma es triste, pero de una fuerza incomparable pocas áreas hay como esta en la ópera. El pueblo Hebreo de Verdi tiene un patria “

Oh, mia patria” pero hay de aquellos que no tienen una patria y peor hay de aquellos que no tienen un Dios. Porque su tristeza se vuelve desesperación, caen en la nada pierden todo y la única forma de vida que les queda es la que le ofrece el captor, para él y en él, no es otro sino este el destino del esclavo. Esta forma de destrucción, el esclavo deja de ser el mismo se va nulificando, desapareciendo hasta hundirse en la personalidad de su captor, porque no hay esperanza, es una tristeza desesperada que termina en la locura. Por qué entonces algunos hombres ante la peor desgracia sobreviven y no se nulifican. Será acaso la creencia en Dios la que les permite sobrevivir. La vida está llena de por sí, de destierros y algunos que parecen perennes y sin Dios uno acaba esclavizando a múltiples captores que se ofrecen como escapes irreales, pero que igual nos van nulificando.

Las alternativas reales son dos la de Job y la de Pedro. Job que siendo justo a los ojos de Dios y los propios, se sabe en su ignominia amado por Él, si bien se queja, nunca renuncia y permanece en la fuerza de aquel que, aun en la peor de las desgracias, se sabe hijo de Dios y ahí permanece digno ante el mundo que lo critica porque adopta una postura de postración ante Dios, que finalmente lo levanta. La otra es la de Pedro que quiere seguir con Dios porque es la mejor alternativa, Job no puede optar por salir de su desgracia física, Pedro si y le responde a Jesús “a donde vamos a ir si solo tu tienes palabras de vida eterna” Escoge su destino y lo acabará afrontando con todo hasta morir como su maestro. No hay que desanimar en el destierro, saber que la respuesta no está en el captor sino en Dios, que la nueva Jerusalén siempre está ahí que no es un pedazo de tierra, es mucho más, un paraíso habitado por Jesús. El camino es la opción por Dios pues es siempre la mejor y la postura ante el problema es siempre erguida digna y solo se logra postrándose ante Dios. El camino es el de los expatriados de Verdi es muy elocuente:

O t’inspiri il signore un concento che ne infunda al patrie virtu!”

“O que inspire el señor una melodía que nos infunda valor en nuestro sufrimiento”