El Tiempo y el Cambio

Todos los cuerpos materiales pueden cambiar de lugar, al mover un cuerpo de un punto «A» hasta otro punto «B», se ha cambiado de lugar, pongamos ahora el caso de que regresemos el cuerpo en cuestión al punto original «A», probablemente se pudiere medir la energía que tome al realizar esta operación e inclusive tendremos nosotros conciencia y memoria del cambio que estamos haciendo, pero el objeto que hemos movido si es un cuerpo inanimado, y suponiendo que todas las condiciones han quedado iguales al regresarlo a la posición «A «(temperatura, posición, luminosidad, etc.). Para este cuerpo no habrá habido tiempo porque no dispone de memoria y si ahora está igual que antes de haber pasado por la posición «B», para este cuerpo no ha habido cambio y por lo tanto no habrá habido tiempo. EI problema del objeto que hemos movido, es nuestro, nosotros notamos y recordamos el cambio, el objeto no, si ha regresado a su lugar original en las condiciones originales, nosotros en cambio habremos recordado el cambio.

AI principio de nuestro experimento pusimos unos supuestos, el cuerpo habrá requerido que algún motor lo haya movido y este motor habrá consumido energía de alguna fuente energética (biológica, química o física) y esta fuente habrá sufrido un cambio y en alguna forma será la memoria que guardara el efecto de el cambio que tuvo el cuerpo en cuestión y para la naturaleza en alguna forma también existió el tiempo, y si este cuerpo que hemos descrito es parte de la naturaleza también tendrá en alguna forma noción de este cambio.

En el inmenso rompecabezas que es la naturaleza nada queda sin registrarse, por lo  menos todos los cambios y movimientos. Si pudiese existir en la naturaleza lapsos sin ningún cambio sería como detener el tiempo, como en esas películas que podemos detener en un cuadro fijo, para todos los de la película se detiene el tiempo ficticio que viven sus personajes.

EL TIEMPO

Hay dentro de la naturaleza muchas memorias además de la humana y de algunos animales y entre estas se encuentran las biológicas propias de las células que guardan sus cargas genéticas; registrando cambios de sus antepasados y transmitiendoles hacia sus sucesores. Se suele decir impropiamente: que un resorte tiene memoria por que tiende a regresar a su estado original;  después de haber sido comprimido vuelve a su estado original, pero más bien diremos que no la tiene por qué no guarda en su estructura los cambios sufridos durante la compresión; no así un alambre de cobre que al ser doblado en una dirección y tratar de enderezarlo nuevamente, si no es usado algún mecanismo especializado, este dejara en su longitud la marca de su doblez.

La memoria en sí es un factor del tiempo y el otro es el cambio, para que haya tiempo debe haber cambio y registro de este y ahora si es prudente mencionar a Aristóteles cuando dice que el tiempo es «la medida del cambio, según lo anterior y lo posterior» ¹,.

Esto quiere decir que si no hay cambio, no hay tiempo o que si no hay medida de ese cambio, a falta de cualquiera de estos dos elementos, el tiempo no puede existir. Si podemos hacer una modificación y regresar al original sin haber causado ningún efecto habremos evitado el tiempo o si este cambio no fuere registrado igualmente no hay tiempo.

Juguemos un poco con nuestros conceptos por un momento y llevemoslos a extremos extra mundanos. Para Dios que puede jugar con el cambio, el tiempo no existe, o más correctamente podría jugar con él porque puede revertir cualquier cambio a su forma original sin efecto alguno, en virtud ya sea de su infinita sabiduría que le permite volver cualquier cambio a su estado previo entendiendo perfectamente cualquier trama por difícil que parezca, también en virtud de ser el motor inmóvil,  porque en tanto que motor inmóvil puede mover sin ser movido o mover a su vez lo que sea sin afectarse» usando palabras de Ingeniero sin gasto de energía, esto es sin afectar a nadie, podrá hacerlo seguramente también según de otras de sus divinas cualidades, pero estas dos son muy manifiestas.[1]

EL CAMBIO Y SU REGISTRO

En virtud de que el tiempo está atado a dos factores por un lado el cambio y por otro lado el registro, conviene hacer una breve reflexión sobre estos dos elementos, empecemos por el

cambio: Sabemos por el Doctor Angélico que hay dos tipos de ser «pero el ser de dos clases: a saber, el ser esencial, o ser substancial de una cosa, con ser hombre, y este es el ser «simpliciter» o considerado en sí mismo.  Más hay el ser accidental, por ejemplo que un hombre sea blanco, y este es el ser «secundum quid» o considerado bajo un aspecto particular» ².

Y más adelante en su libro sobre los principios de la realidad natural, nos hablará de otra subdivisión del ser accidental en dos «Pero hay dos clases de accidente: el necesario, que no se separa del sujeto, como la facultad de reír en el hombre;  y el no necesario, que si se separa, como el color blanco respecto del hombre»³ con lo que esto nos lleva a dos modos básicos de cambio que son los sustanciales y los accidentales y dentro de los accidentales habrá cambios, lo que afectan a un accidente necesario y los que no afectan a un accidente no necesario.

Los cambios inmateriales afectan al ser y en el caso del hombre van generando en su alma marcas o transformaciones, hay cambio en tanto un ser hilemórfico. Así también sucede con los accidentes necesarios ya que están enraizados en el ser y el hecho de reír afecta mi alma pudiéndola transformar aun cuando no en forma definitiva necesariamente por tratarse de un accidente.[2][3]

Así al pasar a la otra vida el alma humana habrá sufrido una serie de transformaciones o cambios por lo cual mientras estuvo en esta tierra operó modificaciones en él. Los cambios accidentales dan lugar a cambios en otros niveles que no necesariamente van al ser con el caso de los seres accidentales; no necesarios que de afectar al ser lo harán de modo indirecto.

Ahora conviene ver qué sucede con el registro de este cambio y vemos que se registra en los sentidos internos llamados imaginación y memoria cuando somos conscientes del cambio o cuando lo vemos. A veces no vemos como crecemos (o decrecemos) en el ser y esto nos hace pensar que no hay cambio. De lo físico si tenemos registro a materia por eso cuando más físico más conciencia de tiempo tenemos.  Pero el alma también sufre cambio, pero no somos siempre conscientes de este cambio y parece intemporal, parece no desarrollarse.

Tenemos conciencia o registro del cambio básicamente por dos lados, primero por comparación contra nosotros mismos antes y después del cambio en virtud de la memoria.  Y segundo por compararnos contra otros seres que a su vez cambian y la comparación aquí se subdivide a su vez en comparar cosas del mismo género o comparar cosas de géneros diversos.  El primer caso es cuando nos comparamos contra otro hombre o vemos dos relojes y sabemos cuál es más exacto o cual envejece de cada modo y en el segundo caso cuando comparamos el envejecimiento contra el giro de los astros, el reloj que no es este otra cosa que una especie de astro que hace cambios siempre iguales y exactos, de modo que podemos compararlos contra otros muchos cambios, es además universalmente aceptado y conocido lo que lo convierte en comunicable y accesible.

CONCLUSION

De este análisis vemos que el tiempo no es más que la medida del cambio según lo anterior y lo posterior como lo define Aristóteles, pero vemos que esta medida se puede dar desde el ser. Los cambios pueden darse en el ser y estos pueden ser materiales, inmateriales, o mixtos según la naturaleza del cambio.

El tiempo no existe; existe el cambio y este se puede medir en relación a un antes y un después.

Para quienes pudiera no tener memoria, el tiempo no existiría y tampoco existirá para Dios el tiempo físico quien pueda regresar al mismo estado anterior después de una acción con plena perfección y no se interese o pueda evitar su medida. AI hombre no Ie es posible evitar en este mundo la conciencia del cambio continuo y diverso de él y de lo que Ie rodea, pero si fuese ajeno o no Ie interesará el hacerlo, el tiempo no existiría o lo controlaría a placer como posiblemente suceda a los seres resucitados.

[1] Aubert, Jean Marie. Filosofía de la Naturaleza. Traducido del francés por Montserrat Kirchner y EnriqueMolina. Ed. Herder, Barcelona, 1987. p.382. También el hombre en la otra vida no estará sujeto al tiempo en la misma forma, primero porque no avanzará la naturaleza que en la actual va registrando todos los cambios, en virtud del crecimiento que dicho en términos cronológicos Ie llamamos envejecimiento. El entorno o mundo tampoco cambiará o no estará sujeto a sus reglas, luego entonces tampoco tendrá cambio y lo que cambie Ie será ajeno a él, no así en este mundo, donde el cambio biológico lo aprisiona, además enfrenta otros muchos cambios a su alrededor más aún ha inventado un instrumento llamado reloj que cambia a intervalos constantes para medir su cambio contra otros cambios.

[2] De Aquino, Sto. Tomas. Los principios e la Realidad Natural. Traducido del latín por Carlos Ignacio Gonzalez, S.J.. Ed Tradición, México, 1979. p. 23

[3] Ibidem, 1979.p. 31