Lo bueno es aquello en cuya posesión el apetito descansa, y lo bello, en cambio, aquello cuya contemplación agrada. Santo Tomás
Continuamente usamos la palabra belleza pero rara vez nos detenemos a pensar que significa, solo intuimos su significado, utilizamos el concepto de belleza en un sin número de ocasiones para referirnos, a objetos o personas que son agradables a los sentidos, especialmente a la vista. O también decimos que algo es bello porque nos parece bueno. Pero, alguna vez, nos hemos detenido a preguntarnos, ¿qué es la belleza? o ¿por qué considero que este objeto o esta persona son bellas?, ¿qué relación existe entre el bien o bondad y la belleza? Bien vamos a tratar en este breve espacio de desmenuzar este concepto.
Una idea que debemos tener presente, es que para para Tomás de Aquino, todos los seres están constituidos por dos principios: materia y forma. La materia es lo que se corrompe, pero al mismo tiempo es lo que nos da individuación. La forma es inmaterial y es la responsable de hacer que el sujeto sea lo que es. Por ejemplo Sócrates es hombre porque posee una forma humana, en los seres vivos se suele identificar la forma con el alma. Con relación al tema de la belleza, el Aquinate dice: “Lo bello y el bien son lo mismo porque se fundamentan en lo mismo, la forma.”(S.Th. I, q. 5, a. 4, ad. 1.)
Es decir, bien y belleza son lo mismo, en tanto que ambos son cualidades de la forma de un sujeto, pero no son iguales. ¿En qué se distinguen uno de otro? El bien es apetecido, y por esa razón todos tendemos a lo que percibimos sensiblemente como bueno. En cambio lo bello debe ser aprehendido intelectualmente. Y agrega un plus al bien al que tendemos o apetecemos.
En otras palabras, es posible apetecer un objeto, y al mismo tiempo, ver ese objeto como bello. Cuando un objeto parece bueno se le ama y se le desea, es decir, se apetece. “Pues el bien va referido al apetito, ya que es bien lo que todos apetecen. Y así, tiene razón de bien, pues el apetito es como una tende
ncia a algo.” (S.Th. I, q. 5, a. 4, ad. 1.) El bien se busca para alcanzarse, para poseerse ya sea física o formalmente.
En cambio, en la belleza no hay propiamente apetencia, hay agrado formal, pero no funciona como la causa que nos haga ir hacia el objeto. No, nos pone en movimiento como lo hace el bien al ser reconocido por el apetito.
Por este motivo, relacionamos más la noción de belleza con la contemplación. Cuando estamos frente a una obra de arte, ya sea pintura o escultura, no nos movemos, nos mantenemos quietos admirando la obra. Según Tomás de Aquino: “Para que haya belleza se requieren tres condiciones: primero la integridad o perfección; lo disminuido es feo por ello; y la debida proporción y armonía, y finalmente la claridad, y así se llama bello lo que tiene un color nítido”. (S.Th. I, 39, 8.) Con esto se muestra el por qué la belleza está más relacionada con la parte cognoscitiva que con la apetitiva. De las tres condiciones, la perfección se relaciona con lo bueno, es decir, con la parte apetitiva. La claridad y la proporción requieren de una aprehensión intelectual, además de la aprehensión sensible. Es decir, es necesario ir más allá de lo que nos sentidos nos están reportando como perfecto.
En cuanto a los sentidos externos, si bien es cierto que no todos nos reportan belleza, para Tomás de Aquino algunos sí lo hacen: “Por eso se refieren principalmente a lo bello aquellos sentidos que son más cognoscitivos, como la vista y el oído al servicio de la razón, pues hablamos de bellas vistas y bellos sonidos. En cambio con respecto a los sensibles de otros sentidos no empleamos el nombre de belleza, pues no decimos bellos sabores o bellos olores. Y así queda claro que la belleza añade al bien cierto orden a la facultad cognoscitiva, de manera que se llama bien a lo que agrada en absoluto al apetito, y bello a aquello cuya sola aprehensión agrada.”(S.Th. I-II, q. 27, a. 1, ad. 3.)
Aquí hacemos un breve paréntesis y aclaramos que, aunque no hablamos de olores o sabores bellos, sí se puede hablar de un arte culinario o etnológico, como tal. De manera general y sin querer entra en polémica, diremos que lo propio del arte es lo bello y no lo bueno.
En el caso del arte culinario, el alimento es visto como bello en virtud del agrado intelectual que pueda generar, amén de lo apetitoso que pueda parecer. En otras palabras, un platillo gourmet, nos hace apetecerlo por el bien nutritivo que nos reporta y lo vemos bello, por el plus que agrega la forma estética en cómo nos es presentado. Es decir, sabe bien y se ve bello.
Pero, ¿por qué algunos percibimos algo como bello y otros no? Esta es una cuestión muy difícil de responder, pero intentaremos dar una explicación a partir de la propuesta tomista. Para el Aquinate, las cosas se presentan como bellas a los sentidos, porque estos poseen una disposición a captar las cosas como buenas y bellas. Estas disposiciones pueden ser naturales o aprendidas. Son naturales cuando no requieren de un entrenamiento previo. Por ejemplo a nadie nos tienen que decir cuándo una manzana natural es bella o cuándo se ve fea.
En cambio cuando hay un entrenamiento previo, estas disposiciones se convierten en habituales. Por ejemplo, A poca gente le parece bella la ópera, y menos si nunca la han escuchado o si la han escuchado pocas veces, y sin que nadie se las haya explicado; pero en la medida en que se habitúen y se les diga qué significa, qué tipo de música es, etc., les irá pareciendo bella. Porque existe una aprehensión intelectual, además de la aprehensión sensible. “Las mismas figuras y las cualidades posibles, si se consideran como convenientes o no convenientes para la naturaleza de la cosa, pertenecen a los hábitos o las disposiciones. Así la figura, en cuanto conveniente a la naturaleza de la cosa y del color pertenecen a la belleza.” (S.Th. I-II, q. 49, a. 2, ad. 1.)
Como vemos, esta idea de educar los sentido es tan antigua, o más, que el mismo Tomás de Aquino. Y sin embargo, la seguimos poniendo en práctica. Sobre todo si queremos pasar por personas educadas y refinadas.
A manera de conclusión, podemos decir que dentro de la propuesta tomista la noción de bien está íntimamente relacionada con la de belleza. Podemos decir que son lo mismo, sólo en tanto que se encuentran en el mismo sujeto. Pero se diferencian en virtud de las facultades humanas a las que están referidas. El bien se corresponde con el apetito y la belleza con la parte cognoscitiva.